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“Para una teoría de las distancias”, de Lorenzo Oliván

el 21 junio, 2018 en Libro de la Semana

Para una teoría de las distancias

Para una teoría de las distancias

Oliván, Lorenzo

ISBN

978-84-9066-556-5

Editorial

Tusquets Editores

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Aquello que nos decían de pequeños de que “la verdad siempre se acaba descubriendo” es casi siempre exacto en el territorio de la poesía, y poco a poco, discretamente, libro tras libro…, tiene ya algo de clamor el hecho de que Lorenzo Oliván (Castro Urdiales, 1968) es uno de los más inspirados y profundos poetas españoles de hoy. Y cuenta con la ventaja, además, de que es, digamos, un “poeta ecuménico”, esto es, que gusta y convence a todas las tendencias estéticas, a todas las escuelas, algo que en el fondo es propio de su generación, esos poetas nacidos en los 60 que resolvieron de la forma más sagaz la absurda oposición anterior entre inteligibilidad y hermetismo, entre cotidianeidad y trascendencia… Álvaro García, Luis Muñoz, Ada Salas, Isabel Bono, Carlos Marzal, Antonio Moreno, Javier Rodríguez Marcos o Vicente Gallego forman parte también de esa quinta, que supieron escoger lo mejor de los dos caminos y fundirlos en una poesía renovada y en general muy superior a lo que heredaron. Y, en el caso de Oliván, la consagración “oficial” llegó con el Premio de la Crítica concedido en 2015 a su anterior poemario, el magistral Nocturno casi.
“No sé qué parte de la luz se filtra, / pero la que se filtra / quiere que yo la piense”, afirmaba en uno de los poemas de ese libro, y parece que esos versos magníficos dialogan con algunos de los nuevos, recién abierto: “Hasta la luz, / para poder pensarla, / sentirla como luz, / se aleja a cada instante de sí misma”, o, dándole aún una vuelta, varios poemas después: “Cuando miro la luz, / intuyo en ella una actitud pensante / que, recogida en su silencio, / crea”. Lo que Oliván ha hecho con la luz (que es otra frecuente y explicable obsesión de los poetas) es prodigioso, y muestra como pocas otras cosas el trabajo del poeta cántabro, que con el tiempo ha ido pasando de lo más sensitivo a lo más intelectual, de la emoción a la lucidez, pero sin perder ni un momento de vista lo esencial (como demuestra su maravillosa “Albada”). El poema “Eje” es útil para entender su poética, y también “Algo así” (“Lo esencial / de otra forma. // Algo así / la escritura”), pero todo poema es, al cabo, una poética, y no hay mejor forma de entender el mundo de un poeta que tratar de comprender y compartir su perspectiva. Tomás Segovia afirmaba en una entrada de sus diarios que “la poesía es convertirse en mirada”, y es algo que podría suscribir Oliván, tan indagador siempre, tan minucioso a la hora de meditar de forma sublime sobre cosas muy próximas, no tanto, en su caso, a partir de anécdotas de las que sacar símbolos o enseñanzas como a través de objetos, fenómenos, paisajes. Oliván es también uno de los mejores aforistas españoles (domina un género mucho más difícil de lo que parecería, si juzgamos por la pequeña moda editorial que protagoniza), y en el último texto del libro donde el año pasado recopiló todos sus aforismos, Dejar la piel, daba otra buena pista: “Ésta es mi actitud ante la creación poética: todo dialoga conmigo, sin saber bien de qué hablamos”.
En poesía lo distinguido es no ser llamativo, lo elegante es no complicar la sintaxis o el léxico, y saber hablar de cosas complejas con lenguaje corriente, con cercanía, con una naturalidad que casi hace fácil lo misterioso, no hacer enrevesado lo que ya es, por naturaleza, incomprensible. Es muy probable que, en ese sentido, ningún poeta español actual haya hecho mejor las cosas que Lorenzo Oliván. Para una teoría de las distancias viene a confirmarlo definitivamente.

“Correo literario”, de Wisława Szymborska

el 31 mayo, 2018 en Libro de la Semana

Correo Literario

Correo Literario

Szymborska, Wislawa

ISBN

978-84-17281-18-2

Editorial

Nórdica Libros

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Si las estadísticas lectoras (y nuestra propia experiencia al respecto) no nos engañan, la mayoría de clientes pasarán de largo de este libro al verlo ya no en la sección de poesía sino, todavía peor, en la de teoría literaria, y es una lástima porque están así renunciando al libro más inteligente, divertido y literalmente desternillante del mundo.

No, no exageramos: es un libro con el que soñábamos desde que hace tres años apareció en español la maravillosa Trastos, recuerdos. Una biografía de Wisława Szymborska, de las periodistas polacas Anna Bikont y Joanna Szczęsna. El capítulo 9 de aquel libro se titulaba “Quince años en Żicie Literackie“, y reproducía ya, al tiempo que las glosaba, alguna de las respuestas que, anónimamente, dio Szymborska a los candidatos a escritor que enviaban sus tentativas, más tímidas o más altivas, a esa publicación: “Recordaba también que no se debe sucumbir en exceso a las emociones y que de los sentimientos más nobles podían nacer poemas malos”, “También aconsejaba mirar con lupa las palabras y hacer uso de las grandilocuentes con el comedimiento de un boticario“…

El libro que Nórdica Libros ha puesto ahora en nuestras manos, traducido por Abel Murcia y Katarzyna Mołoniewicz, es una importante selección de los más chispeantes y reveladores veredictosque aquellos originales le  merecieron, con los cuales la poeta levanta, como quien no quiere la cosa, toda una teoría general de la escritura que resulta francamente reconfortante, por lúcida, modesta y alérgica a los intrusos que la literatura ha tenido que sufrir en toda época y todo lugar. Y siendo sus poemas tan buenos como son, lo cierto es que Szymborska tal vez brillaba incluso más en sus ensayos, sus cartas, sus informes de lectura, y esta antología es, en ese sentido, un verdadero banquete, y un libro simplemente necesario para cualquiera que pretenda sentarse a escribir sus cosas o, sobre todo, para cualquiera que se proponga enseñarlas.

Es muy tentador ofrecer aquí una pequeña antología de la antología, pero son tantos los apuntes geniales, tantas las intuiciones exactas, tantos los consejos impagables… que hemos de renunciar, emplazando a todo el mundo a la lectura inmediata del libro, con el mismo espíritu con el que las autoridades sanitarias obligan a vacunarse. Pero adelantaremos que Szymborska defendía para los escritores una combinación de talento innato (algo que juzgaba simplemente necesario) y de trabajo, de perseverancia, de esfuerzo… y también de paciencia, de mesura: tan peligroso como lanzarse a escribir con excesiva precocidad (“El éxito de un debut juvenil depende sobre todo de la frescura de la imaginación y de una forma de mirar el mundo no rutinaria”) es acostumbrarse a la fecundidad, que te guste demasiado lo que tú mismo escribes y pierdas el criterio (la poesía es una fiesta, y ésta, por definición, “no se da todos los días, sino sólo muy de vez en cuando, es el fruto de un estado excepcional, una feliz casualidad. Ni siquiera los poetas con un gran bagaje literario están habituados a escribir poemas. A no se que ya no sean poetas”…). Lo demás, en el libro (y lo demás no es silencio, sino el mayor de los jolgorios).

 

“Poesía reunida”, de Wallace Stevens

el 17 mayo, 2018 en Libro de la Semana

Poesía reunida

Poesía reunida

Stevens, Wallace

ISBN

978-84-264-0500-5

Editorial

LUMEN

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Durante varios años hubo quienes, por decirlo suavemente, fuimos poco tolerantes con la llamada “poesía hermética”. Considerábamos que si una persona de inteligencia media y con una cierta experiencia lectora no entendía un poema, el problema no era de esa persona, sino del poema. La poesía, en fin, debía ser finalmente inteligible: tal vez era bueno que los versos no se entendieran completamente (nada peor que esos poemas “de usar y tirar” que, una vez que se han leído, ya se han leído para siempre, sin que, por planos u obvios, aporten nada nuevo en sucesivas lecturas), tal vez no era necesario entenderlos “a la primera”, tal vez no era preocupante que determinadas personas no los entendiesen en absoluto…, pero si un lector competente no entendía de una forma suficientemente satisfactoria un poema escrito en su lengua natal o bien traducido, estaríamos hablando de un poema fallido, un experimento fracasado, y no de un lector negligente o limitado o perezoso… Con el tiempo, y tras leer a ciertos poetas “difíciles” pero extraordinarios, fuimos suavizando esa convicción, aceptando que a veces no hace falta entender completamente un poema para comprenderlo o asumirlo plenamente, y comprobamos que hay poetas que, por pura coherencia, por honestidad literaria, se sirven de un universo muy particular, un lenguaje muy suyo y a veces intransferible, para expresar aquello que necesiten decir. La poesía, en fin, no tenía que ser informativa, sino meramente comunicativa, y bastaba con aportar al lector una “sensación” más que una “noticia” o, por supuesto, una anécdota banal.

Hay autores, en fin, a cuya puerta hay que llamar varias veces para conseguir entrar en su casa, en su mundo, en su “idioma”. Ahora Andreu Jaume ha recopilado y prologado para la editorial Lumen la Poesía reunida (que no completa) del estadounidense Wallace Stevens, y nos brindan así una ocasión extraordinaria para insistir en esa lectura y, con un poco de esfuerzo, franquear por fin el umbral de un poeta no exageradamente complicado pero, desde luego, no sencillo. Stevens a veces se decora en exceso, de vez en cuando se le va de las manos su afán juguetón o experimental (ese exceso de ironía o esa exhibición de inteligencia que tanto –y no siempre positivamente– ha influido en los poetas españoles nacidos en los años 70) pero en las muy frecuentes ocasiones en que acierta con la forma, el tono y, sobre todo, lo que dice (que ha de ser, al cabo, lo que más cuente) es realmente deslumbrante, destellante: “¿Fracasará nuestra sangre? ¿Llegará ésta a ser / sangre del paraíso? Y la tierra, ¿se asemejará / al paraíso que conoceremos? / El cielo estará entonces más próximo que ahora, / una parte de esfuerzo y otra más de dolor, / y, cercano, en la gloria, el amor perdurable, / no este azul que separa, indiferente”.

“La muerte es la madre de la belleza”, afirma Stevens en ese mismo poema, y allí ya late la naturaleza aforista del poeta, de la que este volumen también da buena cuenta, pues recoge en apendice los aforismos completos, dispersos por varios libros. En esas sentencias nos encontramos de nuevo a todos los Stevens posibles: el brillante, el provocador, el exacto, el filósofo, el poeta, el teórico, el profesoral, el vagamente confesional, el francamente equivocado incluso aunque entendamos su juego (“La vida es el reflejo de la literatura”) o el que en los apuntes metapoéticos da pistas cruciales sobre sus propios versos (“La poesía no es personal”…).

Stevens es mucho mejor en los poemas, como en las maravillosas “Trece maneras de mirar un mirlo” (ese poema en el que se revela algo tan impactante como que “A man and a woman / Are one. / A man and a woman and a blackbird / Are one”…) o “El hombre de la guitarra azul”, un poema realmente importante, una defensa de la diferencia que es acaso parcialmente discutible en lo que dice pero incontestable en su forma de decirlo, y con alguna sección sublime, como la XI, en la que “el hacedor de algo aún por hacer” afirma que ”En las piedras la hiedra, lentamente, / se convierte en las piedras. Las mujeres // en ciudades, los niños en los campos / y oleadas de hombres se convierten en mar. // Es el acorde falsificador. / Revierte el mar después sobre los hombres, // los campos se apoderan de los niños…”. No se puede decir más… pero Stevens lo hizo.

 

“Las órdenes”, de Pilar Adón

el 10 mayo, 2018 en Libro de la Semana

Las órdenes

Las órdenes

Adón, Pilar

ISBN

978-84-946544-9-7

Editorial

La Bella Varsovia

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La poesía nace siempre de una insatisfacción, o por lo menos de una carencia, de algo que no está completo, que no está completamente hecho o que tal vez hay que rehacer. Incluso en los casos en los que nace de la plenitud, de la gratitud, de la conformidad…, se trata de plenitudes, gratitudes y conformidades que necesitan ser expresadas, necesitan ser dichas y compartidas, necesitan salir. La realidad no es sólo lo que existe, y si la poesía importa es porque probablemente es la zona de la realidad donde más claramente nos es dada la posibilidad de renacer, de que las cosas sean de otra manera. “Cuando sea mayor / voy a tener seis años”, escribió alguien, y es en la realidad paralela de la poesía donde eso es posible. En el último poema del nuevo libro de Pilar Adón, Las órdenes, ese fenómeno vuelve a quedar explícito, y aunque probablemente se esté poniendo por escrito más una frustración que un proyecto o un propósito (“la próxima vez estudiaré alemán, / la próxima vez seré más fuerte, / la próxima vez / naceré en Viena”…), hay algo de esa suplantación, de esa impostura ideal, de esa rectificación de lo vivido. Gracias a los versos la reencarnación no es futura, sino que se hace un poco presente, aunque sea provisional.

Con ese poema se remata un libro en tres secciones en el que, más que nunca en la poesía de la autora madrileña, brillan los poemas hiperbreves (“Eso espiritual que ves en mí es miedo”; “Sólo quien tiene el amor / lo cree prescindible”; “Es una pulsión: un hombre encuentra agua / y tira una piedra”…) y en el que se llega bastante lejos en el asunto de la indagación en una misma, los ascendientes, lo corporal y lo psicológico. A quienes hayan ido leyendo las narraciones de la autora (como la magnífica novela Las efímeras o los cuentos de La vida sumergida –reseñados para ‘Los Libreros Recomiendan’ por la Librería de Mujeres de Canarias–) no les extrañarán los temas de este libro, su vocación orgánica, pero ahora se abordan, en principio, en primera persona. En ese sentido Pilar Adón es muy valiente, y no lo decimos tanto por la osadía en lo confesional como porque no parece importarle ser malinterpretada: ese poema de “¿Quién me va a cuidar cuando sea vieja?…” podría ser leído como un ejemplo de hasta qué punto puede la autocompasión ser llevada al paroxismo, y sin embargo nosotros vemos en él más humor (esos osos de gominola marca Haribo cumplen su función en el poema…), aunque “humor” nunca es la palabra exacta al hablar de Adón, y más bien habría que hablar de juego, o de proyección, pues, al igual que en otro poema añora cosas de “mi yo joven”, en ése fantasea con su improbable yo anciana. Hay otro poema que comienza “No queremos ser madres…” (casi todos los textos van intitulados) que podría ser leído como una exaltación del egoísmo o incluso de la inmadurez, pero es más perspicaz ver en él, en todo caso, cierto “peterpanismo”, o simple pero radical necesidad de independencia, de auto-protección, de que las cosas buenas no cambien, se preserven…

Sea como sea, en Las órdenes hay ante todo verdad, algo que se percibe especialmente en los poemas familiares (el de la casa de la abuela, el de las conversaciones telefónicas con la madre, los del padre convaleciente…), pero no tanto en lo que se refiere a sentimientos o personas como a los detalles más menudos, o a veces al simple lenguaje: cuando Pilar Adón escribe, por ejemplo, “aceite”, ese “aceite” es aceite, no literatura. Y eso, en un contexto de creciente hiperliteraturización de la poesía, es cada vez es más raro y más necesario. Y hay muchos lectores que lo buscamos.

Libros vegetales

el 11 abril, 2018 en Recomendaciones temáticas

Aparte de su constante presencia en editoriales específicamente consagradas a ella (y de su sigilosa pero épica resistencia en determinadas corrientes poéticas), la naturaleza nos salía al paso en la literatura contemporánea de una manera bastante residual, casi siempre como apunte paisajístico auxiliar, como clásica y socorrida productora de malos presagios o buenos augurios, o como sosegado capítulo de transición en el que los personajes han de descansar o reencontrarse… Pero ya no hay duda de que algo tan eterno como lo vegetal ha adquirido últimamente también algo de “tendencia”, y en los últimos años los sellos más visibles y de temática más general están descubriendo y casi fomentando un nuevo tipo de ecologismo no emparentado ya con la espiritualidad, ni con lo deportivo, ni con las dietas llamadas saludables… El reino vegetal está invadiendo las librerías (llegando incluso a las secciones infantiles), y aquí hay siete libros silvestres que nos han gustado especialmente.

 

CUADERNO DE NATURALEZA, de JULIA ROTHMAN (ERRATA NATURAE)

A medio camino entre la novela gráfica, la nature writing o incluso el libro de texto de Ciencias Naturales, Julia Rothman ofrece en este Cuaderno de naturaleza un libro literalmente para todos. Pocas cosas más fascinantes que la anatomía del helecho, nada más instructivo que las diferencias entre los juncos y las juncias, irresistible la polinización. Una vez que se abre este libro, ya no se sale de él, porque en el fondo estábamos ya dentro, desde siempre. Somos naturaleza y, por tanto, estamos implicados en estas páginas, que en parte nos explican, a la vez que nos enseñan y nos divierten, como exigían los clásicos a los libros. Un cuaderno de trabajo y esparcimiento para maestros y para alumnos, para padres y para hijos, para lectores y para no lectores, para expertos y para principiantes. Y también un recordatorio de las cosas esenciales, por no decir un revulsivo.

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EL ÁRBOL, de JOHN FOWLES (IMPEDIMENTA)

El árbol de John Fowles es un secreto a voces, un libro como para happy few que sin embargo ha conquistado a miles de lectores, aunque sin duda no tantos como merece, que serían tantos ciudadanos como los que figuran en el Censo. La mezcla de memoir familiar y conyugal, ensayo, nature writing, dietario y hasta libro de viajes, con sus estupendas digresiones, se convierte en una gozosa apología de lo salvaje. Escrito en 1979, y traducido ahora por Pilar Adón, es un libro que se convierte en buena medida en lo que sus páginas quieren explicar y defender: un ser orgánico al que, sin muchos cálculos ni presupuestos, se le ha permitido desarrollarse y crecer a sus anchas, y lo ha hecho de forma tan libre e indócil que acaba casi ahogándose a sí mismo, enroscándose, avanzando en distintas direcciones…

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LAS CANCIONES DE LOS ÁRBOLES, de DAVID GEORGE HASKELL (TURNER)

Aclamado por el experimento cotidiano pero sublime que contó En un metro de bosque. Un año observando la naturaleza, David George Haskell se ha propuesto ahora intimar con un puñado de árboles desperdigados por todo el mundo pero, según él, conectados por una “red de relaciones” en la “comunidad de los seres vivos”, de la que también formamos parte los seres humanos. Todos formamos una familia un poco mal avenida pero eterna, unida por lazos indestructibles, y Haskell se ha dedicado, dice, a escuchar a los árboles, pues “la dualidad ser humano / naturaleza que se halla en el corazón de muchas propuestas filosóficas es, desde una persectiva biológica, ilusoria”. Los árboles son, sí, como islas independientes, pero todas esas islas forman un cálido archipiélago, una comunidad viva en la que estamos todos pero en la que ellos son “los grandes conectores”. La palmera sabal, el avellano o el pino ponderosa han encontrado por fin a su biógrafo.

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LA MEMORIA SECRETA DE LAS HOJAS, de HOPE JAHREN (PAIDÓS)

“Una historia de árboles, ciencia y amor”, dice el subtítulo de este exitosísimo libro de una mujer que ha merecido tres premios Fullbright de Geobiología y ha sido nombrada por la revista Times como una de las cien personas más influyentes del planeta. Escrita en buena medida a través de una autoficción que recuerda a los estupendos libros de Philip Hoare (y principalmente el maravilloso Leviatán o la ballena), introduciéndose en su propio texto no por presunción sino por pura estrategia literaria (por no decir novelesca…), comienza contando cómo de niña, tras plantar semillas con su madre, podía oír perfectamente cómo crecían las plantas, para acabar encontrando una conclusión tan reconfortante y bonita como que, “si eres científico, entonces vas por buen camino”.

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SENSIBILIDAD E INTELIGENCIA EN EL MUNDO VEGETAL, de STEFANO MANCUSO Y ALESSANDRA VITTOLA (GALAXIA GUTENBERG)

Hace ya bastantes años que los editores han asumido que una cubierta especialmente feliz e inspirada puede hacer que un libro bueno se convierta en un verdadero fenómeno, aunque pertenezca al ámbito de la ciencia divulgativa. La ilustración de portada de éste llamó la atención sobre un ensayo didáctico y optimista que explica que en la Tierra existe tan sólo un 0,3% de vida animal frente a un 99,7% de vida vegetal, que los vegetales no nos necesitan en absoluto pero nosotros a ellos sí, y que hay investigaciones que parecen demostrar que las plantas se relacionan entre ellas de modos más complejos, enigmáticos y próximos de los que podríamos concebir. Las plantas toman decisiones, duermen, cuidan de sus retoños… El concepto de “raíz”, usado hasta el abuso como metáfora, no era tan metafórico…

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LA BENDICIÓN DE LA TIERRA, de KNUT HAMSUN (NÓRDICA LIBROS)

A Knut Hamsun lo hemos leído a trompicones, y en ello hay algo bueno porque se corresponde en cierto modo con su prosa, tan puramente nórdica, escrita con esa tosquedad irresistible propia de aquellas latitudes, esa dureza elegante, esa rudeza tan a menudo genial. Hamsun, por aquello del Nobel, llegó a España pronto y mucho, en ediciones baratas, pajizas, frágiles, traducidas casi siempre del inglés, lo cual contribuía a esa sensación de libros escritos a hachazos, a golpes, con poca luz y mucha rabia. Su recuperación por parte de Nórdica Libros es una noticia formidable, y junto a Victoria, el crepuscular Por senderos que la maleza oculta o, más recientemente, El círculo se ha cerrado, se publicó este libro de campesinos y sequías, de desesperación y violencia: “¿Quién trazó el largo, larguísimo sendero que recorre las ciénagas y los bosques? El hombre, el ser humano, el primero que llegó a estas tierras. Antes de él no existía ningún sendero”…

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CUADERNO DE CAMPO, de MARÍA SÁNCHEZ (LA BELLA VARSOVIA)

María Sánchez, cordobesa de 1989, es veterinaria en zonas rurales y nos habla en su primer libro de poemas desde un sitio en el que “alimentarse de hierba significa lavarse la boca”. Su Cuaderno de campo ha sido reimprimido ya varias veces, pues su apuesta por el regreso a determinadas semillas, tanto comunes como muy personales, ha convencido a los lectores. Intimista, visceral, apegada a lo orgánico, Sánchez nos habla de la familia, y del cuerpo, y del trabajo, y del hambre:  “la ternura siempre es / más fácil con un trozo de pan en la boca”. Lo vegetal, en sus poemas y en sus prosas, es alimento pero también corrupción, ese eterno retorno que siempre se ha entendido tan bien con la palabra poética.

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“Cielo”, de Javier Lostalé

el 5 abril, 2018 en Libro de la Semana

Cielo

Cielo

Lostalé Alonso, Javier

ISBN

978-84-15673-82-8

Editorial

Fundación José Manuel Lara

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“Tan grande es tu vacío / que cualquier esperanza / se convierte en vértigo”…: quien escribe esos versos no es un hombre derrotado sino expectante, no un hombre amargo sino, acaso, melancólico, no un hombre desesperado sino sabiamente conforme con lo que hay. Ese hombre desnudo, expuesto, sin disfraces, es el poeta Javier Lostalé, quien acaba de publicar un libro precioso que, en cierto modo, continúa y tal vez culmina un ciclo claramente distinto inciado con Tormenta transparente y continuado con El pulso de las nubes. Son libros en los que, con serenidad, se va precisamente en busca de una consumación, de un despojamiento completo no tanto en la forma de los poemas como en su espíritu, entregado ya pero sin renunciar a las ilusiones, a la espera pero en pie.

Que con este Cielo Lostalé ha conseguido, en cuanto a su calidad y hondura, un verdadero libro de plenitud, es algo que descubrirá todo aquel que lo lea, pero el propio poeta, en otro sentido, también lo sabe, como demuestra el poema final, ese bellísimo “Cielo completo” en el que las averías del pasado se retiran ante la pura conciencia de un presente que se hace definitivo, reconciliado ya con su propia vida incluso en lo que tuvo de lesiva: “Que nada en tu biografía cicatrice / para que sean sus heridas quienes la escriban”. La falta de humildad produce monstruos, y en estas páginas nos encontramos con un hombre modesto que contempla la eternidad, un hombre sencillo ante el misterio, un poeta de línea clara que se enfrenta a lo indecible, consciente de que “no hay espacio más hondo / que el de un alma habiéndose en soledad”.

“La muerte, el amor y la menta”, de Vicente Verdú

el 15 marzo, 2018 en Libro de la Semana

La muerte, el amor y la menta

La muerte, el amor y la menta

Verdú, Vicente

ISBN

978-84-947671-6-6

Editorial

Bartleby editores

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“Que escribir / sea un consuelo / es desconsolador”, escribe Vicente Verdú en su nuevo libro (que es el segundo suyo de poemas), y probablemente tenga razón, pero para sus lectores leerle es ante todo un placer, un nuevo aprendizaje. En un libro que condensa larga experiencia, sabiduría activa, belleza indagadora y emoción contenida, el veterano ensayista nos brinda un enorme puñado de versos memorables, con una tendencia aforística que sin embargo no convierte la suya en una “poesía de frasecitas” (¡la poesía no se hace con frases!) sino en un texto vivo que entre intuiciones y tropos audaces accede a pequeñas conclusiones, a verdades trabajadas, con algún lamento elegante (“Me arrepiento, pues, / de no haber dado más de mí”), sin terminar de resignarse a tener que rendirse.

“La mayor libertad se obtiene / cuando desaparece el deseo de agradar”, nos dice, y lo hace entre “lobos amarillos” y “lagunas de lavanda”. “El amor sólo sabe turbiamente de sí / y no admite investigación alguna”, comprende con buena puntería, y lo hace entre selvas que bostezan y “mansos cocodrilos blancos”. Hay muchísimos animales coloreando los poemas de Verdú, haciendo voluptuosa una poesía que busca también lo racional, inyectando magia a la inteligencia. Por lo demás está, claro, el apremio de lo vital, la perplejidad por lo vivido, las cautelosas promesas de lo todavía vivible…, y también los miedos privados y las amenazas de la enfermedad, pero incluso éstas se ven impulsadas por los anhelos, el deseo, la necesidad palpitante y acaso definitiva de una elevación: “Si vivo, al menos, / un año y medio más / conduciré / el nuevo Amarok / de Volkswagen”. ¿Ironía? En absoluto. Pura ternura hacia sí mismo, una suerte de “autodulzura” que suprime la autocompasión y que, tan bien expresada, queda proyectada en todos, por todos, para todos. Un coche mejor como destino: un futuro en el que seguir avanzando, vivos, muy atentos: “Siempre deseé ser eterno, / por curiosidad”.

La muerte, el amor y la menta es un libro muy especial, escrito en carne viva, pero sin dramatismo. Es un libro sabio, serio por el tema latente pero bienhumorado, agradecido, todavía juguetón. Y es ante todo una celebración, no sólo de lo disfrutado sino de lo soñado, lo pensado, lo posible: “¡qué gran paz / pasear con una mujer inteligente!”. Hay melancolía, y una tristeza natural, pero no nostalgia: “El tiempo no se ve, de acuerdo, / pero son estremecedoras sus fotos”. Se trata, simplemente, de que es una pena ir a morirse, y estos poemas saben expresarlo sin obviedades y sin tópicos (aunque hablen del lugar común por excelencia, el destino de todos).

Pudoroso y verdadero, lleno de talento y de picardía, menos fúnebre que gozoso, pre-elegíaco pero no descarnado, más o menos conforme (aunque cueste), es éste un poemario inolvidable, importante, rebosante de luz ante la puerta de las sombras.

“Después de mil balas”, de Izet Sarajlić

el 19 enero, 2018 en Libro de la Semana

Después de mil balas

Después de mil balas

Sarajlic, Izet

ISBN

978-84-322-3306-7

Editorial

Seix Barral

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Alguien podría pensar que el hecho de que una editorial tan importante como Seix Barral haya decidido editar una amplia antología de un poeta como Izet Sarajlić (1930-2002) desmiente, en cierto sentido, buena parte de lo que Sarajlić temía y afirmaba sobre el futuro de la cultura, pero yo creo que es al contrario, pues el bosnio fue siempre un hombre esperanzado, casi optimista, a veces hasta candoroso, en el mejor sentido de la palabra (no ingenuo, sino inocente): “A pesar de las críticas que recibe cada día, especialmente por parte de quienes tienen más éxito, la vida se ha vuelto incomparablemente mejor y más brillante”.

Hace unos años nos impactó la antología Una calle para mi nombre, a la que después siguió un libro más monográfico sobre Sarajevo. En esos libros, especialmente en el primero, se leían poemas de una sencillez absoluta y de una eficacia refulgente, desnudos pero perfectos, sin ninguna decoración pero impactantes, crudos y hermosos, doloridos pero con fe. Sus poemas parecen fáciles, pero desde aquí desafiamos a cualquiera a que intente imitarlos con éxito: es imposible. Sus poemas finales o algunas reflexiones metapoéticas eran de una fuerza insuperable, y en ello contaba su deliberadísima economía de recursos, o el valerse de estructuras poéticas bastante desacreditadas por fáciles (como la anáfora), pero que él reinventaba y enaltecía. Uno de sus poemas de viudez nos ofrece un ejemplo impresionante de ello:

 

Todas vuelven de algún lugar.
Zelja de Regensburg.
Sanja de Trieste.
Asja de Mallorca.
Daniela de Túnez.
Nieves de Roma.
Mirka de Budapest.
Sandra Lucic de Tucêpi.
Nusa Kajetan del mercado.
Zaga del hospital.
Lucy de clase.

Todas vuelven de algún lugar.
Sólo tú no vuelves.

 

Es injusto que Sarajlić haya pasado a ser algo así como “el poeta de la guerra”, el que con más hondura y desgarro abordó ese tema, o que el título de esta nueva antología sea el que es, porque se trata de un poeta que debería haber podido contar y cantar otras cosas, y en cierto sentido lo hizo. Su poética nuclear, al cabo, es la de muchos otros poetas que tuvieron que vivir situaciones literalmente insoportables: el mundo es un estercolero, y en él suceden cosas verdaderamente inhumanas, insufribles…, pero es precisamente por eso por lo que hay que celebrar y agradecer la vida, disfrutar lo que tenemos, cuidar nuestra parcela de tiempo y espacio, mimar lo nuestro…

En su prólogo, el escritor Erri De Luca afirma que “en un poeta busco, exijo, que su vida esté a la altura de sus páginas. De un escritor en prosa me trae al fresco si es un canalla o un santo”: esa postura es discutible pero también bonita, porque da cuenta de una buena forma de leer poemas, confiando, simplemente, en la sinceridad, en la autenticidad o, mejor, en la pura verdad de lo que se escribe y se lee en los versos: la poesía no puede ser mentira, y si lo es cualquier buen lector lo detecta a los pocos segundos. En ese sentido la de Sarajlić es deslumbrante, por transparente, pero también por genuina.

 

Los libros de 2017

el 28 diciembre, 2017 en Los Más Recomendados

Queridas lectoras, queridos lectores, se termina 2017 y se van atropellando los balances, los repasos, las listas. La que nosotros ofrecemos es la de los libros más clamorosamente recomendados por las librerías independientes españolas a lo largo de estos últimos doce meses, tomando el libro en español preferido por los libreros en cada una de las votaciones del año y, del mismo modo, el libro traducido que obtuviera en su día más votos. El resultado es, creemos, una lista diferente, con más memoria (no sólo porque se remonta a los primeros meses del año sino porque ofrece varios testimonios personales muy importantes, como los de Sylvia Plath y Alejandra Pizarnik), con títulos más secretos, con sorpresas, con libros que acaso todavía están por descubrir…

Prosas reunidas

Prosas reunidas

SZYMBORSKA, WISLAVA

ISBN

978-84-16665-61-7

Editorial

Malpaso Ediciones SL

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La vida negociable

La vida negociable

Landero, Luis

ISBN

978-84-9066-371-4

Editorial

Tusquets Editores

Mas información

Diarios completos

Diarios completos

Plath, Sylvia

ISBN

978-84-9065-233-6

Editorial

Alba Editorial

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El libro de Gloria Fuertes

El libro de Gloria Fuertes

Fuertes, Gloria

ISBN

978-84-16290-73-4

Editorial

Blackie Books

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Canción dulce

Canción dulce

Slimani, Leila

ISBN

978-84-944434-8-0

Editorial

Editorial Cabaret Voltaire

Mas información

Derecho natural

Derecho natural

Martínez de Pisón, Ignacio

ISBN

978-84-322-3222-0

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978-84-16291-53-3

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978-84-15862-98-7

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Premios Nacionales 2017

el 26 diciembre, 2017 en Recomendaciones temáticas

En un año en el que Rosa Montero se alzó con el Premio Nacional de las Letras, o Alfredo Sanzol obtuvo con La respiración el Premio Nacional de Literatura Dramática, hubo seis libros publicados el año anterior que también han conseguido el mismo reconocimiento en sus respectivas disciplinas. Los repasamos (los releemos):

 

PREMIO NACIONAL DE NARRATIVA: Patria, de Fernando Aramburu (Tusquets)
El libro más leído y comentado del año (y de las últimas temporadas) cosechó también todos los premios, poniendo de acuerdo a crítica y público de una forma abrumadora, insólita desde hacía mucho tiempo. En la reseña que escribieron para ‘Los Libreros Recomiendan’, los amigos de la Librería Pons de Zaragoza consideraban que ésta “es la novela que ha puesto el fin de la violencia en el País Vasco en el centro del mapa literario en España”, y así es, sin duda: es el primer testimonio literario importante sobre esa anhelada y necesaria noticia, pero la narración se remonta a los orígenes y el desarrollo de la pesadilla, no sólo con verosimilitud sino con veracidad, moderación impecable y personajes creíbles.

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PREMIO NACIONAL DE POESÍA: Gloria, de Julio Martínez Mesanza (Rialp)

La poesía de Julio Martínez Mesanza (Madrid, 1955) siempre ha sido valiente, incluso osada, por desoír las modas y entregarse a lo que habitualmente se ha denominado “nueva épica”. El jurado que otorgó a Gloria el Premio Nacional de Poesía abundaba en esa forma de leerle al premiarle «por insuflar un aire nuevo a la tradición clásica, avanzando en profundidad en esta nueva entrega poética, plena de belleza formal y sentido de la rebeldía ante el pensamiento único vigente». Quien actualmente ejerce el cargo de director del Instituto Cervantes de Estocolmo ve así reconocida una carrera singular (por no decir solitaria), netamente original y ya veterana.

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PREMIO NACIONAL DE HISTORIA DE ESPAÑA: Historia mínima de la Guerra Civil española, de Enrique Moradiellos (Turner)

Experto en historia de la España contemporánea, biógrafo de Negrín, azote de revisionistas… el ovetense Enrique Moradiellos ha merecido el premio en la modalidad de Historia de España por este sintético manual sobre la Guerra Civil, un libro que destaca, según el jurado,  por «la ecuanimidad con la que aborda el tema de estudio, por el llamamiento a la concordia que se desprende de sus páginas y por una extraordinaria labor de síntesis que se sustenta en una rigurosa y dilatada trayectoria historiográfica.»

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PREMIO NACIONAL DE POESÍA JOVEN: La curva se volvió barricada, de Ángela Segovia (La uña rota)

Ángela Segovia (Las Navas del Marqués -Ávila-, 1987) ha obtenido con su tercer poemario un reconocimiento que la consagra como una de las voces poéticas jóvenes españolas más interesantes. “Mi cuerpo está lleno de / veneno”, se lee en un libro intenso que ha sido premiado por «representar la apertura de la poesía española hacia nuevos caminos que tienden puentes con nuevas formas de expresión artística y con la poesía hispanoamericana».    

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PREMIO NACIONAL DE ENSAYO: La lucha por la desigualdad, de Gonzalo Pontón (Pasado y Presente)

Quienes sigan creyendo que el siglo XVIII fue una centuria importante pero aburrida de estudiar, con mucha filosofía y poca acción, deben asomarse con urgencia a este ensayo de Gonzalo Pontón (Barcelona, 1944), que ha merecido el Premio Nacional de Ensayo «por la fluidez y erudición de la prosa, por su inteligente indagación en las raíces de la desigualdad y por su tratamiento de la Ilustración desde una perspectiva novedosa y actual». Comprobarán, acaso, que estaban en lo cierto, pero lo que sucedía, literalmente, entre líneas, puede ser todavía más apasionante que los acontecimientos a los que da lugar.

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PREMIO NACIONAL A LA MEJOR TRADUCCIÓN: Salvador Peña Martín por Mil y una noches (Verbum)

En un año en el que Malina Embarek mereció el Premio Nacional a la Obra de un Traductor, reconociéndose así una trayectoria en la que la madrileña ha trasladado a nuestro idioma la obra de Tahar Ben Jelloun, así como novelas de Edmond Al Maleh o Mohamed Chukri, el premio a la mejor traducción del año también se dirigió hacia el ámbito árabe, para galardonar la última versión al español del libro de libros más clásico e importante de aquel mundo, tan cercano y tan lejano a la vez, tan próximo y tan desconocido. El jurado se decidió por el trabajo del granadino Salvador Peña Martín «por ofrecernos la primera versión completa y directa del árabe y por la maestría y elegancia de la prosa y el verso castellano».

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