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“Cosas vivas” de Munir Hachemi

el 27 diciembre, 2018 en Libro de la Semana

Cosas vivas

Cosas vivas

Hachemi, Munir

ISBN

978-84-16291-75-5

Editorial

Periférica

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Munir Hachemi, nacido en Madrid en 1989, narra en primera persona las aventuras de cuatro jóvenes que un verano viajan al sur de Francia como temporeros. La emigración estacional sigue siendo una realidad en la España del siglo XXI, no solo acogemos migrantes.  Buscando un dinero que no necesitan encontrarán explotación, miseria, maltrato animal y desprecio por la naturaleza. Cosas vivas es una sorprendente primera novela que se lee con fruición, sin descanso, y que de manera ágil y muy amena combina el humor con la reflexión sobre la alimentación de la especie humana. No te asustes…o mejor asústate:  la barbarie asoma en los huevos rotos que cenas con los amigos o en esa ensalada tan verde y sana con la que te cuidas. La literatura de Hachemi se nutre tanto de sus experiencias vitales como de su profundo conocimiento de la literatura sudamericana, de la que es doctorando por la Universidad de Granada.

Relato de iniciación que huye tanto de la pedantería como de la intrascendencia, Cosas vivas tiene gracia, sentido y una potente carga de crítica política. No es casual que haya sido publicado por Editorial Periférica, una de las pocas editoriales independientes de nuestro país que arriesgan y no se dedican tan sólo a la traducción de obras que han funcionado bien en otras lenguas y países.

Merece la pena que lo compres, leas y regales: nada más y nada menos que buena literatura, sin trampas ni inversiones publicitarias.

Paco Goyanes, Librerías Cálamo (Zaragoza)

“Guía de extraviados” de Juan Gracia Armendáriz

el 24 diciembre, 2018 en Libro de la Semana

Guía de extraviados

Guía de extraviados

Gracia Armendáriz, Juan

ISBN

978-84-17143-68-8

Editorial

Editorial Pre-Textos

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Fuimos probablemente muchos los lectores que acudimos a los títulos de Juan Gracia Armendáriz tras leer la encendida defensa que de ellos hacía Fernando Aramburu en una de las estancias de Las letras entornadas, y al hacerlo sólo pudimos dar la razón a quien entonces aún no era el autor de Patria. Tanto el Diario del hombre pálido como Piel roja eran, en efecto, libros que, “siempre con buena prosa”, “tan pronto le pone[n] a uno los pelos de punta como le hace[n] sonreír y divertirse, y que a fin de cuentas constituye[n] un emocionado y emocionante canto a la vida”

Ahora acaba de aparecer Guía de extraviados, que en nuestra opinión debería suponer la consagración definitiva de un escritor distinto y estupendo, observador y brillante, sereno e inteligente. Su breve novela, más o menos ligera pero a la vez llena de esquinas interesantes, es también una carta, la larga carta que un hombre de cuarenta y tres años escribe, en principio, a una mujer que ha desaparecido. Es, pues, también la historia de una desaparición repentina, que al final se duplica con otras desapariciones más sorprendentes, juego un tanto vilamatiano que está desarrollado con una habilidad enorme. Pero con todo los giros y las sorpresas del argumento, siendo cruciales en cuanto a la vertebración de la novela (y ocupando buena parte del espacio), al cabo parecen apenas una excusa para escribir otras cosas bastante más erráticas pero en el fondo centrales, aparentemente marginales pero en verdad decisivas para la construcción de unos personajes y la reconstrucción de unas vidas verosímiles y reconocibles… Lo esencial es eso otro que se cuenta, el discurrir de la vida, las trampas de la memoria, la insatisfacción creciente de un solitario que en algunos momentos de su vida vivió momentos de esplendor que ahora duelen… Esas cosas. Su deliberada falta de solemnidad no es ausencia de énfasis sobre lo que importa. Se habla de todo un poco, se desciende a detalles musicales, literarios o antropológicos curiosos pero casuales, se reconstruye una vida en común (que al cabo resulta siendo principalmente la inevitable convivencia que uno tiene consigo mismo…). Y casi nos atreveríamos a decir que lo mejor de una novela tan magnética está en los personajes secundarios, los fugaces, los que se asoman un momento a la página, observados por el narrador (una mujer con un bebé en el parque…) o evocados (el padre…), y que se esfuman para siempre sin apenas dejar huella, pero esa huella de una huella es valiosa, significativa… Son otros desaparecidos, en realidad: gente que estuvo, aportó algo y ya no está.

Aquí y allá se van dejando caer reflexiones brillantes, o reconfortantes (como esa tan exacta en la que, desapegándose de las redes sociales, el escritor apunta que, cuando dos personas se quieren de verdad, eso no se exhibe), o simplemente bonitas, como todo eso que se dice sobre “las milagrosas rutinas”, tan recordadas cuando se pierden… Las páginas eróticas también están ajustadas, con prosa especialmente cuidada, y en general todo tiene un aire convincente y profesional y atractivo que atrapa y agrada e interesa y acaba hechizando. 

“El invierno de mi desazón” de John Steinbeck

el 20 diciembre, 2018 en Libro de la Semana

El invierno de mi desazón

El invierno de mi desazón

Steinbeck, John

ISBN

978-84-17281-76-2

Editorial

Nórdica Libros

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He de reconocer que siento cierta preferencia por la literatura clásica europea frente a la norteamericana, quizá por la cercanía geográfica –una siempre puede coger un avión para visitar la casa de Balzac en París, conocer los pubs en los que Dickens se refugiaba, pasear por el Dublín de Joyce, mucho menos costoso que visitar otro continente–, o quizá es que he crecido con ella desde muy pequeña, el caso es que siempre me ha proporcionado un placer enorme su lectura. El pragmatismo de la literatura estadounidense me deja a veces fría, aunque a pesar de ello hay algunos autores de allá que cuento entre mis preferidos. John Steinbeck es uno de ellos.

Vivimos en los tiempos de la prisa y la inmediatez, en donde lo que triunfa no son valores tales como la generosidad, la empatía, la humildad, tan necesarios y tan presentes en sus novelas, sino otros a todas luces más prosaicos pero cuyo reconocimiento social lamentablemente está en alza.

Autores como Steinbeck suponen una mirada al hombre como individuo, con todas sus contradicciones y defectos, pero también con todo lo que tiene de sublime y maravilloso. Los lectores de Las uvas de la ira o De ratones y hombres entenderán lo que digo, no es posible hablar con mayor delicadeza y elegancia de la pobreza, el hambre, y los olvidados de la sociedad, confiriéndoles a su vez ese poso inmenso de dignidad. En El invierno de mi desazón los protagonistas no son ellos, los desposeídos; en esta novela, la última que escribió el autor, los protagonistas pertenecen a la clase media norteamericana. El tema es bien distinto. El protagonista vive en un pueblecito costero de Estados Unidos, es un hombre honrado y trabajador, felizmente casado y con dos hijos, que ha visto como la fortuna de su familia, una de las más importantes del pueblo, desapareció de manos de su padre, dejándole a él, su hijo, convertido en un simple empleado de una tienda de alimentación. El individuo es un hombre honrado al que no dejan de rondarle la sensación de fracaso, de lo que su familia podría tener y no tiene, de la felicidad del ascenso social… A lo largo de la novela van apareciendo situaciones que ponen a prueba la honradez de este individuo, los negocios sucios, el engaño, la alianza con los poderosos, la posibilidad de una infidelidad, todo ello a pocos días de celebrarse la fiesta del 4 de julio, que es por antonomasia la celebración de la patria estadounidense y sus honorables principios de transparencia y libertad…

La novela (escrita en 1961) pretende mostrarnos cómo la sociedad de entonces, aparentemente intachable, estaba sustentada en prácticas deleznables de todo tipo, al estilo de las que soportamos hoy día en cualquier sociedad avanzada (corruptelas, engaños, sobornos, etcétera), en donde el arte de triunfar no reside en el esfuerzo personal sino en la habilidad para disimular mejor que el de enfrente lo que no debe saberse. Según avanza la novela el protagonista empieza a plantearse muchas cosas ante la posibilidad vislumbrada de una mejor posición social. Los hechos se precipitan y el protagonista duda y se tambalea, estas dudas le acosan hasta el último instante de la novela.

Es cierto que no es una novela sencilla, quizá es recomendable haber tenido ya contacto con este autor a través de sus otras obras, pero sea como sea El invierno de mi desazón es una novela muy pertinente hoy día, da vértigo pensar que se escribió hace casi sesenta años y sin embargo podría haberse escrito antes de ayer… hay cosas que nunca cambian.

Ah, y por si hacen falta más argumentos, hoy mismo se cumplen cincuenta años de la muerte del autor, qué mejor excusa para acercarnos a su legado.

Afortunadamente hay en España un sector editorial que todavía valora los contenidos por encima de los beneficios a la hora de elegir títulos que editar.

Ester Vallejo, Librería Lex Nova (Madrid)

“El concierto” de Stefano Russomanno

el 17 diciembre, 2018 en Libro de la Semana

El concierto

El concierto

Russomanno, Stefano

ISBN

978-84-17425-22-7

Editorial

Fórcola Ediciones

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Un viaje por mar, una estrella de la música clásica, un fan, y una intriga… o dos.

Éstos son los mimbres de la atractiva novela que ha escrito Stefano Russomanno en torno a la figura del pianista Arturo Benedetti Michelangeli (1920-1995). El autor, musicólogo y periodista especializado en música clásica, es un confeso admirador de quien fue uno de los más grandes pianistas del siglo XX, famoso por sus exquisitas interpretaciones, y también por sus excentricidades, que no eran sino el resultado en muchos casos del nivel de exigencia que se marcaba a sí mismo.

Russomanno, que escribe con ésta su primera obra de ficción, presenta al lector una nouvelle, una novela corta, género de menor extensión que la novela, pero de mayor complejidad que un cuento. Estamos en el verano de 1972, y el buque Renaissance zarpa de Lisboa para realizar un crucero por el Mediterráneo. Una de las atracciones a bordo será un anunciado concierto de cámara que ofrecerá Benedetti Michelangeli junto a un trío de cuerdas. Entre el pasaje se encuentra un violinista, profundo admirador del músico, quien relata en primera persona esta narración. La intriga que conduce la acción del relato es la duda de si tendrá lugar el concierto, asunto que desazona al narrador y que éste comparte con otro viajero, igualmente admirador del gran pianista.

Esta breve anécdota, ficticia, permite a Russomanno describir a un personaje real, Benedetti Michelangeli, con toda su grandeza artística y sus rarezas personales, y tomarlo como excusa para desarrollar una serie de reflexiones sobre la música, su naturaleza, su interpretación, su valor, los sentimientos que provoca en el oyente. Russomanno tiene la habilidad de que todas estas consideraciones lleguen al lector a través del personaje narrador, de quien no conoceremos el nombre en ningún momento. Este personaje, violinista él mismo, rememora también su propia vida y medita sobre la música con la naturalidad que permite la narración en primera persona. Gracias a estos dos personajes, uno real y otro inventado, la obra respira música, y pasión por ella, y reflexión profunda sobre la relación entre las notas del pentagrama, su intérprete y los propios oyentes, que, aquí, son también lectores.

El concierto está compuesto de diversas intrigas: ¿llegará a tocar Benedetti Michelangeli en el crucero, contra todo pronóstico? ¿Quién es el auténtico protagonista de la obra: el narrador en primera persona, ficticio, o este pianista real que no tiene ni una línea de diálogo en la narración (sólo se citan comentarios pasados)? ¿Es el arte más grande que la vida misma? ¿Qué nos quiere contar el autor con el enigmático final con el que concluye la obra?…

Sólo añadiremos, que, por todo ello, El concierto puede atraer por igual a los melómanos, a los amantes de las intrigas y a los aficionados a las buenas lecturas, sean del tipo que sean. Y una cita, extraída del libro: “… aquella armonía capaz de amansar a las fieras y vencer a las sirenas aliviaba nuestras penurias, impulsaba nuestras hazañas, confortaba nuestra espera’.

Blanca Gutiérrez Cardona, El Argonauta, la librería de la música (Madrid)

“Cantos” de Ezra Pound

el 13 diciembre, 2018 en Libro de la Semana

Cantos

Cantos

Pound, Ezra

ISBN

978-84-16677-35-1

Editorial

Editorial Sexto Piso

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Hablando de la pequeña localidad italiana de Rapallo, donde su abuelo había combatido en 1914, Stefan Hertmans dedica casi toda la página número 73 de su estupendo Guerra y trementina (reseñado también en ‘Los Libreros Recomiendan’) a hablar de Ezra Pound, que se instaló allí en 1924 para esconderse de todo y avanzar en la redacción de sus Canti, el faraónico proyecto poético que iba a estar escribiendo durante toda su vida. Hertmans recoge la famosa imagen de Mussolini ojeando algunas páginas delante de su autor (fascinado, como es bien sabido, por el fascismo, lo cual es muy distinto de ser un fascista) y juzgándolas “graciosas”, o “divertidas”, anécdota que Pound, como no podía ser de otro modo, recogería en otro de los movimientos de su obra, como piezas o módulos que se van ensamblando y adaptando para acabar contándolo y cantándolo todo.

Y, en efecto, es difícil hablar de un libro que quiere hablar de todo, que anhela decirlo todo, recogerlo todo, analizarlo todo y casi hacerlo todo, construir o reconstruir la cultura universal, la historia de los seres humanos, el espíritu de los idiomas, las dinastías de la inteligencia o de la brutalidad. Lo que Ezra Pound levanta con sus versos es, literalmente, un fascinante universo paralelo que tiene mucho de catedral y no poco de laberinto, y es que a uno, como lector de poesía, le queda la sensación de que podría quedarse dando vueltas a los Cantos toda la vida, estar permanentemente leyéndolos, pensándolos…, y que eso sería suficiente. Si la poesía, ante todo, ha de ser vida vertida en verso, lo que aquí tenemos es una obra colosal, llena de energía y de reflexión, de fuerza y de sabiduría.

Para “apropiación cultural” la de Ezra Pound, que ya no es que pida préstamos a las diferentes religiones o recoja toda suerte de crónicas, sino que se permite saquear todas las tradiciones, profanar todas las ceremonias. Los Cantos tienen mucho de aglutinación, de sincretismo, de acumulación, y lo que a muchos lectores les podrá parecer un defecto, que es su relativo caos, su fenomenal desorden, sus lagunas, su arbitrariedad…, a otros nos parece una juerga literaria incomparable, un surtidor de felicidad. Esta obra, como dice en ella alguien de alguien, “tiene un dios dentro / aunque no sé cuál”.

Quien quiera enterarse por orden y con rigor de lo que ha ocurrido en este mundo hará bien en acudir a otras fuentes, aunque sólo sea para contrastar, pero quien quiera celebrar la historia de la vida a través de la poesía hallará en muy pocos sitios algo tan sublime, tan sorprendente y, a su modo, tan completo (y es, de hecho, algo que hasta ahora no podía leerse por entero en español, pues en su día la edición de Cátedra quedó inacabada, algo que ha enmendado ahora con enorme habilidad y no menor mérito el argentino Jan de Jager). Se abra por donde se abra, este grueso tomo atrapa al buen lector, que queda adherido a la lectura, rendido ante un texto total en el que para pasar del exabrupto más violento a la delicadeza más fina basta a menudo simplemente con saltar de verso, y en el que también hay momentos para lanzar carcajadas de pura alegría, tan pronto como, por ejemplo, en la transición entre los cantos I y II… El talento salvaje de Ezra Pound es algo que destella en este libro desde ese primer verso tan prometedor, “Y entonces descendimos de la nave”, hasta ese no menos glorioso último verso que… Pero no: para llegar hasta el último verso hay que merecerlo.

“Mudar de piel”, de Marcos Giralt Torrente

el 10 diciembre, 2018 en Libro de la Semana

Mudar de piel

Mudar de piel

Giralt Torrente, Marcos

ISBN

978-84-339-9859-0

Editorial

Editorial Anagrama

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«Qué raras las familias: cuanto más pequeñas son, qué imprevistos y fuertes son los lazos que tejen al bies», dice Marcos Giralt Torrente en uno de los cuentos reunidos en Mudar de piel. Ese universo de lazos imprevistos y rarezas que es la familia no podría estar mejor contado que en este estupendo libro de relatos, que nos ofrece un abanico de familias imperfectas, incompletas, con un repertorio de personajes que ocupan las distintas posiciones: hay padres y hay hijos, hay maridos presentes y maridos ausentes (y maridos que son las dos cosas a la vez); hijos únicos, hermanos y huérfanos, muchos de ellos sin nombre. Y también hay madres y hermanas, y parejas, y mujeres solas que sacan adelante a sus hijos. Pero Mudar de piel es también un catálogo de sentimientos diseccionados con la precisión de un entomólogo que nos pone delante de un espejo y nos enfrenta a nuestros propios miedos, a nuestras propias culpas.

Mudar de piel es la continuación natural de El final del amor y de Tiempo de vida. Los espléndidos relatos que lo forman —como “Transición”, “Sombras que reverberan”, “Mudar de piel” o el estupendo “Baker y margaritas”, el mejor del libro en mi opinión— están llenos de matices y de aristas, de silencios y de ausencias, de «esclusas mediante las que acotamos nuestros afectos» y de caminos que «una vez transitados, no tienen vuelta atrás», de atmósferas nada cómodas que nos sacuden y nos remueven y donde lo “no contado” es tan poderoso como lo narrado.

Marcos Giralt Torrente es un agudo observador de la realidad que se detiene en los detalles pequeños, en los actos cotidianos a los que no solemos conceder importancia, y los convierte en material literario. Los nueve relatos reunidos en Mudar de piel son nueve historias condensadas, reducidas a su esencia, a lo importante, nueve pequeñas novelas que hablan de la soledad, la incomunicación, el amor y el desamor, la incapacidad de querer o los distintos modos de hacerlo, el perdón, las contradicciones y las heridas que dejamos en quienes queremos… es decir, de la condición humana y la complejidad de nuestros sentimientos. De la vida.

La prosa de Marcos Giralt Torrente es magnética y muy personal: basta con escuchar una frase en voz alta para saber que es suya, y ésa es una cualidad reservada sólo a los grandes escritores. “Las palabras suelen llegar más lejos de lo que el corazón se atreve”, dice en uno de sus cuentos. En Mudar de piel las palabras llegan lejos, muy lejos, y el corazón se queda con ganas de que los relatos de este libro no acabaran nunca.

Eva Cosculluela, Los Portadores de Sueños (Zaragoza)

“La vida a plazos de don Jacobo Lerner” de Isaac Goldemberg

el 5 diciembre, 2018 en Libro de la Semana

La vida a plazos de don Jacobo Lerner

La vida a plazos de don Jacobo Lerner

Goldemberg, Isaac

ISBN

978-84-947337-6-5

Editorial

EDITORIAL LAS AFUERAS

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Coincidiendo con el cuarenta aniversario de su publicación, Las Afueras ha recuperado La vida a plazos de don Jacobo Lerner, la primera novela del escritor peruano Isaac Goldemberg y uno de los secretos mejor guardados de las letras latinoamericanas del pasado siglo.
Pero… ¿es para tanto? Sí, desde luego. Tomando diferentes puntos de vista y articulando diferentes materiales, Isaac Goldemberg construye un brillante caleidoscopio literario en el que la pequeña historia de un judío emigrado a Perú se entremezcla con buena parte de los acontecimientos históricos que definieron el siglo XX. Una obra en lo que los personajes de Isaac Bashevis Singer, tras desembarcar en el puerto del Callao, enseñan a bailar la polca al joven Vargas Llosa. Y es que el ínclito Nobel es sólo uno más de los muchos “jacobolernistas” que ha habido, hay y habrá (José Emilio Pacheco, Margo Glantz, Alfredo Bryce Echenique, Tomás Eloy Martínez o usted, que está leyendo estas líneas en Los Libreros Recomiendan…)
Y mientras todos seguimos buscando La Gran Novela Americana, aquí aparece una gran novela sobre los judíos en América del Sur, un fiel reflejo de la complejidad de la experiencia latinoamericana. Y es ese choque de tradiciones, la mezcla entre Antiguo Testamento y brujería, la colisión entre la diáspora y una sociedad clasista y mestiza a partes iguales, lo que origina las fricciones que hacen tan interesante esta obra. No es realismo mágico, es magia real. La vida a plazos de don Jacobo Lerner. O «la Torá envuelta en lianas», como definió Severo Sarduy la novela. Hay que leerla.
Gonzalo y Alfonso, Tipos infames (Madrid)

“El Rastro” de Andrés Trapiello

el 3 diciembre, 2018 en Libro de la Semana

El Rastro

El Rastro

Trapiello, Andrés

ISBN

978-84-233-5441-2

Editorial

Ediciones Destino

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Tras su laborioso trabajo de “traducir” El Quijote al español actual, pocos meses después de darnos en Y su último libro de poemas, y en medio de la redacción permanente de sus diarios, proyecto incesante desde hace treinta años, Andrés Trapiello publica otro de esos libros suyos que, sin anunciarlo explícitamente nunca, más esperábamos.

Trapiello conoce bien el Rastro, el universo del Rastro, el “Rastro universal”…, no en vano durante cuarenta años ha faltado muy poco a su cita dominical, solo o con amigos, “a una hora temprana, la del alba, que dicen los poetas, la hora en que se despliegan sobre la acera los primeros puestos”, “sin haber pasado por la ducha, el aseo personal vendrá después, a la vuelta, y se ha de hacer así para no desentonar con el ambiente que nos encontraremos luego”, y, por si fuera poco, sin desayunar, pues “siempre he dicho que al Rastro es mejor ir en ayunas, se está más despierto”.

En la primera parte nos cuenta la historia del Rastro, desde sus inicios, la historia de sus calles, de sus edificios. Historia en mayúsculas mezclada con historias minúsculas, las de los “habitantes” o asiduos del gran mercadillo, tanto compradores como vendedores o visitantes. La segunda parte nos habla de la ‘Teoría’, las formas de actuar, el regateo, los alardes y el resto de leyes que rigen la mecánica del mismo, porque “en el Rastro hay leyes, pero es muy difícil aplicarlas, porque hay tantas como objetos y excepciones”. La tercera sección, la de la ‘Práctica’ del Rastro, el “rastrismo”, fruto de sus vivencias, viene toda llena de anécdotas y curiosidades, es la sección de los recuerdos y los amigos.

En este libro está todo deliberadamente mezclado, como en el propio Rastro, porque Trapiello no se considera a sí mismo como coleccionista ni fetichista, pero, en el fondo, para mí es un coleccionista de momentos vividos en esas calles, más que de objetos o cosas. Andrés Trapiello ha logrado construir un artefacto que conjuga memoria y presente, y nos lo ofrece con la alegría de quien, orgulloso, enseña su pueblo a los foráneos, o su biblioteca a las visitas. Por ello es que prefiera pasear por sus puestos más que navegar por Internet, “el Gran Rastro”, pues éste “vale sólo para los que buscan y compran cosas y tienen de la vida una visión utilitaria y práctica. A los que vamos al Rastro a ver la vida y a ponernos en manos del azar, internet no nos sirve”. Ha ido coleccionando esos momentos y nos los ofrece en la cuarta parte del libro, la de “las iluminaciones”, la más especial y personal, un inventario de objetos que sólo muy relativamente son materiales, físicos, y cuyo valor no tiene nada que ver con el precio que se pagó por ellos.

Rosa Pastor, Libros 28 (San Vicente del Raspeig, Alicante)

“Monstruas y centauras” de Marta Sanz

el 29 noviembre, 2018 en Libro de la Semana

Monstruas y centauras

Monstruas y centauras

Sanz, Marta

ISBN

978-84-339-1622-8

Editorial

Editorial Anagrama

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Abro una caja y encuentro cientos de cuadernillos violetas. Los ojos se me llenan de alegría. Cojo uno. Toco la cartulina de sus tapas, me detengo en el dibujo del marcador, huelo las hojas, doblo el libro haciéndolo cilindro. Juego con él.

Es un cuadernillo, el número 12, de la nueva colección de cuadernos de Anagrama. Tiene una factura impecable. Lo manipulo sin miedo, como si fuera uno de esos cuadernos de hojas blancas que siempre llevo encima. Es el cuaderno, el ensayo, de Marta Sanz sobre los “Nuevos lenguajes del feminismo”: Monstruas y centauras. Me encanta el título. Sé a qué otro cuaderno remite. Lo meto en mi bolso. Éste es para mí.

Llego a casa con mi tesoro escondido. Enciendo el flexo que tantos años de apuntes y lecturas ha iluminado. Me sirvo un café y pongo a mano el cenicero y el tabaco. Me acomodo. Me conozco y sé que leeré de un tirón. Y así es.

Saco mi cuaderno, lo acaricio de nuevo, lo abro y me detengo en los datos previos al texto. Incluso en los técnicos. Suspiro. Enciendo un cigarro y me sumerjo en la lectura con la avidez de una adicta. Lo soy. Leo lo más rápido que puedo sin pasar por alto ninguna palabra. Mientras leo mi cabeza asiente. Engullo el primer capítulo (“Realidad: 8 de marzo”) y mientras imagino a la autora en esa inmensa manifestación recuerdo la mía. Me asaltan los recuerdos a través de asociaciones y parecidos, de miedos y deseos compartidos.

Leo sin parar, sin respirar casi, sonriendo con las ocurrencias siempre inteligentes de la escritora, admirando las citas que intercala, identificándome con sus cuestionamientos: “A veces pienso que no vivo en el mismo país que algunos de mis conciudadanos y conciudadanas…” (pp. 26-27). Leo con la ansiedad de quien busca el visto bueno de una superiora para decirse que no está tan loca.

Entro en el segundo capítulo (“La respiración consciente: inspirar, espirar, dudar”). La inclusión de la duda, del dudar, me parece magistral. Continúo la lectura frenética, inmersa en una burbuja en la que sólo estamos las monstruas y yo. Sé que estamos en el libro y necesito encontrarnos. Leo y leo. Asombrada. Confirmando que Marta Sanz es una de las mentes más brillantes que habitan este país que llamamos nuestro. Leo y nos encuentro.

Paro en seco. Releo la frase y me sale una risa espontánea y cantarina, como cuando era niña. Mi hijo, desde su cuarto, me pregunta qué me pasa. No puedo responderle. Estoy emocionada practicando con el humo de un cigarro. Pero no consigo hacer ni una “o” volandera, así que sonrío, y sigo. Tanta inteligencia condensada, tanta conocimiento expuesto, tanta precisión en el lenguaje me provoca una honda admiración y, también, algo de miedo.

Leo cada vez con más pasión. Cada vez más rápido. Sintiéndome cada vez más reconocida en el texto porque, también yo “… soy de esas feministas que no saben separar el patriarcado del capitalismo”(p. 48). Leo cada vez más fascinada por la manera en que Marta Sanz intercala comentarios sobre obras literarias, canciones, películas, cada vez más embriagada por la forma en que se cuestiona: “Al fin y al cabo, soy una mujer que debe hacerse la crítica continuamente porque ha sido educada con los esquemas patriarcales de su padre, de su madre, de su abuela, de su abuelo, de su colegio, de su universidad, etc., etc.” (p. 52). Leo cada vez más enganchada (ya me ha hecho efecto la droga de sus palabras) a los argumentos, a los desarrollos, a los ejemplos, la forma en que la autora desmonta estructuras y se desmonta ella, a la razón con la que nos advierte que “No debemos ser razonables, pero sí racionales” (p. 99).

Llego, al fin, al tercer capítulo, el último (“Representación: más cara, carne, escrutinio, lectura”). Pequeñito pero matón, pienso al leer el título. Paro un segundo (otro cigarro, sí: un día de éstos tendré que dejar este vicio y quedarme solo con la lectura, que, se supone, hace menos daño). Me pregunto qué sensación tengo hasta ahora y descubro, con cierto enfado, que pese a las sonrisas y los asentimientos un poso de tristeza, de amargura, me está ganando terreno.

Entonces engullo el tercer capítulo, impecable, y la sonrisa me vuelve, y mi cabeza asiente sin cesar como el bracito de los gatos chinos. El “Amén” que cierra el capítulo, y el libro, me llena de nuevo de esperanza. Una esperanza que no tiene nada de pueril, ni de religiosa. Una esperanza de conocimiento y asunción de la necesidad de la vindicación. Hoy, y aquí, también. Una esperanza que requiere seguir en la lucha porque, como escribe Marta Sanz al final de este magistral ensayo “… acaso podamos resignificar desde nuestra inteligencia artística y literaria. Sin prohibir nada, sin parar, en acción, con la lengua fuera, la ansiedad y la esperanza, pensándolo y reinventándolo casi todo. Que Diosa nos asista. Vale y amén” (p. 132)

De aquí, de todo lo escrito en relación a mi experiencia de lectura de las Monstruas y centauras, surge mi adicción a las obras de Marta Sanz. Una adicción ya antigua, porque Marta Sanz es escritora, una extraordinaria escritora, y como tal maneja las palabras, las oraciones, los conceptos, con una precisión (y una pasión) que sólo quienes conocen en profundidad nuestra lengua y son conscientes del valor de la escritura pueden practicar, ya sea para ocultar, disfrazar, engañar, ya para desvelar, desnudar, mostrar, como hace esta escritora.

Por eso, por el uso exacto, sincero, racional y creativo que hace Marta Sanz de la palabra, de las palabras, soy adicta a sus textos. Por eso, y porque leerla es, siempre, leer mucho más, adentrarse en otras obras, repasar artículos, analizar películas, recordar vidas y pensar.

Pensar. Porque en Monstruas y centauras (no me canso de repetir el título) leemos y pensamos sobre la realidad, y revivimos, todas y todos los que estuvimos, nuestra huelga del 8M y nuestra manifestación. Porque la autora nos obliga a cuestionarnos y posicionarnos, a ver o recordar películas, a plantearnos sin tapujos nuestra ideología y nuestros prejuicios, a buscar información y leer nuevos artículos y libros. A dudar.

A pensar, porque Marta Sanz nos obliga en esta obra a revisar nuestra cultura, a aceptar la tradición impuesta que llevamos dentro, a descubrir la enorme lista de autoras que desconocemos (o que yo desconocía), a repasarnos, y a tomar partido.

En definitiva, disfruto leyendo a Marta Sanz, y he disfrutado leyendo y releyendo este cuaderno, porque la autora me interpela, me admite como lectora inteligente, me abre caminos, me lleva a nuevas referencias. Porque la escritora no me da instrucciones, no mastica por mí la información, no me ofrece “una papita dulce” (expresión muy típica de estas islas para referirse al trato condescendiente) sino una papa grande y terrosa que hay que pelar, limpiar, cortar y cocinar antes de poder deglutirla.

Lean Monstruas y centauras. Lean o relean Daniela Astor y la caja negra, y Clavícula. Adéntrense en las autoras que en el cuaderno aparecen: Remedios Zafra, Sara Mesa, Mariana Enríquez y tantas más. Porque leyendo esta obra se verán obligadas a pensar, como yo me vi. Y pensar, bien lo sabemos, es lo único que nos puede salvar.

Izaskun Legarza, Librería de Mujeres de Canarias (Santa Cruz de Tenerife)

“Morte d’Urban” de J.F. Powers

el 26 noviembre, 2018 en Libro de la Semana

Morte d'Urban

Morte d'Urban

Powers, James F.

ISBN

978-84-946515-7-1

Editorial

La Navaja Suiza Editores

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J. F. Powers narra de manera hilarante en esta novela el enorme trabajo que realiza el padre Urban, relegado a un triste destino en medio de la nada más absoluta después de saborear las mieles del éxito eclesiástico, pero decidido a revitalizar la orden de los clementinos.

El encanto del padre Urban le convierte en un precursor de los predicadores, una figura tan estadounidense como las barbacoas comunitarias y el béisbol, ocupaciones a las que tan aficionado era este singular hombre de fe. Sin embargo, a pesar de ese encanto aplaudido por todos, el padre Urban no consigue atraer a más feligreses ni, lo que es peor, que sus compañeros de la orden den muestras de espíritu «emprendedor». El padre Urban ha de lidiar con envidias y conspiraciones que recuerdan a las de cualquier oficina gris. Su inteligencia y pragmatismo le hacen replantearse si finalmente tiene algún sentido la misión que tiene encomendada.

El catolicismo se convierte en una mera excusa para retratar a oscuros personajes que siguen hoy dominando Estados Unidos, un país –como en Europa, no nos engañemos– en el que siempre vencerá el mensaje que traiga de la mano más capital. Injustamente olvidado, J. F. Powers, con una escasa producción literaria, fue admirado por autores como Flannery O´Connor o William Gass (este último publicado también por La Navaja Suiza). ¿Ha envejecido mal el padre Urban? No, su mensaje es todavía hoy en día absolutamente clarividente. Leer esta novela es una oportunidad de comprender no sólo la evolución del mundo del trabajo desde mediados del siglo XX sino también las miserias y ambiciones humanas. Larga vida al padre Urban y larga vida a la orden de los clementinos.

Librería Los Editores (Madrid)