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“Los asquerosos” de Santiago Lorenzo

el 8 octubre, 2018 en Libro de la Semana

Los asquerosos

Los asquerosos

Lorenzo, Santiago

ISBN

978-84-17059-99-6

Editorial

Blackie Books

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Hasta ahora mi libro favorito de Santiago Lorenzo era Los millones, pero creo que esta novela lo supera. Me gusta mucho el humor de este autor, así como sus personajes, con los que empatizas de inmediato, y el peculiar estilo de sus libros, o el vocabulario, rebuscado en unos casos y directamente inventado en otros…

Ahora, en Los asquerosos, el inimitable escritor de Portugalete nos cuenta la historia de Manuel, que impremeditadamente hiere con un destornillador a un policía que le quería pegar, y ante el futuro desastroso que imagina huye y se esconde en una aldea abandonada, donde su cuerpo sobrevive gracias a las entregas de un supermercado que le gestiona su tío, y su alma a través de los libros de la colección Austral que encuentra abandonados en la casa… La contracubierta habla, con buen tino, de un “nuevo Robinson Crusoe”, pero es fácil detectar también una desternillante parodia del famoso capítulo titulado “Economía” de Walden, donde Thoreau explicó cómo resolvía las necesidades o carencias materiales. De hecho, a lo largo de toda la novela se percibe cierto pitorreo ante la moda de la ‘nature writing’, pero abordado con enorme gracia. Lo más curioso es que el personaje acaba por inspirar envidia, dan ganas de vivir como él, liberado de todo lo social y lanzado a una aventura gozosa, neomística (“su amor por la pobreza empezaba a ser lujuria”…) en un lugar donde ”a veces llovía tanto que olía a sardinas”… Y hasta se podría rastrear un homenaje cervantino: no podemos desvelar mucho, pero, como la de don Quijote, la segunda salida de Manuel es la definitiva, en un desenlace realmente hermoso…

Una novela estupenda, en fin, que además nos habla de la despoblación en las zonas rurales, de la posibilidad de vivir con menos, del “postureo” de la vida en el campo. Para disfrutar y discutir.

Estrella García, Librería Oletvm (Valladolid)

“Poesía reunida” de Roberto Bolaño

el 4 octubre, 2018 en Libro de la Semana

Poesía reunida

Poesía reunida

Bolaño, Roberto

ISBN

978-84-204-2886-4

Editorial

ALFAGUARA

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Hace ya mucho tiempo que ha quedado definitivamente certificado que, en contra de lo que algunos creyeron, el prestigio que se ha instalado sobre el nombre y la obra de Roberto Bolaño es mucho más que una moda o un malentendido pasajero. Unos años después de la aparición de la apoteósica (y apocalíptica) 2666 (ese sublime acercamiento al mal en el que sentimos que Bolaño estuvo a punto de acceder a una verdad desconocida e insoportable), que se unía a Los detectives salvajes, Amuleto, o esa obra maestra de página y media titulada «Jim» (cuento incluido en El gaucho insufrible, y ahora en la recopilación de Cuentos completos de Alfaguara), como muestras del talento abrumador del escritor chileno, nos llegó en 2007 La Universidad Desconocida, un libro que reunía toda su obra poética, tal como él —al parecer— la tenía ordenada y preparada. Pero diez años después todavía ha podido ser ampliada, con poemas perdidos o dispersos por revistas y plaquettes, más apéndices, índices y un claro aire de proyecto definitivo. Y viene precedida además de un prólogo, brillantemente argumentado, de Manuel Vilas (de quien ya reseñamos aquí su exitosa Ordesa), quien da en el clavo en muchas cosas, y también en el balance: “Hay mucha desesperación en la poesía de Roberto Bolaño. Tal vez porque la contemplación de la vida y del mundo de finales del siglo XX producía extrañeza, destemplanza y angustia. Producía una desesperación inteligente. Yo diría que ése es el sentimiento que predomina en esa poesía: una angustia que viene de muy adentro y que acaba siendo luminosa”.

Habrá quien piense que también la poesía de Bolaño brilla especialmente en los fragmentos en prosa, y especialmente en los que, bajo el título «Gente que se aleja», ya se publicaron en Amberes: cincuenta y siete párrafos en los que se insinúa una de esas historias inquietantes que él sabía forjar, concebidos desde un punto de vista explícitamente cinematográfico, como queda claro en «acotaciones» del tipo «Fundido en negro», «Primer plano de…», «La cámara se va alejando» (y es, por cierto, una película que podría dirigir David Lynch: bucles temporales, policías y detectives, pasillos siniestros, chalés abandonados, sexo mecánico, mujeres sin boca, un «jorobadito»…). Hay un personaje que afirma que “escribo para ver qué pasa con la inmovilidad y no para gustar” y no es difícil ver en ello una declaración de principios del propio Bolaño, así como, seguramente, cuando de otro (¿o el mismo?) personaje se dice que «Nunca ha pedido gran cosa de la vida, le basta con un cuarto y tiempo libre para leer».

Pero también la poesía en verso es vocacionalmente narrativa en Bolaño, y, desde luego, antisolemne, alérgica a cualquier intento de responder a las preguntas que no se pueden responder o que no tienen respuesta (aunque, paradójicamente, a veces con esa actitud se llega a una respuesta convincente): «El misterio del amor siempre es / el misterio del amor / y ahora son las doce del día y / estoy desayunando un vaso de té / mientras la lluvia se desliza / por los pilares blancos / del puente».

Resulta difícil escribir sobre un libro como éste, tan preñado de misterios, tan lleno de interrogantes y de obsesiones privadas: una tal Lisa, un tal Gaspar, Chile, México, Barcelona, los «detectives», la lluvia, los faros, o incluso ese omnipresente «Roberto Bolaño» que podría considerarse —muy significativamente— el protagonista del libro, el habitante principal de “la Universidad desconocida”.

¿A quién se dirige ese precioso poema titulado «Tardes de Barcelona» y qué significa?: «En el centro del texto / está la lepra. // Estoy bien. Escribo / mucho. Te / quiero mucho». Quizá lo más fascinante de Bolaño sea precisamente la imposibilidad de descifrar completamente los enigmas que construye en sus páginas, en las que se baraja su vida íntima, su memoria, su fantasía, la literatura o la metaliteratura, y creo que en este libro podemos encontrar también la mejor definición posible de su obra, ahora y en el futuro: «Un sueño maravilloso / que atraviesa países y años / Un sueño maravilloso / que atraviesa enfermedades y ausencias».

 

“La playa” de Cesare Pavese

el 1 octubre, 2018 en Libro de la Semana

La playa

La playa

Pavese, Cesare

ISBN

978-84-948335-2-6

Editorial

Altamarea Ediciones

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Qué tienen los días de playa que no se tachan en el calendario, ni se miden sus horas, se come, bebe y duerme sin disciplina y se vive sin orden. Tienen eso: que permiten una laxitud indecente e inimaginable el resto del año. En esta especie de tiempo muerto donde se rompe la rutina, es fácil abandonarse al vaivén lento y meloso de los días.

Es lo que sucede con los protagonistas de esta novela breve, que ahora llega traducida al español por Melina Márquez.

El narrador es invitado por un amigo íntimo y su esposa a pasar sus vacaciones en la playa, donde se suma a un grupo heterogéneo compuesto por jóvenes despreocupadas o demasiado vehementes; un maduro y bronceado vividor que se resiste a sentar la cabeza; un adolescente que sufre por un amor prohibido y se rebela contra su juventud anhelando experiencias que no le corresponden, buscándose, en definitiva, a sí mismo, como todos los adolescentes; el matrimonio amigo del narrador, una pareja perfecta en apariencia, artista frustrado y taciturno él, atractiva y seductora ella. Todos los hombres del grupo se sienten cautivados por esta joven esposa que, sabiéndose admirada y deseada, bromea con todos y se entrega a las confidencias con una familiaridad respetada y respetable. Y el narrador, protagonista y testigo de cuanto sucede a su alrededor, sin que nada suceda en realidad, porque esa es otra característica de veranear en la playa: los días pasan sin que ocurra nada, así que la no acción pone el foco en las conversaciones y confidencias, en los silencios y gestos que nuestro narrador interpreta con agudeza.

Es ésta una novela deliciosamente veraniega cuya aparente ligereza, ligada al tiempo y espacio que describe, atrapa al lector en una maraña de relaciones  y sentimientos no siempre manifiestos, pues a veces “la realidad se disfraza de lo opuesto”, componiendo una variada y acertada muestra del comportamiento humano.

Sin haber pisado la arena ni escuchado las olas, Pavese nos ha hecho disfrutar de un tiempo breve y gozoso en La Playa, contagiándonos de esa despreocupación y regocijo propios del veraneante, asistiendo a la vez a un sugerente juego de impresiones no muy definidas y, tal vez por ello, más interesantes.

Olivia Lahoya, Librería Estudio (Miranda de Ebro)

“Un fin de semana” de Peter Cameron

el 27 septiembre, 2018 en Libro de la Semana

Un fin de semana

Un fin de semana

Cameron, Peter

ISBN

978-84-17007-55-3

Editorial

Libros del Asteroide

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Al final, el trabajo de los libreros consiste fundamentalmente en conseguir que los libros encuentren a los lectores adecuados, llevar cada libro a las manos o las estanterías que mejor lo van a aprovechar, casi como quien arma un puzle, y, en ese sentido, no se nos ocurre bien a qué tipo de lector podría no gustarle o convenirle una novela como ésta. Si te gustan las cosas bien escritas (y bien traducidas, Álvaro Marcos mediante), y te interesa la vida, y te intrigan las personas, y te preocupan la enfermedad y el duelo, y te ha importado el amor y te sobran sus sucedáneos… entonces Un fin de semana te proporcionará cuatro o cinco horas magnéticas, intensas, de enorme placer.

Peter Cameron conoce y controla bien los símbolos literarios universales, y sabe que basta alejarse unas pocas estaciones de tren desde Nueva York para estar metido de lleno en la naturaleza, donde la civilización se va paulatinamente disolviendo y surge poco a poco lo salvaje, ya no el bosque sino casi la selva, de tan afiladas –aunque sutiles– como pueden ser las amenazas en esta novela: las baldosas de la cortesía se enmohecen y se agrietan y todo amenaza derrumbe, otra forma de mirarse, una violencia que ya no está tan contenida, pero que tampoco, afortunadamente, llega a estallar. Cuando hacia la mitad de la novela uno de los personajes (precisamente la figura extraña, el visitante inesperado) se da un baño en el río y observa que “el agua, tan luminosa hacía unos momentos, se había tornado oscura”, el lector de cuentos (o poemas) tradicionales ya sabe que las cosas se van a complicar. Son metáforas de primer grado, como el detalle, tan paulausteriano, de que el personaje menos locuaz y más solitario de la novela se dedique a construir un muro.

De todos modos, sucede que cuando creíamos conocer más o menos a los personajes (que están maravillosamente perfilados) es cuando empiezan a comportarse de forma ligeramente inesperada, de un modo que, apenas familiarizados con ellos, podríamos considerar impropio de su carácter. Pero ese fenómeno es algo de lo que, oblicuamente, advierte la misma novela en cuanto los personajes se reúnen y se conocen: “Es extraño ver a alguien con quien hasta entonces sólo has estado a solas interactuando con otras personas, porque ese alguien conocido por ti desaparece y es reemplazado por otra persona diferente, más compleja”, o, después, alguien cree que “eso es lo interesante de conocer gente nueva: uno se ve a sí mismo de otro modo”.

Esa misma voz dice en algún momento que “no hay razón para seguir escribiendo novelas. Los problemas que las novelas resuelven mejor ya no existen”, pero, curiosamente, la misma novela en la que leemos esa opinión la desmiente. Cambian las cosas pero no el fondo, y hay conflictos eternos en los que la narrativa puede seguir indagando, como demuestra Un fin de semana de un modo elegante pero poderoso, con una serenidad que al final resulta impactante.

“La Retornada” de Donatella Di Pietrantonio

el 24 septiembre, 2018 en Libro de la Semana

La Retornada

La Retornada

Di Pietrantonio, Donatella

ISBN

978-84-17128-04-3

Editorial

Duomo Ediciones

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Como me pasa últimamente con los libros que realmente me han interesado, tengo que tenerlos “en el congelador” un tiempo para dejar que me acaben de contar todo lo que he intuido durante su lectura sobre los temas que plantea, y éstos son muchos y bastante positivos. Podríamos decir que la autora nos presenta una novela entretenida, con una gran fuerza narrativa, llena de personajes magníficos e incluso épicos, y todo ello envuelto en temas como el amor, la amistad, el odio, el dolor…, sustentados en una estructura narrativa ejemplar, con un estilo limpio y preciso, apoyado con frases cortas y descripciones minuciosas del mundo que rodea a los personajes… En fin, una buena novela.

Sin embargo, el tiempo me trae otras ‘formas’ de la propia novela, formas que son temas de los que apetece hablar en una sobremesa rodeado de buenos amigos. Donatella Di Pietrantonio ha ido con todo, como se suele decir, ha puesto toda la carne en el asador sin miedo a quemarse. Y el gran acierto es que lo ha hecho desde la mirada limpia e ingenua de una niña de trece años, o deberíamos decir desde la mirada de una joven mujer… inexperta, asustada, pero una mujer. Novela que nos habla, como he dicho, de los temas (con muchas formas) más importantes de la vida, sin remilgos y con dureza. A los que nos hemos criado en el campo esta obra nos resultará entrañable, a los que hemos crecido en una familia numerosa también, porque la dureza de las descripciones sólo enseña la mismísima realidad. A todos nos conmoverá su trama puesto que está hecha de los ‘retales’ luminosos o sombríos de la vida misma.

En fin, una novela para seguir pensándola después de su alucinada lectura.

¡Ojalá que le vaya bonito…!

Carmelo Bujanda, Santos Ochoa (Logroño)

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por LaRossa

“Devoción” de Patti Smith

el 20 septiembre, 2018 en Libro de la Semana

Devoción

Devoción

Smith, Patti

ISBN

978-84-264-0553-1

Editorial

LUMEN

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Leer Devoción es como compartir una botella de vino con su autora. Es escuchar anécdotas, fotos, pensamientos, imágenes y poesías, que se suceden en este libro tan corto, como si fueran sorbos.

Leer Devoción es tener una entrada en primera fila para el espectáculo de la inspiración de una escritora. Es paladear los sabores que le inspiran, es acompañarle en las imágenes que le evocan, es obsesionarte con ella por Simone Weil y que te deje caer, de repente, sobre una tumba en Sète y acabes rezándole, tú también, a su hermano.

Leer Devoción es reflexionar sobre los detalles que realmente son importantes, pararte a admirar a aquellos que son verdaderamente dignos de ello, es buscar un lugar en el mundo, como la patinadora de su relato.

Desarrollado en tres partes, comienza como un libro de viajes, con su estilo puramente autobiográfico, que va sembrando de margaritas, hasta desembocar en la segunda parte, donde las recoge; un relato hilado y producto de los pensamientos que martillean la mente de la autora. Finaliza expresando el deseo irrefrenable de escribir, con urgencia y por encima de todas las cosas, con la contemplación del manuscrito de El primer hombre de Albert Camus como catalizador.

Leer Devoción es inspiración. Febril y obsesiva inspiración.

Alodia Clemente, La Rossa. Llibres en Femení (Valencia)

“La trenza” de Laetitia Colombani

el 17 septiembre, 2018 en Libro de la Semana

La trenza

La trenza

Colombani, Laetitia

ISBN

978-84-9838-880-0

Editorial

PUBLICACIONES Y EDICIONES SALAMANDRA

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La Trenza puede considerarse como un canto a la libertad de las mujeres para tomar las riendas de sus vidas, poniendo en valor la capacidad de tomar sus propias decisiones. Narra la historia de tres mujeres corrientes, anónimas, procedentes de distintas culturas y que no veneran a los mismos dioses. Ellas no se conocen y, sin embargo, los cabellos acabarán entrelazando sus vidas.

La trama de la novela seduce al lector tejiendo esta novela a la manera de una trenza. Narrada desde una perspectiva social, la autora nos va introduciendo en sus historias personales. Poco a poco, con gran maestría y delicadeza, vamos conociendo los detalles de sus vidas y circunstancias, así como la rebeldía que nace en su interior para rechazar aquello que la sociedad y los estereotipos esperan de ellas.

El hilo conductor son los versos que escribe una trabajadora siciliana en el taller:

     Me gustan esas horas solitarias en que mis diez dedos danzan.

     Qué extraño ballet, el de mis manos,

     mientras escriben la historia de una trenza y unos lazos.

     Esta historia que es la mía.

     Y, sin embargo, no me pertenece.

Los personajes principales de la novela, traducida al castellano por José Antonio Soriano Marco, son tres mujeres: Smita, Giulia y Sarah, tres mujeres que han nacido y viven en tres continentes distintos, Asia, Europa y América, pero con tres sentimientos que las unen: la determinación, la valentía frente a la adversidad y la sed de libertad individual.

Smita, nacida en la India como “intocable”, se ve obligada a realizar el trabajo que las mujeres de las generaciones que le han precedido, su abuela y su madre. Cada mañana, se ocupa de recoger con las manos los excrementos de los vecinos de su barrio, oficio que aprendió acompañando a su madre desde que tenía cinco años. Sin embargo, Smita no quiere que su hija aprenda el oficio, decide que su pequeña irá a la escuela para aprender a leer y escribir.

Giulia pertenece a una familia que, desde hace varias generaciones vive en Palermo y regenta un pequeño taller dedicado al tratamiento de cabellos. Educada en el paternalismo y bajo una fuerte presión de sus familiares, Giulia se enfrenta al repentino fallecimiento de su padre y a la secreta y difícil situación económica por la que atraviesa el taller.

Sarah, una exitosa abogada canadiense, divorciada y madre de tres hijos a los que cría con la única ayuda de un canguro, lleva una vida regida por las presiones laborales, los horarios inflexibles y una imagen exterior siempre impecable. En el bufete ha ocultado Incluso los embarazos de sus hijos, no hay en él espacio para esos asuntos. Tampoco lo hay para la enfermedad que padece cuando finalmente se manifiesta, lo cual la obligará a enfrentarse a la rivalidad entre sus compañeros, a las traiciones laborales, a la soledad y a ella misma.

El pensamiento de la autora está influido por las obras de escritoras como Virginia Woolf y Marguerite Duras, símbolos del primer feminismo en Europa.

Su recomendada lectura va despertando en el lector una empatía que mantiene la atención in crescendo desde al comienzo hasta el final de la obra.

Laetitia Colombani, nacida en Burdeos en 1976, ha dedicado buena parte de su carrera profesional al mundo del cine, donde ha trabajado como actriz y guionista, así como directora de varias películas.

Ahora nos ofrece su primera novela, La tresse, que, escrita en francés y publicada por Grasset, ha sido ya traducida a veintinueve idiomas y ha recibido numerosos premios internacionales, entre ellos el 40° Premio Relay Voyageurs Readers, el 2017 Women of Economics Literary Trophy y el 2018 Crystal Globe para una primera novela.

Maribel Munuera, Librería Letras a la Taza (Tudela)

 

Puedes leer también este libro en catalán, traducido para Salamandra por Anna Casassas Figueras.

“Viaje a Rusia” de Josep Pla

el 13 septiembre, 2018 en Libro de la Semana

Viaje a Rusia

Viaje a Rusia

Pla, Josep

ISBN

978-84-233-5428-3

Editorial

Ediciones Destino

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El otro día, caminando por puro vicio por las inmediaciones de la Real Academia Española, quien esto escribe escuchó cómo alguien exclamaba algo estupendo: “Pues al final va a ser que eso de leer no está tan mal”, frase indiscutiblemente maravillosa que de vez en cuando se ve incluso confirmada por libros buenos y bonitos y edificantes.

En ‘Los Libreros Recomiendan’ sentimos devoción por Josep Pla, y nos pone contentos saber que se le lee, que se le disfruta y se le estudia, que se le tiene en cuenta, pues eso es lo que demuestra el hecho de que sea raro el año en que la editorial Destino no ofrece o recupera algún título suyo. Que Pla tenga lectores fieles es algo que devuelve la esperanza, pues la suya es una literatura que, como su inteligencia, debería ser declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, de tan excepcional como es. Y es de esos autores que, sin ser ni mucho menos especialmente felices, llenan de alegría a quienes los leen, transmiten a través de su agudeza y de su mirada una jovialidad elemental, algo institntivo.

Lo que ahora podemos leer, y por primera vez en castellano gracias a Marta Rebón (quien debutó el año pasado en la escritura propia con su En la ciudad líquida, reseñado también en su día en nuestra página), es un libro de 1925 en el que Pla recogió todas las crónicas que desde Rusia había enviado meses antes a La Publicitat, el periódico para el que por entonces colaboraba. Y, para decirlo rápidamente, diremos que este libro merecería horas y horas de comentarios. Para decirlo brevemente, diremos que necesitaríamos páginas y páginas para reseñarlo. Leyendo intermitentemente la obra de Pla, da la sensación de que no hubo ni un solo metro cuadrado de Europa que no se viese pisado y observado por él, y además en el momento oportuno, y eso vuelve a ocurrir en el caso de la Rusia post-revolucionaria.

Como les ocurrió a otros muchos visitantes españoles en Rusia antes (Manuel Chaves Nogales) o después (Félix Ros), Pla escribe nada más llegar a la frontera que “sentís que os encontráis en un lugar totalmente diferente de todos los que habéis visto hasta ahora”. Después nos interesa especialmente el hecho de que en todas las estaciones de tren, por minúsculas que fuesen, había una librería (y Pla se sorprenderá después, ya en Moscú, de la espectacular abundancia de librerías en la ciudad, aunque la diversidad de la literatura que se ofrecía en ellas no fuera precisamente inmejorable…). El sublime paisaje de la estepa, opina Pla, “debe de obligar por fuerza a la gente a llevar una vida sin vanidad”, y en cuanto pasa unas horas en Moscú, el veinteañero periodista decide que el color predominante en la ciudad es el de una “ensalada de pimientos y tomates”, impresión que cualquiera que haya estado allí sabe que, aparte de su gracia (sólo a alguien de Palafrugell se le podría ocurrir algo así), es de una exactitud alucinante (Chaves Nogales, puesto a ello, tal vez habría concluido que Moscú tiene el color del gazpacho, y los diseñadores de Destino han hecho muy bien en elegir precisamente ese color para las cubiertas del volumen). El Kremlin le impresiona (“me ha proporcionado una de las mayores emociones de mi vida”), pero ante la famosa iglesia de San Basilio (“una de las construcciones más divertidas, monstruosas, bellas y graciosas –todo a la vez– del mundo”) afirma que “todo está pintado de una manera absurda, con todos los colores de la paleta, con las mezclas más dulces o más grotescas, con una euforia, unas ganas de divertirse y de impresionar que a veces parecen pueriles de tan profundas que son”.

Pues bien, todas las citas del párrafo anterior (y varias otras semejantes, o detalles decisivos que suelen pasar por alto los historiadores más exhaustivos, como cuántos kopecs costaba medio pollo asado o una botella de vino tinto del Cáucaso, “que, por cierto, tiene un gran parecido con el vino catalán”…) se encuentran sólo, prólogos aparte, en las primeras quince páginas del libro, en los dos primeros artículos que pudieron leer en Barcelona unos suscriptores que, como no podía ser de otro modo, adoraban a Pla (y de hecho fueron ellos quienes pagaron el viaje y la estancia en Rusia, comprendiendo que ese gasto iba a merecer la pena). Además, no deja de ser gracioso que alguien tan conservador y anti-comunista como era o sería Pla (recordemos sus textos sobre la revolución de Asturias en 1934, que también recomendamos en su día) tuviera que donar un rublo en la frontera de Riga para “una suscripción a favor de los obreros chinos”. Vivir para ver: Pla haciendo su pequeña contribución a la Utopía. Y vivir para leer: tenía razón el simpático peatón del Paseo del Prado: definitivamente, esto de leer no está nada, nada, nada mal. Habrá que planteárselo.

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por Trama

“El rey recibe” de Eduardo Mendoza

el 10 septiembre, 2018 en Libro de la Semana

El rey recibe

El rey recibe

Mendoza, Eduardo

ISBN

978-84-322-3407-1

Editorial

Seix Barral

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Llega a las librerías El rey recibe, la nueva novela de Eduardo Mendoza. Con este título inaugura la trilogía Las Tres Leyes del Movimiento, que nos llevará por la segunda mitad del siglo XX, visitando a través de sus característicos personajes una sociedad y unos acontecimientos que el autor tan bien conoce.

Rufo Batalla, el protagonista de esta historia, es un plumilla recién llegado a un periódico donde se supone que no tiene nada más que hacer que algunos recados y pequeños trabajos. Sin embargo, las circunstancias le pondrán en la tesitura de tener que cubrir, como enviado especial a Mallorca, la boda de Tadeusz Maria Clemntij Tukuulo, “Bobby” para los amigos, un príncipe europeo venido a menos y expulsado de su país. Con un párrafo de la crónica enviada por Rufo el 14 de julio de 1968 comienza este libro.

Tras la boda, Rufo Batalla y el príncipe llegarán a ser amigos; este último le encargará que escriba la crónica de su vida. A través de lo que nos va contando Rufo Batalla y de su vida en España y Estados unidos, lugar a donde se traslada a vivir, conoceremos los fenómenos sociales de los años setenta a un lado y al otro del océano. Comenta el autor sobre esta novela que, llegado a cierta edad, uno “se da cuenta de que ha vivido grandes transformaciones sociales mientras las veía desarrollarse a su alrededor”.

En esta novela nos encontramos de lleno en el universo de Mendoza y, para deleite del lector, parece que sus personajes tienen un imán para cierto tipo de situaciones y malentendidos; sin proponérselo se convierten en testigos de primera mano del mundo en el que viven. Mendoza aprovecha esto magistralmente para hacer un retrato certero de la sociedad de toda una época.

Una vez más, Eduardo Mendoza consigue, a través de sus personajes y de la maestría de su escritura, engancharnos desde la primera página; y hace que deseemos que llegue la siguiente entrega de esta trilogía para poder seguir leyendo las desventuras de Rufo Batalla y compañía.

Carlos Coira, Librería Trama (Lugo)

“Guerra y trementina” de Stefan Hertmans

el 6 septiembre, 2018 en Libro de la Semana

Guerra y trementina

Guerra y trementina

Hertmans, Stefan

ISBN

978-84-339-8009-0

Editorial

Editorial Anagrama

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Que las leyes del universo funcionen según ritmos cíclicos es una cosa realmente fenomenal, porque eso hace escatológicamente innegociable el eterno retorno de los veranos. Mientras haya espacio, en efecto, habrá por obligación un verano al año, y mientras haya vida utilizaremos los veranos para leer libros gordos, o para recuperar lecturas que quedaron un poco sepultadas, arrinconadas en su día por otros apremios. Y uno de los libros que, como si fuera por efecto del calor, ha ido escalando posiciones en la pila de libros por leer y ha emergido a la superficie en forma de lectura prioritaria, es esta Guerra y trementina, de Stefan Hertmans, traducida por Gonzalo Fernández Gómez.

Quienes leímos en 2009 su recopilación de ensayos El silencio de la tragedia sabíamos ya algo de la lucidez bienhumorada de este autor, uno de los más importantes y premiados en lengua neerlandesa, pero al parecer este libro de ahora ha sorprendido incluso en Bélgica a los lectores más familiarizados con esos otros registros de su obra que no han llegado hasta nosotros desde la lengua flamenca (su poesía, sus cuentos…). Hertmans se apunta a la moda del “relato real”, pero lo hace bien, ejecutando a través de la biografía parcial de su propio abuelo materno una narración que atraviesa Europa entre 1891 y 1981, y que, como bien dice el escritor, comprende de un modo casi literal dos universos diferentes, dos paisajes simbólicos irreconocibles de tan exageradamente disímiles. Pocos libros no estrictamente biográficos son tan claramente el libro de una vida, con la ventaja, para algunos lectores, de que nos movemos en el terreno de la no ficción, y que la vida que aquí se nos despliega fue real y muy significativa en cuanto testimonio de varios mundos distintos, desde la Gante casi todavía feudal de 1891 hasta el nuevo mundo de 1981, con su exploración espacial o su informática incipiente.

Érase una vez, en fin, un abuelo, que al final de su vida se puso a redactar sus memorias, y que, terminadas tras varios años y unos cuantos cientos de páginas, se las entrega poco antes de su muerte a su nieto cuando éste, inédito también todavía, apenas anda balbuceando sus primeros intentos literarios propios. Hasta ahí, la cosa es más o menos normal. Lo raro es que ese nieto, pese a su curiosidad omnívora y el amor hacia su abuelo, tarde más de treinta años en sentarse a leer ese testimonio (y que, al final, lo haga sólo porque se acerca el centenario de la Primera Guerra Mundial, excusa que, francamente, parece un poco estrafalaria, casi inverosímil, como si Hertmans necesitase a toda costa justificar de algún modo esa demora extrema, esa posible dejadez…: cualquiera hubiera leído esos dos cuadernos inmediatamente, para complacer al querido memorialista, o tras su muerte, para honrarlo). Y lo extraordinario, en otro orden de cosas, es que esa crónica, al parecer, se revele a su vez extraordinaria cuando el ya escritor profesional y consagrado se digna recorrerla. Decimos”al parecer” porque esas páginas nunca las llegamos a leer, ya que lo que ha hecho Hertmans no ha sido transcribirlas y envolverlas en sus propios comentarios sino en realidad reformularlas por completo, adaptarlas a su propia estructura y a sus conveniencias literarias, y el resultado no es un texto confuso lleno de costurones sino un libro portentoso, híbrido de muchas cosas, con dos protagonistas que compiten por la primera persona, con realidad cruda y vívida pero seguramente con su parte de ficción (y ya sabemos que todo lo que contiene una mínima gota de ficción se convierte en plenamente ficticio), con guerra y paz. Se supone que el corazón del relato es la narración de la Primera Guerra Mundial (con detalles menores de intendencia pero también con los previsibles retratos de la destrucción, la crueldad, esas cosas que muchos casi preferiríamos no leer pero leemos fascinados), narrada con implicación genuina y, todavía, con cierta motivación bélica que casi se agradece por auténtica (hay gente capaz de escribir de la guerra de un modo meloso, y eso es más inmoral que contar las cosas como son, con su brutalidad extrema y absurda, aunque debe de ser impactante leer cómo tu abuelo disparaba y remataba a alemanes, algo de lo que por supuesto nunca habló), pero en realidad las estampas del Gante finisecular, con su pobreza y sus casinos, sus fundiciones y sus lagos de fin de semana, sus fiestas religiosas y su fábrica de gelatina (y esa visita al dantesco y sangriento lugar es una clara premonición de lo que Urbain va a encontrarse en las trincheras), tienen casi más encanto e interés, y también en ellas tenemos la sensación de leer algo completamente nuevo, por claramente real, por verdadero.

Todas las vidas son distintas, y todas las vidas bien contadas inciden sin proponérselo en esa diferencia, en lo original, en lo insustituible, convirtiendo en literatura duradera lo que estuvo bien vivido, con verdad y atención, con apego indeliberado por esos detalles que de repente se hacen únicos. Fenómenos sobre los que tanto hemos leído como la degradación del enemigo o la imposibilidad de la rehabilitación social de quien ha luchado en los campos de batalla quedan aquí reflejados de un modo estupendo, por auténtico, pero quedan matizados por el amor a la pintura, por las particularidades del carácter de aquel hombre, tan bien diseccionadas, o por apuntes minúsculos que valen lo que todo un Imperio por su potencia significativa (“mi abuelo sólo vio desnuda a su mujer en una ocasión”, y por accidente…) y que ayudan a explicar siglos de vida. Es la gran lección de Tolstói (queridos historiadores, no os fijéis más en los reyes que en los campesinos, no paséis más tiempo en los parlamentos que en la tundra, descended a los detalles más diminutos o fracasaréis…), y no es raro que en este libro se cite a Sebald. La diferencia es que el viejo Urbain, ese viudo conservador, católico, amable y melómano que fue el abuelo de Stefan Hertmans, no hablaba de oídas.

(Post data: Hasta que no nos ha dado por citar a Tolstói en esta reseña no habíamos reparado en el de repente obvio homenaje al escritor ruso que late en el título de Guerra y trementina. Sí: es otra buena pista).