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“Carvalho: problemas de identidad” de Carlos Zanón

el 31 enero, 2019 en Libro de la Semana

Carvalho: problemas de identidad

Carvalho: problemas de identidad

Zanón, Carlos

ISBN

978-84-08-20148-9

Editorial

Editorial Planeta

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El detective privado Pepe Carvalho ha llegado vivito y (literalmente…) coleando hasta la Barcelona de Ada Colau. La mala vida que le conocemos (pues ha quedado minuciosamente documentada en muchas novelas) y la pura cronología hacen que lo veamos en 2017 ya un poco perjudicado, y a sus “cincuenta y muchos” años anda necesitado de ciertas pruebas médicas que previsiblemente, y para preocupación de su leal “Biscúter”, no está dispuesto a hacerse. Ahora bien, en lo que respecta a lo literario, la salud de Carvalho es excelente, y todo parece indicar que tiene un gran futuro por delante, pues Carlos Zanón, designado por los herederos de Manuel Vázquez Montalbán como continuador legítimo de sus crónicas, ha llevado a muy buen puerto el dificilísimo encargo.

Carlos Zanón se muestra valiente, muy provocador, deslenguado…, y en lo literario está poco dispuesto a recordar que se dirige a un público masivo… Es decir, que era, en efecto, un dignísimo sucesor de Vázquez Montalbán. Entretenido y a la vez exigente, su estilo, tan frondoso en referencias sociopolíticas y culturales, puede desconcertar a algunos lectores, pero ¿acaso no es el desconcierto uno de los principales pilares de la novela negra? Lo decimos porque renunciando casi a las posibles traducciones (un lector, digamos, albanés, lo pasaría mal con tanta alusión a Bárbara Rey y a Ángel Cristo, a Pasqual Maragall y a Samaranch), y probablemente también a los lectores del futuro (no queda tanto para que la gente no recuerde quién fue Joaquín Sabina o Andrés Iniesta), esta novela se entrega gozosamente y sin cálculos a la radiografía de un presente barcelonés que tiene muy en cuenta lo mejor de lo que la literatura ha hecho antes en homenaje a las zonas menos vistosas y menos turísticas de esa ciudad, esas cuyas preocupaciones están lejos de los “problemas de identidad” políticos a los que tan discretamente hace referencia el título. Y no lo decimos sólo por el propio creador de Carvalho (a quien Zanón hace una bonita primera referencia al referirse como de pasada al aeropuerto de Bangkok, “que allí se me quedó un amigo”, y al que después se menciona como “el Escritor”, explicándose con habilidad el origen de la relación con el detective), sino por la desheredada muchacha que nos hablaba desde las páginas de la recién reeditada Nada, de Carmen Laforet, o de los niños de las novelas de Juan Marsé, que se rascaban la cabeza con azufre para evitar la tiña mientras subían las exigentes cuestas del Guinardó, o, en su variante “alta astracanada”, el casting de secundarios de las novelas detectivescas de Eduardo Mendoza (o la exitosa Sin noticias de Gurb, en la que, por cierto, el marciano protagonista adoptaba la apariencia de Vázquez Montalbán en una de sus divertidas transformaciones).

No exageramos: aunque sea con un lenguaje osado y poco delicado, el inesperado tándem Zanón-Carvalho rastrea los bajos fondos barceloneses, y el Raval, y la ladera oscura de Montjuïc… retratando a sus habitantes o, mejor, a sus supervivientes. Las prostitutas ancianas, los yonkis, los inmigrantes que no juegan en el Barça o los delincuentes-no-vocacionales que están a la que salta van desfilando por estas páginas y, aunque sabemos de ellos de un modo valleinclanesco, deformado, caricaturizado, hay en su perfil algo piadoso, un homenaje a los desposeídos, a los rechazados, a la desesperación. La Barcelona ‘camp’ de Vázquez Montalbán es aquí aún más suburbial: ha llegado el siglo XXI y no lo ha hecho precisamente con suavidad para algunas bolsas de población. Aquí está el frío más feo, que es el de la miseria; los besos extemporáneos, ocasionales, y los navajazos familiares, cotidianos; la extraña poesía de los márgenes, la mecánica sexual del extrarradio. Se nota que Zanón ha disfrutado escribiendo, y ese disfrute se contagia en forma de buena literatura, donde la trama es menos importante que el ambiente, el argumento pesa menos que el retrato, y aun así obtenemos una historia trepidante: Zanón no es Zafón, pero por ahí se le andará.

Un tópico especialmente atinado y exacto sabe que, cuando un escritor muere, su legado textual ha de pasar unos años de limbo, y sólo los que realmente merecían la pena regresan de él triunfantes en forma de reediciones. El año que viene se cumple el centenario del nacimiento de Miguel Delibes, y es previsible una relectura general que revalorice por entero su literatura; Gonzalo Torrente Ballester murió hace veinte años y ahora nuevas impresiones de Los gozos y las sombras o Don Juan lo recolocan en nuestras librerías como lo que es: uno de los mejores narradores españoles del siglo XX (somos muchos los que creemos que, puesta a premiar a un gallego, la Academia Sueca se equivocó estrepitosamente…). Nuestro Vázquez Montalbán se fue en 2003 y, como algunos preveíamos, no ha podido ser un secreto lo extraordinariamente bueno que era: el año pasado Anagrama rescató su magistral Galíndez, y ahora vuelve su Carvalho: aunque sea de forma un poco apócrifa, es también una forma magnífica, gracias al buen oficio de Carlos Zanón, y a lo bien que ha captado y reproducido la “melodía MVM”. Ésta es la sombra de Carvalho, sí, pero no sólo va a ser una sombra muy alargada, sino una sombra de mucha calidad.

Puedes leerla también en catalán.

“Permafrost” de Eva Baltasar

el 28 enero, 2019 en Libro de la Semana

Permafrost

Permafrost

Baltasar, Eva

ISBN

978-84-397-3514-4

Editorial

LITERATURA RANDOM HOUSE

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Permafrost:

1.m. Geol. Capa del suelo permanentemente congelada en las regiones polares.

                               (Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua).

Y es precisamente así como se siente nuestra protagonista, congelada bajo una capa de hielo…

En primera persona nos cuenta su aislamiento de la vida, de todo y todos los que la rodean, incluso de sí misma. Ante tan devastadora soledad su único pensamiento liberador es el de su posible muerte. Encuentra en la idea del suicidio un posible camino que nunca, por unos motivos u otros, se decide a transitar.

Se puede decir que en esta historia, paradójicamente, encontramos a una mujer que al buscar la muerte encuentra la vida.

Es generosa en su honestidad, en la descripción de su incapacidad para vivir mientras vive, presa tras la capa de hielo que la recubre, esperando quizás poder romper ese hielo:

“Soy yo, la extraña que todos reconocen, esa que parece de mentira bajo su capa de hierba corta y consistente. Tengo un buen recubrimiento, impermeable como el de los bosques, pero no es mentira, no: la dureza del hielo preserva un mundo habitable, sólo que dormido.”

Ella está allí, intacta, viva, habitable…pero el frío la paraliza, la condena a la soledad y a la tristeza.

Con una sinceridad brutal, a lo largo del relato la escuchamos hablar sobre sus ganas de morir, sobre cómo piensa en distintas formas de suicidarse, cómo vive el sexo en su relación con otras mujeres, cómo siente el miedo, el dolor, la soledad, la tristeza, cómo es la relación con su familia y el daño que le causan porque no constituyen un verdadero hogar, cómo las mentiras la ayudan a sobrevivir, cómo se empeña en la búsqueda constante de sí misma en un mundo en el que no encuentra su lugar. A pesar de todo resiste, sobrevive…hasta que un factor circunstancial e inesperado le habrá de hacer elegir entre el amor o la muerte. ¿Podrá elegir? ¿O tal vez la decisión ya está irremediablemente tomada? Porque finalmente es la muerte la que la encuentra a ella y de una forma que nunca había imaginado.

El valor del desnudo emocional y personal en una sociedad llena de caretas y de poses, de redes sociales donde todos deben parecer felices, perfectos, sin mácula o error, toma todo sentido en Permafrost, que nos invade con un soplo de aire frío con su sinceridad, con su verdad, su inteligencia y su poesía.

Todos los días asistimos a la puesta en escena de imágenes de superficie que son un espejo donde nadie puede verse reflejado ni sentirse reflejado. Superficies sin profundidad.

Afortunadamente la literatura, por más que algunos huyan, nos ofrece esa verdad, esa hondura tan necesaria para vivir lo menos de mentira posible.

Sagrario Santamaría, Librería Taiga (Toledo)

Puedes leer también la versión original en catalán.  

 

 

“Introducción al límite” de María Alcantarilla

el 23 enero, 2019 en Libro de la Semana

Introducción al límite

Introducción al límite

Alcantarilla, María

ISBN

978-84-17453-17-6

Editorial

Fundación José Manuel Lara

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Tal vez la principal fatalidad de la poesía es que busca con cierta desesperación algo que no sabe lo que es, que necesita algo incierto, que vive anhelante de algo indeterminado. Es difícil salir al encuentro de algo que no ha sido definido, y ese apetito, por definición, nunca se sacia. Así de despistados andamos desde la Antiguëdad, haciéndonos preguntas, tratando de comprender los diferentes procesos, de desmenuzar el tiempo personal y colectivo, de desentrañar cómo funcionan los afectos y los desafectos, o cómo las cosas progresan y se corrompen, o cómo… Mejor o peor instalados en la realidad, con mayor o menor tendencia a la serenidad o al agobio (y, con ellas, a apaciguar o enervar a sus lectores), los poetas rastrean lo que ven y lo que imaginan, lo que saben y lo que recuerdan, sintiéndose incompletos hasta dar con la palabra que pueda, provisionalmente, tranquilizarles y comunicarnos. Gentes de corazón insuficiente o, al contrario, sobrados de intensidad, tratan de explicarse y de explicarnos cosas, de revelar verdades importantes, de tocar el corazón del misterio. Hay quien piensa que hay demasiados premios de poesía, pero nosotros pensamos que, muy al revés, son muy pocos para tanto afán…

En fin, hablando ya muy en serio, hace dos años el Premio Hermanos Argensola, del Ayuntamiento de Barbastro (Huesca), reveló a una poeta sevillana de 1983 al premiar su segundo libro, La edad de la ignorancia. María Alcantarilla había debutado en 2014 con Ella: invierno, un libro que ya barajaba la prosa y el verso y que mostraba a una poeta muy particularmente consciente de lo que se traía entre manos, y que instaba en cierto modo, pero también explícitamente, a “decidir entre la vida de verdad / y la no vida”, asunto que es nuclearmente poético, acaso el centro mismo de la cuestión. Pero en La edad de la ignorancia las cosas, aunque sólo aparentemente, se relajaban y se coloreaban un punto, se amplificaban y se hacían menos apremiantes, más laxas y amables: “Qué importa ser mayor o ser un niño / si al cabo la verdad siempre nos busca, / nos anda persiguiendo hecha una sombra, / una voz, / un día de lluvia; / qué importa la tristeza de ser tú / si esa verdad te grita la alegría / y a cambio no te pide nada más, / sólo que existas”.

Ahora la poeta insiste con un nuevo libro, y desde el primer poema leemos un “Incluso a media voz, suena el silencio” que da una de las claves de lo que encontraremos después: los muebles de la tradición poética quedan bien guardados en los versos de María Alcantarilla, que sin embargo está también muy bien instalada en la melodía contemporánea, eslabón autoexigente de esa cadena que sabe que la poesía es, a un tiempo, una tarea imposible y una tarea necesaria. La aceptación de la vida como es y, con ella, de la muerte, alcanza en este libro una conformidad que es casi, no diremos que lasciva, pero sí desde luego reconfortante en su paz, en la insinuación de unos ciclos que, aunque “No hay luz que sepa estar eternamente”, apuntan hacia un nuevo concepto de eternidad, a través de la regeneración. “La enfermedad no existe”, llega a afirmarse, y hay algo netamente estoico en la actitud invencible de quien ha acertado a colocarse en ese punto, no por inexperiencia (la edad de la ignorancia quedó atrás), sino, al contrario, por intuición de algo que es atemporal, como la propia palabra que intenta expresarlo. El concepto habitual de tiempo sale bastante lesionado de estos poemas, que casi lo desprecian, lo desdeñan, se desentienden de sus tradicionales tiranías. La degeneración se alza, provocativamente, como nueva oportunidad: “Quizá la enfermedad sea otro lenguaje. / Quizá aquel hombre sepa / que ha llegado el momento / de intentar aprender un nuevo idioma”. No alejada de la metapoesía o de la filosofía del lenguaje, Alcantarilla pone muy cerca lo que se dice de lo que se siente o de lo que, secretamente, se sabe, casi con la fe de un creyente. El cómo se vive y el cómo se dice todo eso que se va viviendo son hermanos, hilos que inevitablemente se trenzan.

2019, en lo que a la poesía se refiere, comienza, pues, por todo lo alto. Ojalá sea un año para aprender y disfrutar.

“El pelícano” de Edith Wharton

el 21 enero, 2019 en Libro de la Semana

El pelícano

El pelícano

Wharton, Edith

ISBN

978-84-948128-1-1

Editorial

Aventuras Literarias

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Edith Wharton (1862-1937) es, afortunadamente, una autora bien editada (y confiamos en que bien leída) en España. Neoyorquina de nacimiento y europea (parisina) de adopción, de buena familia, tuvo acceso a una privilegiada educación y a una independencia poco común en las mujeres de su época. Reportera de guerra, escritora, primera mujer en ganar el Pulitzer (y una de las primeras en conducir y en tener su propio vehículo), divorciada… Edith Wharton fue todo un personaje. También fue una excelente novelista (ahí están La edad de la inocencia o La casa de la alegría para demostrarlo) y una enorme cuentista.

El pelícano es uno de esos relatos que ahora rescata y edita maravillosamente Aventuras Literarias. La simbología del pelícano se asocia con la maternidad y se relaciona directamente con el sacrificio materno. Se dice que estas aves se herían a sí mismas en el pecho para proporcionar alimento a sus crías con su propia sangre, cuando no había nada más que comer. Y este cuento ahonda en ese mito, en la historia de Mrs. Amyot, una mujer joven y viuda que se ve obligada a dar conferencias (de todo tipo, de toda temática) para sacar adelante a su bebé. Mrs. Amyot no tiene formación, pero lo mismo habla de Goethe que de arte griego. Y lo que en principio era una forma de supervivencia acaba convirtiéndose en una adicción, en un gusto por estar ahí y figurar que (como acertadamente comentan los editores en el “Apunte sobre El pelícano” final) mucho se parece al de influencers, instagramers y otras especies actuales. La ironía, marca de la casa whartoniana, está presente en cada página.

El texto de Wharton se completa con un estudio de los editores sobre el propio relato, uno sobre Wharton, inédito hasta ahora en castellano, de Frederic Taber Cooper (Some America Story Tellers), y uno científico sobre pelícanos (las aves, no los mitos) de Wenceslao Zúñiga realizado para la Sociedad Laminaria. Si esto no fuera suficiente, Aventuras Literarias edita (primorosamente) este librito con una faja que es una lámina de un pelícano para enmarcar y un marcapáginas. ¿Alguien da más?

Judith y Jesús, Intempestivos (Segovia)

“Invierno” de Rick Bass

el 17 enero, 2019 en Libro de la Semana

Invierno

Invierno

Bass, Rick

ISBN

978-84-16544-83-7

Editorial

Errata Naturae Editores

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En De algún tiempo a esta parte, el monólogo teatral que Max Aub escribió en 1939, la protagonista llegaba a afirmar que a veces “el frío me hace el efecto de una manta”. Y esa paradójica sensación del frío como algo hospitalario y protector, un frío tan extremo que abriga, es, a su vez, uno de los protagonistas de este Invierno de Rick Bass, el testimonio de un tejano que, tras dar algún tumbo con su mujer en busca de un buen lugar donde cambiar de aires y escribir, acaban instalándose en un rancho de Yaak, en Montana, en la misma frontera con Canadá. Un confín que les atrapa precisamente por su dureza, que les convence por su inhabitabilidad, que les hechiza con su belleza. Si en general basta distraerse un momento de la ciudad y quedarse mirando dos árboles para sentir que uno, de repente, está en mayor contacto con la verdad, se puede intuir lo que sucede en paisajes tan aislados y casi vírgenes.

A pesar de que sabemos desde las primeras líneas que eso es lo que andaba buscando, el entusiasmo que vuelca Bass en su diario es sorprendente, por precoz. Es un amor a primera vista que pensamos que va a derivar en decepción en cuanto la naturaleza revele su cara más inclemente, pero no: el frío insoportable, inhumano, es precisamente lo que anhela el autor, una especie de “fríoterapia” que le haga renacer, poner sus cosas en claro, comenzar a escribir bien. Hacia la felicidad por la criogenización.

Y de hecho Invierno tiene algo de novela de aprendizaje, un claro aire de testimonio de epifanía y crecimiento personal. Tiene más de “literatura del yo” que de “nature writing”, por utilizar etiquetas genéricas de moda, y lo que sucede por dentro del personaje es más importante para el libro que aquello que lo condiciona, allá fuera: “Un mes es mucho tiempo cuando la vida es nueva”.

Rick Bass es mucho mejor poeta que humorista. De hecho, es lo primero, y no lo segundo: cuando intenta ponerse gracioso la cosa se tuerce un poco, pero su notable modo de conjugar lo cotidiano con lo sublime se emparenta con la mejor tradición poética americana. Las mejores entradas son esas en las que comienza a perfilarse una rutina en un medio donde las rutinas, por definición, son difíciles (en los dos sentidos del adjetivo): “Una buena cena. Todos los espaguetis del mundo y más aún. Días perezosos. Los peces saltan en el río que hay cruzando la carretera, al otro lado del bar. Elizabeth llega mañana”. Eso de barajar lo íntimo, lo propio, con lo exterior, lo de todos, es una actitud que estalla y destella con éxito en dos o tres momentos en los que se pone nítidamente dickinsoniano: “Cuando la nieve empezó a caer, fue como cuando aparecen los invitados”.

Ante la certeza definitiva (un poco escalofriante pero también un poco consoladora) de que “aquí no nos van a traer ninguna pizza”, Rick Bass puede llegar a exaltarse: “Hay días en los que prometo, que juro, que, mientras pueda seguir subiendo el sendero de detrás de la casa o salir al porche y mirar las estrellas, nunca seré infeliz, nunca. No sólo doy las gracias por lo que tengo, las proclamo”. Pero, ay, amigo, es muy difícil ponerse cursi a veintiséis grados bajo cero, y en eso salimos ganando los lectores: el tono de Bass es en general contenido, aunque se enfada con sus vecinos (y los insulta en su cuaderno con alarmante facilidad), y de vez en cuando adquiere también cierto sabor aforístico, pues lo de aprovechar el paisaje para extraer enseñanzas es algo que en literatura tiene su pedigrí: “Si salieran baratas (nuestra felicidad y nuestra libertad) no merecerían la pena”.

Puede parecer un abuso por nuestra parte, o una sobreinterpretación, pero el hecho de que lo que aquí se nos cuenta suceda entre 1987 y 1988, unido a lo que nos dice la solapa de que Bass sigue viviendo en Montana, ya bien asimilado, es algo que aporta mucha credibilidad a su diario, que aumenta su valor testimonial. Quiere decir, creemos, que su aventura no era un capricho, no era un arrebato, no era un descanso… Era, simplemente, verdad, y la verdad, se diga lo que se diga, es el principal valor literario (y el conservante más necesario para la poesía que merece ser llamada así).

“Cavilaciones y melancolías” de José Jiménez Lozano

el 14 enero, 2019 en Libro de la Semana

Cavilaciones y melancolías

Cavilaciones y melancolías

Jiménez Lozano, José

ISBN

978-84-948202-8-1

Editorial

Confluencias

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Escribe en estas páginas José Jiménez Lozano que la literatura que merece más aprecio es la que está “llena de vida y de pensares” (p. 187). Y vida y pensares rebosa esta última entrega de sus diarios, como les sucede a todos sus libros y artículos, pues estamos hablando de un escritor (“escribidor” diría él, y así lo plasmó en su anterior libro, Memorias de un escribidor) de una lucidez admirable, clarividente y “clariescribiente” si se me permite la licencia– como pocos.

Desde la barbarie que acecha por tantos flancos a la misma vida, hasta los servilismos de lo políticamente correcto; desde la flagrante imposición de las apariencias, hasta el descubrimiento alumbrador de los pequeños tesoros del vivir; desde la contaminación de casi todo por la política, tan generadora de banalidad, hasta la necesidad de detenerse en lo sencillo, en lo cotidiano, en lo pequeño… El lector hallará en estas páginas muchos pensamientos sobre la vida real, sobre acontecimientos puntuales de nuestro día a día, junto a auténticos cuestionamientos sobre el devenir de nuestra tradición cultural, reflexiones sobre la historia en general o la nuestra en particular, como el desprecio que sufre hoy en España la misma lengua de Cervantes. Y un largo etcétera; todo ello escrito con un rigor y una contundencia que iluminarán, sin duda, al lector atento.

En Cavilaciones y melancolías también se encontrará el lector con los autores de siempre del escritor, con la “familia espiritual” de José Jiménez Lozano, auténticos “amigos” que le vienen acompañando desde hace años, dando lumbre y conversación cálida a su pensamiento; son lujosa compañía y un aliento impagable para sus lectores.

Por todo ello, recomendamos estos pensares llenos de vida y de lucidez, atentos y sutiles, inteligentes y agudos, por los que no deja de transitar, desde luego, la esperanza. Cuentan, además, con la ventaja de ser comentarios y reflexiones independientes, lo que facilita una lectura discontinua para quienes se acercan a cada pequeña o gran píldora de ellos por separado.

José Jiménez Lozano es uno de los escritores más delicados y profundos del tiempo presente. Sus libros abren horizontes. Los fulgores de este último y sus reflexiones reposadas, al igual que los poemillas que nos regala a lo largo de las páginas del texto, serán luz para quien lo lea, y no dejarán de transmitirle alegría y esperanza. Esperanza y luz, tan anheladas, tan necesarias, en el fragor y la complejidad del vivir, que muestran que todo fluye a pesar de las no pocas dificultades; que la hermosura de lo sencillo sigue alentando en lo hondo… Véase, si no, este poemilla titulado “Canícula”:

 

La canícula o perrilla huye

y escala el cielo por la noche,

y el sol aplasta al día con su carro.

Mas las cigarras,

que se nutren de escarcha

no son alcanzadas por tal furia,

y cantan constantemente. Algunas

quizás son estrellas en invierno.

 

Carmen Herrando, Librería Ars (Zaragoza)

 

“¡Escríbelo, Kisch”, de Egon Erwin Kisch

el 10 enero, 2019 en Libro de la Semana

¡Escríbelo, Kisch!

¡Escríbelo, Kisch!

Kisch, Egon Erwin

ISBN

978-84-16461-22-6

Editorial

Xordica

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Continúan llegando a nuestras librerías títulos sobre la Primera Guerra Mundial, condicionados por los centenarios de estos últimos años pero, en general, de valor constante, imperecedero. De hecho, lo que extraña y casi molesta es que sean tan necesarias las efemérides para que salgan a la luz libros que deberíamos haber conocido hace mucho. Sea como sea, mejor tarde que nunca. Sabemos esperar.

Acaso para culminar la conmemoración, casi in extremis, a finales de 2018 se ha publicado en la editorial Xordica un libro especialmente reseñable, no sólo por ser la obra de un escritor importante, sino por el valor literario de su testimonio. Se trata del diario de campaña de Egon Erwin Kisch, de quien ya conocíamos sus artículos y reportajes, y van desde la movilización en el verano de 1914 hasta el momento en que es herido en la primavera de 1915: menos de un año en el frente, pero suficiente para volver desquiciado y con los traumas propios de tal experiencia, contado todo con especial intensidad, de un modo vívido y sobrecogedor, aunque también original e ingenioso.

Lo más importante de una narración es su tono: ni el tema, por sublime que sea, ni los símbolos, por bien meditados que estén, consiguen convencer o fermentar si lo que haya que contar no se cuenta desde algún sitio destacado, desde una perspectiva insustituible, desde una actitud singular y genuina. Este ¡Escríbelo, Kisch! es muy curioso en ese sentido, y debe de ser verdad lo que el autor nos cuenta en su breve introducción de que no corrigió ni una coma al publicar lo que en su día había escrito en los trenes, en las trincheras, en las carpas, en la enfermería… pues las primeras entradas son las de un hombre feliz, jovial, con ganas de vivir experiencias…, pero enseguida se asiste “en falso directo” al momento en el que claramente se le congela la sonrisa y se le acaban las ganas de broma, horrorizado ante lo que comienza a vivir y a ver. Tras unas poquísimas páginas más o menos alegres, el lector casi puede notar físicamente el cambio violento en el estilo del cuaderno: se acaba la juerga y comienza el terror, el peligro, el miedo, o una sed que pocas veces se ha contado de un modo tan tremendo (“el agua sabe a champán”).

La vida en tiempo de guerra contada con perspicacia y conmoción; y el deseo de renacer a una nueva vida real: “durante una noche eterna e interminable, me dije que, si algún día volvía a vivir en un país en paz, jamás volvería a despotricar de la cama, de la calefacción, de la comida o de la bebida de un hotel, restaurante, café o casa”.

“El vendedor de tabaco” de Robert Seethaler

el 8 enero, 2019 en Libro de la Semana

El vendedor de tabaco

El vendedor de tabaco

Seethaler, Robert

ISBN

978-84-9838-897-8

Editorial

PUBLICACIONES Y EDICIONES SALAMANDRA

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Un rayo, y poco después una bofetada. De esa forma rápida e inesperada empieza lo que será la nueva vida de Franz, protagonista de la nueva novela de Robert Seethaler.

Si en la anterior, Toda una vida (reseñada para ‘Los Libreros Recomiendan‘ por la Librería Jarcha de Madrid), la historia se vertebra en torno a la relación del hombre con la naturaleza, en esta ocasión, y con un convulso escenario histórico de fondo, son la pérdida de la inocencia y la necesidad de comprender el mundo y a uno mismo, de adaptarse a una realidad bruscamente impuesta, los elementos que hilvanan el relato.

Franz Huchel, que siempre ha vivido con su madre en las montañas tirolesas, se ve obligado a trasladarse a Viena para trabajar. Corre el año 1937 y será detrás del mostrador de un estanco donde, entre titulares de periódicos y cigarros, descubrirá el dolor de convertirse en adulto.

El profesor Sigmund Freud será una presencia un tanto espectral pero justificadora y conductora del proceso interior de Franz, así como de su inexperiencia ante el amor, sus preguntas sobre la vida, y su resolución un tanto psicoanalítica (pues Franz comienza a anotar sus sueños cada mañana en un papel, y los va pegando en el escaparate del estanco, a modo de experimentación con la vida y de recreación del diván del profesor).

A pesar del duro proceso de madurez vital del joven, paralelo a un claro posicionamiento político con graves consecuencias para él, no deja de tener esta novela un gusto amable y un halo de cuidadísima fotografía, como si de una superproducción cinematográfica candidata a premio se tratara. El olor a tabaco del estanco, a dulces caseros vieneses, a delantal materno y a sábanas limpias predominan sobre los “Heil Hitler!” que tímidamente comienzan a oírse por las calles, y que pronto se impondrán en el mundo, marcando definitivamente el destino del ya adulto Franz Huchel.

Fuencisla y Susana, Librería Diagonal (Segovia)

“La luz negra” de María Gainza

el 2 enero, 2019 en Libro de la Semana

La luz negra

La luz negra

Gainza, María

ISBN

978-84-339-9863-7

Editorial

Editorial Anagrama

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La luz negra es la segunda novela publicada de María Gainza, una escritora argentina que ya nos sorprendió y nos tuvo maravillados con El nervio óptico.

Su trabajo real de crítica de arte está muy presente en las dos novelas: en esta última, la adorna con la intriga de la búsqueda de un personaje escurridizo, “la Negra”, recurso que concierte esta novela casi en una ‘quest’ (“mi intento de biografía”, la califica la propia narradora) y que nos sumerge de lleno en los secretos de la autentificación de obras de arte y de la falsificación de las mismas.

La protagonista, introducida por su mentora, nos lleva a bucear por los barrios bohemios de un Buenos Aires ya olvidado, desconocido, pero vivo todavía en el recuerdo de quienes vivieron sus años de esplendor (aunque “qué cosa más monstruosa nuestro pasado, en especial cuando ha sido excitante”…).

El  recuerdo, muy difuminado y espectral, del personaje de la Negra, la mayor falsificadora de la época, ayuda a nuestra protagonista a llevar a cabo una tarea de investigación que, aunque no le lleve a ninguna parte, la ayuda en la búsqueda de su propia identidad.

Mientras la trama se va fraguando y resolviendo, la novela nos ofrece mil detalles artísticos de cuadros que pasan por sus manos, lotes ficticios de subastas, personajes curiosos de los bajos fondos y también de la alta sociedad. Coleccionistas, galerías, exposiciones, estafas en serie, juicios, dudas sobre la legitimidad o el posible valor de lo falso, sobre la suplantación, lo postizo, lo engañoso, lo duplicado…

Es un placer leer esta novela, que te permite disfrutar del arte, de las calles de Buenos Aires y de todo el entramado de las falsificaciones mientras la protagonista llega a una paz interior consigo misma.

Marta Bosque, Librería Anónima (Huesca)

“Escarcha” de Ernesto Pérez Zúñiga

el 31 diciembre, 2018 en Libro de la Semana

Escarcha

Escarcha

Pérez Zúñiga, Ernesto

ISBN

978-84-17355-51-7

Editorial

Galaxia Gutenberg

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En septiembre de 2016, Ernesto Pérez Zúñiga publicó No cantaremos en tierra de extraños, y desde su mismo planteamiento se intuía que esa novela inauguraba algo nuevo en su obra, no sólo más ambicioso sino acaso más autoafirmado, más seguro. Aquella novela, en la que literalmente se atravesaba la España de 1944-1945, comenzaba muy alto y aún iba creciendo, ganando en convicción, lo cual culminaba en la cuarta sección, tan poética, tan diferente, tan rebosante de cosas que subrayar, sutilezas e intuiciones que elevaban el texto. El escritor madrileño-granadino es un maestro de las sugerencias, y su narración rebosaba insinuaciones, sobreentendidos, algunos dolorosos, otros liberadores… En ese sentido era muy reconfortante, y también aleccionador, que una novela así terminase con la palabra “sonrisa”, y que fuera además la sonrisa de una niña que se llamaba Beatriz (esto es, “la que engendra felicidad”). Era el mejor final posible para un relato que, por otra parte, había tenido el buen tino de ser expuesto con un aire de western: resultaba muy eficaz esa sensación de territorio enemigo, de peligro constante, de dormir con un ojo abierto y el revólver a punto.

Pero si decimos que aquellas páginas comenzaban algo distinto es sobre todo porque se adivinaba que el autor no iba a desprenderse de sus criaturas, que iba a ser leal con ellas y les iba a ofrecer continuidad, que algún día sabríamos qué había sido de Beatriz y de su propia descendencia… Pérez Zúñiga ha sido siempre muy buen amigo de sus propios personajes. Los somete con frecuencia a situaciones o traumas terribles, pero el balance es notablemente favorable al lado luminoso de las cosas. Y desde el mismo comienzo de esta Escarcha de hoy confirmamos que se nos va a contar otro tramo de la historia de España, el de la llamada “Transición”, pero a través del nieto de Ramón Montenegro, héroe de la novela anterior, al que se alude con frecuencia, y cuya melodía biográfica perdura. 

En 1977 las historias de la guerra todavía se cuentan ”de reojo” (según se apunta en la página 71)…, y la Iglesia mantiene un poder casi totalitario sobre la vida de los españoles, algo que en Escarcha está bien encarnado en “el Pájaro Negro”, un sacerdote al que el pueblo llama así por ser, efectivamente, de muy mal agüero, y por su carácter de “gafe”: no es ésa, ni mucho menos, la única superstición que palpita y funciona en el libro, en el que, como en No cantaremos en tierra de extraños, hay algo muy profundamente español, genéticamente nuestro, que es algo que tal vez podrían percibir más nítidamente que nosotros los potenciales lectores de las traducciones que de sus novelas puedan hacerse a lenguas extranjeras. Pérez Zúñiga está retratando y desplegando una identidad colectiva en diferentes tiempos. Unas identidades, cabría decir, pues los bandos enfrentados en 1936 perduran cuarenta años después: unos desprecian a Federico García Lorca y otros lo admiran, y todos actúan en consecuencia. 

En las novelas de Ernesto Pérez Zúñiga siempre asistimos a cierta redención, a actos de entrega y heroísmo en medio del peligro, a situaciones donde, entre un humor siempre elegante y una rabia explícita ante el hecho de que no podamos ser mejores, acaba imponiéndose lo más noble y lo más limpio que pueda haber en nosotros. Escarcha, afortunadamente, no es una excepción, y en ella encontramos los numerosos registros de la prosa de su autor: el lírico, el casi barojiano a la hora de disponer los acontecimientos, el sentimental, el reivindicativo, el paisajístico, el telúrico, el psicológico... Los abusos sexuales o la violencia doméstica son temas laterales, pero implícitamente centrales de lo que se quiere contar: un país a medio hacer después de la destrucción, de la enemistad. Las primeras lecturas, las consecuentes militancias, las drogas ingenuas o, por supuesto, los amores rematan lo que Escarcha tiene también de novela de educación. Y eso de ser joven o adolescente en el momento de la muerte de Franco, ese doble despertar, es algo que la narrativa y el cine españoles nos han contado muchas veces, pero pocas con la intensidad sin unción, la belleza sin edulcorantes, la calma sin candor y el afán conciliador de estas páginas.