“Poesía reunida” de Roberto Bolaño

el 4 octubre, 2018 en Libro de la Semana

Poesía reunida

Poesía reunida

Bolaño, Roberto

ISBN

978-84-204-2886-4

Editorial

ALFAGUARA

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Hace ya mucho tiempo que ha quedado definitivamente certificado que, en contra de lo que algunos creyeron, el prestigio que se ha instalado sobre el nombre y la obra de Roberto Bolaño es mucho más que una moda o un malentendido pasajero. Unos años después de la aparición de la apoteósica (y apocalíptica) 2666 (ese sublime acercamiento al mal en el que sentimos que Bolaño estuvo a punto de acceder a una verdad desconocida e insoportable), que se unía a Los detectives salvajes, Amuleto, o esa obra maestra de página y media titulada «Jim» (cuento incluido en El gaucho insufrible, y ahora en la recopilación de Cuentos completos de Alfaguara), como muestras del talento abrumador del escritor chileno, nos llegó en 2007 La Universidad Desconocida, un libro que reunía toda su obra poética, tal como él —al parecer— la tenía ordenada y preparada. Pero diez años después todavía ha podido ser ampliada, con poemas perdidos o dispersos por revistas y plaquettes, más apéndices, índices y un claro aire de proyecto definitivo. Y viene precedida además de un prólogo, brillantemente argumentado, de Manuel Vilas (de quien ya reseñamos aquí su exitosa Ordesa), quien da en el clavo en muchas cosas, y también en el balance: “Hay mucha desesperación en la poesía de Roberto Bolaño. Tal vez porque la contemplación de la vida y del mundo de finales del siglo XX producía extrañeza, destemplanza y angustia. Producía una desesperación inteligente. Yo diría que ése es el sentimiento que predomina en esa poesía: una angustia que viene de muy adentro y que acaba siendo luminosa”.

Habrá quien piense que también la poesía de Bolaño brilla especialmente en los fragmentos en prosa, y especialmente en los que, bajo el título «Gente que se aleja», ya se publicaron en Amberes: cincuenta y siete párrafos en los que se insinúa una de esas historias inquietantes que él sabía forjar, concebidos desde un punto de vista explícitamente cinematográfico, como queda claro en «acotaciones» del tipo «Fundido en negro», «Primer plano de…», «La cámara se va alejando» (y es, por cierto, una película que podría dirigir David Lynch: bucles temporales, policías y detectives, pasillos siniestros, chalés abandonados, sexo mecánico, mujeres sin boca, un «jorobadito»…). Hay un personaje que afirma que “escribo para ver qué pasa con la inmovilidad y no para gustar” y no es difícil ver en ello una declaración de principios del propio Bolaño, así como, seguramente, cuando de otro (¿o el mismo?) personaje se dice que «Nunca ha pedido gran cosa de la vida, le basta con un cuarto y tiempo libre para leer».

Pero también la poesía en verso es vocacionalmente narrativa en Bolaño, y, desde luego, antisolemne, alérgica a cualquier intento de responder a las preguntas que no se pueden responder o que no tienen respuesta (aunque, paradójicamente, a veces con esa actitud se llega a una respuesta convincente): «El misterio del amor siempre es / el misterio del amor / y ahora son las doce del día y / estoy desayunando un vaso de té / mientras la lluvia se desliza / por los pilares blancos / del puente».

Resulta difícil escribir sobre un libro como éste, tan preñado de misterios, tan lleno de interrogantes y de obsesiones privadas: una tal Lisa, un tal Gaspar, Chile, México, Barcelona, los «detectives», la lluvia, los faros, o incluso ese omnipresente «Roberto Bolaño» que podría considerarse —muy significativamente— el protagonista del libro, el habitante principal de “la Universidad desconocida”.

¿A quién se dirige ese precioso poema titulado «Tardes de Barcelona» y qué significa?: «En el centro del texto / está la lepra. // Estoy bien. Escribo / mucho. Te / quiero mucho». Quizá lo más fascinante de Bolaño sea precisamente la imposibilidad de descifrar completamente los enigmas que construye en sus páginas, en las que se baraja su vida íntima, su memoria, su fantasía, la literatura o la metaliteratura, y creo que en este libro podemos encontrar también la mejor definición posible de su obra, ahora y en el futuro: «Un sueño maravilloso / que atraviesa países y años / Un sueño maravilloso / que atraviesa enfermedades y ausencias».

 

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