“La vida sumergida”, de Pilar Adón

el 4 diciembre, 2017 en Libro de la Semana

La vida sumergida

La vida sumergida

Adón, Pilar

ISBN

978-84-17088-37-8

Editorial

Galaxia Gutenberg

Donde comprarlo

Reconozco que formo parte del grupo de lectoras compulsivas, obsesivas casi, que cuando descubren una obra que se les mete dentro se lanzan a la búsqueda y captura de todo lo escrito por quien la firma, ya sean poemas, diarios, novelas, cartas o recetas de cocina. Así me ocurrió hace mucho tiempo con Cortázar, con Borges, con Clarice Lispector, con Marguerite Duras y con un largo etcétera de nombres que me entraron en las vísceras. Sin embargo debo reconocer, también, que con el paso de los años, con el agotador trabajo de librera a vida completa, con la conciencia de la finitud y el acercamiento cotidiano a magníficos escritos, la obsesión casi se ha disipado. Por eso, en la actualidad, son pocas las autoras de las que quiero, necesito, devorar toda la obra. Y una de esas autoras es, sin duda y sin remedio, Pilar Adón, cuya obra poética, crítica, narrativa, relatora y hasta instagranera leo con pasión admirada, como quien lee a una maestra. Las causas de mi fascinación por la escritura de Pilar, y más concretamente por La vida sumergida (Galaxia Gutenberg, octubre 2017), son, más o menos, las que a partir de aquí, de manera inevitablemente subjetiva, procuro exponer.

Primer paso: llega el libro. Antes de tenerlo entre mis manos, por las razones ya comentadas, he leído algunas críticas, conozco la portada y también el texto de la contraportada. Pero todo empieza cuando llega el libro, porque entonces lo cojo entre mis manos, me lo apropio, admiro la portada, releo la contraportada que abre el apetito, lo huelo, lo aprieto, tapo la bella imagen y me entrego al título: La vida sumergida. Así se titula, no una vida sumergida, no las vidas sumergidas, no vida sumergida. No. La vida sumergida. La vida. Pienso ¿qué es la vida, más allá de las definiciones escolares, cómo definiría yo la vida, y qué es, entonces, la vida sumergida, es una vida especial o es un atributo de la vida el estar sumergida? Consulto el María Moliner, pienso en el aire como líquido, en la atmósfera como lugar de vida, en la biosfera, en abajo. Me pierdo y en la pérdida descubro un motivo esencial que me impulsa a leer todo lo que escribe Pilar Adón: los títulos. Los títulos bellos y certeros que pone a sus excritos: El hombre de espaldas, Viajes inocentes, El mes más cruel, Mente animal, Las efímeras…, La vida sumergida. Esos títulos que designan e inquietan. Pilar Adón es una maga de los títulos, y esa aparente nimiedad es una de las causas que explican mi adicción a sus escritos.

Segundo paso: abro el libro. Busco la referencia de la foto de portada, acaricio el papel, respiro y voy al índice. El libro contiene trece relatos (ya lo había leído en alguna reseña). Leo los títulos. Calculo las dimensiones de cada historia y descubro que la central, “Un mundo muy pequeño”, es la más larga. Sonrío. Me implico como lectora. Me siento parte de un juego que me gusta. Reparo en que tres títulos están en latín (“Pietas”, “Fides”, “Virtus”). Establezco una relación rápida entre los tres títulos y vuelvo a sonreír. Hay dos que se nombran con una sola palabra (“Recaptación” y “Gravedad”), me intriga, quiero leer “Gravedad”, pero sigo husmeando los títulos. El último alude a un personaje shakesperiano (“Dulce Desdémona”), siento que debo empezar por éste, no sé por qué. Pero me paro en seco, repaso los títulos, me aseguro de que ninguno lleva el título del libro, porque ningún relato es el libro, porque La vida sumergida está en todas las historias y no puede ser una, porque… Sonrío de nuevo y tomo conciencia de que otro de mis motivos para abalanzarme sobre los textos de Pilar Adón , el segundo en esta larga y desordenada reseña, es la sensación de que nada está dejado al azar, de que todos los detalles están cuidados, de que como lectora tengo que descubrir claves ocultas, indagar, estudiar incluso. Y esta invitación a participar de las historias, esta manera de hacerme cómplice, de ofrecerme distintos planos de lectura, de incitarme a pensar, es una característica que pocas veces encuentro y que contribuye, y mucho, a mi pasión por la escritura de Pilar.

Tercer paso: cierro el libro. No me he leído el libro, y lo cierro. Necesito pasear, tomar el aire, darle vueltas a las intuiciones llegadas de hojearlo, decidir el modo de leerlo: ¿por orden, de un tirón, relato a relato, empezando por el último? Regreso al libro. Lo abro y me lo empapo de una sentada. No es mi forma habitual de leer relatos, pero necesito hacerlo en esta primera lectura. Cuando termino sé que hay relación entre todas las historias, que todas conforman La vida sumergida, y que todas son tan diversas como reales. Y son mágicas. En casi todas dos personajes de una familia, en algunas paisajes boscosos y en otras salones rusos o casas familiares, en varias miradas al exterior y búsquedas de futuro, en otras tantas recorridos por el interior y por el pasado. Y todas atrapan, todas me sumergen desde la primera frase, todas terminan dándole sentido al títulos, todas me oprimen (soy tan claustrofóbica como agorafóbica) y todas me son familiares. En todas me reconozco. Y veo que el tercer motivo por el que adoro leer a Pilar Adón es que me obliga a vivirme en sus palabras, que no me permite leer desde fuera, que me obliga a introducirme en los espacios que propone y que, además, lo hace desde la primera frase de cada uno de los relatos, porque cada relato tiene un inicio que marca el ritmo de la historia, y una vez empezado no se puede abandonar.

Cuarto paso: me dispongo a leer cada historia detenidamente, con el lápiz en la mano y el diccionario cerca. Sé que me llevará más de un día, así que decido dedicarle todos mis tiempos libres durante una semana. Leo cada relato dos veces, o más. Al principio en silencio y subrayando. Después de pie y en voz alta, caminando al ritmo de la palabra. En cada principio hay una afirmación que incita mi curiosidad y, por eso, cada relato debo leerlo sin parar en medio. Además, sólo así puedo sentir el ritmo, ese que Pilar Adón, tan bien, y también, domina, y que es mi cuarto motivo para leerla siempre y cada vez más. Prueben con la lectura en voz alta. La primera historia, “Pietas”, se inicia así: “Se habían habituado al licor de ajenjo y lo bebían de pie, por las mañanas, junto al fregadero de piedra o apoyadas en la escalera que movían de un lado a otro por la biblioteca para llegar a los estantes más altos”. ¿No les parece un ritmo circular que hay que continuar? ¿No les asombra la cantidad de información que contiene? ¿No les suena a voz de abuela contando? Vayamos a otro relato, “Recaptación”. Se inicia así: “La luz fue una cuestión esencial desde el principio”. ¿Sienten la curiosidad?

Quinto paso: cierro el libro, una vez más. Lo cierro sabiendo que lo abriré múltiples veces, que volveré a leer Othello, que subrayaré y anotaré en los márgenes, que buscaré más información sobre “Virtus”, que leeré fragmentos en voz alta, y que volveré a asombrarme. Y siento que todos los pasos me llevan al inicio, y que mis motivos de pasión por la escritura de Pilar Adón, por La vida sumergida, tienen que ver con el estar sumergida en la vida y sentir que las palabras leídas, una y otra vez, las historias magistralmente narradas, como éstas, nos hacen vivir más porque en cada lectura algo nuevo descubrimos y el asombro no cesa.

¡Gracias, Pilar!

Izaskun Legarza, Librería de Mujeres de Canarias (Santa Cruz de Tenerife)

 

 

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