“La muerte, el amor y la menta”, de Vicente Verdú

el 15 marzo, 2018 en Libro de la Semana

La muerte, el amor y la menta

La muerte, el amor y la menta

Verdú, Vicente

ISBN

978-84-947671-6-6

Editorial

Bartleby editores

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“Que escribir / sea un consuelo / es desconsolador”, escribe Vicente Verdú en su nuevo libro (que es el segundo suyo de poemas), y probablemente tenga razón, pero para sus lectores leerle es ante todo un placer, un nuevo aprendizaje. En un libro que condensa larga experiencia, sabiduría activa, belleza indagadora y emoción contenida, el veterano ensayista nos brinda un enorme puñado de versos memorables, con una tendencia aforística que sin embargo no convierte la suya en una “poesía de frasecitas” (¡la poesía no se hace con frases!) sino en un texto vivo que entre intuiciones y tropos audaces accede a pequeñas conclusiones, a verdades trabajadas, con algún lamento elegante (“Me arrepiento, pues, / de no haber dado más de mí”), sin terminar de resignarse a tener que rendirse.

“La mayor libertad se obtiene / cuando desaparece el deseo de agradar”, nos dice, y lo hace entre “lobos amarillos” y “lagunas de lavanda”. “El amor sólo sabe turbiamente de sí / y no admite investigación alguna”, comprende con buena puntería, y lo hace entre selvas que bostezan y “mansos cocodrilos blancos”. Hay muchísimos animales coloreando los poemas de Verdú, haciendo voluptuosa una poesía que busca también lo racional, inyectando magia a la inteligencia. Por lo demás está, claro, el apremio de lo vital, la perplejidad por lo vivido, las cautelosas promesas de lo todavía vivible…, y también los miedos privados y las amenazas de la enfermedad, pero incluso éstas se ven impulsadas por los anhelos, el deseo, la necesidad palpitante y acaso definitiva de una elevación: “Si vivo, al menos, / un año y medio más / conduciré / el nuevo Amarok / de Volkswagen”. ¿Ironía? En absoluto. Pura ternura hacia sí mismo, una suerte de “autodulzura” que suprime la autocompasión y que, tan bien expresada, queda proyectada en todos, por todos, para todos. Un coche mejor como destino: un futuro en el que seguir avanzando, vivos, muy atentos: “Siempre deseé ser eterno, / por curiosidad”.

La muerte, el amor y la menta es un libro muy especial, escrito en carne viva, pero sin dramatismo. Es un libro sabio, serio por el tema latente pero bienhumorado, agradecido, todavía juguetón. Y es ante todo una celebración, no sólo de lo disfrutado sino de lo soñado, lo pensado, lo posible: “¡qué gran paz / pasear con una mujer inteligente!”. Hay melancolía, y una tristeza natural, pero no nostalgia: “El tiempo no se ve, de acuerdo, / pero son estremecedoras sus fotos”. Se trata, simplemente, de que es una pena ir a morirse, y estos poemas saben expresarlo sin obviedades y sin tópicos (aunque hablen del lugar común por excelencia, el destino de todos).

Pudoroso y verdadero, lleno de talento y de picardía, menos fúnebre que gozoso, pre-elegíaco pero no descarnado, más o menos conforme (aunque cueste), es éste un poemario inolvidable, importante, rebosante de luz ante la puerta de las sombras.

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