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Los Libros del Verano de 2018

el 1 agosto, 2018 en Los Más Recomendados

Se atribuye a Plinio el Viejo aquella sentencia que creía que “de no ser por los libros, la cultura humana sería tan efímera como lo son los hombres”… A los veranos les ocurre lo mismo: pasan rápido, pero gracias, entre otras cosas, a los libros, son eternos, nunca se olvidan. Veranos y largas horas de lectura van trenzados en nuestra memoria desde siempre. Ahora es tiempo de recuperar, de releer, de entregarse a los clásicos. Ahora sí hay tiempo, por fin, para volver a Stendhal o acabar Solenoide. Y habrá horas también para (algunos de) los libros que durante este curso se han quedado arrinconados, eclipsados por otras urgencias… Aquí, desde las librerías independientes, proponemos diez libros de 2018 que merecen ahora su oportunidad, y que nos mejorarían el verano. En agosto da tiempo a leer los diez, y conviene hacerlo, que septiembre acecha…

Patrick ha vuelto

Patrick ha vuelto

Tey, Josephine

ISBN

978-84-16537-34-1

Editorial

Hoja de Lata Editorial

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Pensamientos desde mi cabaña

Pensamientos desde mi cabaña

Kamo no, Ch?mei

ISBN

978-84-16544-75-2

Editorial

Errata Naturae Editores

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La frontera salvaje

La frontera salvaje

Irving, Washington

ISBN

978-84-16544-60-8

Editorial

Errata Naturae Editores

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La playa

La playa

Pavese, Cesare

ISBN

978-84-948335-2-6

Editorial

Altamarea Ediciones

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La señora Fletcher

La señora Fletcher

Perrotta, Tom

ISBN

978-84-17007-35-5

Editorial

Libros del Asteroide

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La novia gitana

La novia gitana

Mola, Carmen

ISBN

978-84-204-3318-9

Editorial

ALFAGUARA

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Hecho en Saturno

Hecho en Saturno

Indiana, Rita

ISBN

978-84-16291-66-3

Editorial

Periférica

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Imágenes de suecia

Imágenes de suecia

Gustafsson, Lars

ISBN

978-84-17281-58-8

Editorial

Nórdica Libros

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7-7-2007

7-7-2007

Manzini, Antonio

ISBN

978-84-16237-26-5

Editorial

Salamandra Black

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Lejos del corazón

Lejos del corazón

Silva, Lorenzo

ISBN

978-84-233-5390-3

Editorial

Ediciones Destino

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Siete viajeras

el 25 julio, 2018 en Recomendaciones temáticas

Es tristemente indiscutible que la geografía de las mujeres ha sido durante milenios muy distinta de la de los hombres, y que para desplazarse (como, por otra parte, tuvieron que hacer la mayoría de los varones) sólo podían contar con la imaginación, con la lectura, con lo que otros contaban. Pero ahora que, por fin, los mapas de unas y otros se han sincronizado en la mayor parte del mundo, es el momento de conocer a fondo cuál ha sido la mirada femenina sobre los paisajes ajenos o lejanos, sobre los confines, sobre los pueblos. Pioneras o contemporáneas, mujeres más de acción o más meditativas, trepidantes o serenas…, reunimos aquí a un buen número de mujeres que colorearon su vida con viajes, en algunos casos realmente singulares, o que, de hecho, hicieron de los viajes el principal motor de su existencia, una pasión llevada a buen puerto.

 

AL OESTE CON LA NOCHE, de Beryl Markham  (Libros del Asteroide)AL OESTE CON LA NOCHE, de Beryl Markham (Libros del Asteroide)

En España tenemos en la maravillosa poeta malagueña María Victoria Atencia a una sorprendente aviadora, por no referirnos al ilustre y consabido caso de Antoine de Saint-Exupéry, pero ha habido más escritores aviadores y, por supuesto, más escritoras aviadoras. En su día, la librería Oletvm de Valladolid dijo en su reseña de este libro que iba “a gustar a los amantes de la aventura, a los interesados en la aviación, a quienes les gustan los caballos, a quienes sienten pasión por África, a los cazadores, a los que disfrutan con las memorias de personajes extraordinarios, a quienes aman la naturaleza… y a todos los que disfrutan con un buen libro”. Tenían razón, sin duda, pues el libro ha circulado tanto como su osada autora, que es también su protagonista, y ambas, según afirman, tienen como lema en la vida la certeza de que «Ningún día debería parecerse al anterior». Rescates, batallas, pre-ecología o animales sin nombre… Todo eso hay en las cuatro secciones de este libro magistral, tan distinto a todos esos libros con los que, en principio, podría compararse.

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ALREDEDOR DEL MUNDO EN SETENTA Y DOS DÍAS (Y OTROS ESCRITOS), de Nellie Bly (Capitán Swing)

ALREDEDOR DEL MUNDO EN SETENTA Y DOS DÍAS (Y OTROS ESCRITOS), de Nellie Bly (Capitán Swing)

La periodista Nellie Bly, al margen de todo tópico, es la típica persona que resultaría inverosímil si fuese un personaje. En este libro se reúnen muchas de sus crónicas (algunas tan increíbles como reales…), entre ellas sus reportajes desde clínicas psiquiátricas en las que ingresaba fingiéndose demente, o historias de adopciones dramáticas… Pero el corazón del libro son esas doscientas páginas en las que a Bly, en una pequeña crisis de falta de ideas, se le ocurre la idea más sencilla y a la vez la más estrafalaria: emular explícitamente a Phileas Fogg y tratar de repetir su famosa hazaña, pero esta vez a este otro lado de la ficción, en nuestra habitualmente prosaica realidad. En un viaje en el que, graciosamente, se encontró con el propio Jules Verne, Bly se propone dar la vuelta al mundo y su peripecia se va siguiendo y contando en los periódicos con una atención masiva, lamentando los retrasos o imprevistos, haciendo cálculos y apuestas, adelantando acontecimientos (en los dos sentidos de la expresión: narrando cosas que después contaría la propia implicada y aventurando posibles finales…). Y ese suspense sigue vigente…

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MI VIDA EN LA CARRETERA, de Gloria Steinem (Alpha Decay)MI VIDA EN LA CARRETERA, de Gloria Steinem (Alpha Decay)

Superadas las cuatro páginas de prólogo, que paradójicamente comienzan en un avión (“los pasajeros de un avión se parecen siempre a su destino”, afirma la autora…), la veterana activista Gloria Steinem arranca la crónica de su propia vida explicando que cuando le preguntan cómo puede mantener tanta curiosidad y tanta energía, ella siempre responde “Porque viajo”, y que al menos cuarenta años de su ahora octogenaria existencia transcurrieron donde el título general apunta: en la carretera. La pasión que declara aquí sobre los kilómetros, la sucesión de paisajes o las noches en los asientos de atrás es no sólo comprensible sino contagiosa, y se alza como una alegoría de la aversión por cualquier tipo de acomodamiento, un alegato contra la vida sedentaria, sobre todo en lo que respecta a las convicciones ideológicas, los prejuicios enquistados, lo aprendido y no pensado. A nosotros nos convence esa actitud inconformista, rebelde con causa, inquieta, antinostálgica… ¿Por qué? Porque leemos.

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FLÂNEUSE, de Lauren Elkin (Malpaso)FLÂNEUSE, de Lauren Elkin (Malpaso)

Apoyada en una abrumadora bibliografía de diez páginas, pero ante todo guiada por su propia experiencia personal, la neoyorquina Lauren Elkin (aunque hacia el final del libro recibe la nacionalidad francesa) aporta un eslabón muy importante a esa tendencia de libros sobre el caminar y el paseo con los que algunas editoriales nos han alegrado la vida a muchos en los últimos años. Sucede que lo de deambular despreocupadamente por las calles de Europa es algo que también ha sido sospechoso o difícil o peligroso o directamente imposible para las mujeres hasta hace dramáticamente poco, y en este libro se hurga en eso, sobre todo al principio, con una perspectiva histórica que, felizmente, es desmentida a conciencia con los pasos de la propia autora por ciudades tan tradicionalmente caminadas y narradas como París, Venecia, Londres o Nueva York, aunque también urbes más exóticas o desconocidas para nosotros como Tokio o Hong Kong. No sólo hay que repensar las cosas desde una perspectiva femenina y feminista, sino que también conviene “repasearlas”, no seguir las huellas de flâneurs anteriores, no imitar itinerarios codificados por otros, no obedecer recorridos impuestos, subvertir los caminos heredados.

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PEREGRINOS DE LA BELLEZA, de María Belmonte (Acantilado)PEREGRINOS DE LA BELLEZA, de María Belmonte (Acantilado)

Hay innumerables testimonios sobre la belleza y la sensualidad del sol mediterráneo, pero pocas veces se ha traducido a texto de tantas formas yuxtapuestas o simultáneas (o, mejor, a través de tantas voces, recopiladas, convocadas, antologadas…) como en este ensayo errante. En este hermoso y exitoso libro (que va por su quinta edición…) la bilbaína María Belmonte hace a la vez un viaje de segunda y de primera mano, pues, mientras ella misma va recorriendo los lugares que le interesan, le atraen o la ocupan, los va invocando y comentando a través de visitantes remotos, de palabras ajenas más o menos canónicas. El resultado es precioso (qué reconfortante el capítulo dedicado al genial sueco-italiano Axel Munthe, tan editado en su tiempo y tan pendiente de reedición…), y Belmonte ha perseverado en ese tono en libros sucesivos, como en ese “viaje a pie” por la costa vasca que acaba de ofrecernos en Los senderos del mar (y en el que van con ella compañeros de viaje tan divertidos y sabios como Goethe, Victor Hugo, Charles Darwin o Jane Austen…).

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AZULES SON LAS HORAS, de Inés Martín Rodrigo (Espasa)AZULES SON LAS HORAS, de Inés Martín Rodrigo (Espasa)

A quienes leemos habitualmente las páginas culturales de ABC, y en ellas los reportajes, entrevistas y semblanzas de Inés Martín Rodrigo, no nos sorprendió ni su salto a la narrativa ni la calidad del resultado de ese paso. Y es la vida de otra periodista de ABC, precisamente, la que reconstruye en las páginas de esta novela. Nacida en una aldea de Galicia, Sofía Casanova está considerada la primera corresponsal de guerra española que cubrió un conflicto de forma permanente. Su sorprendente vida la llevó a recorrer Europa en tren varias veces, y vivió en Inglaterra, Alemania, Polonia y Rusia. Conoció a las sufragistas inglesas, entrevistó a Lev Trotski, sorteó censuras de todos los signos y alternó las visitas a la aristocracia con las incursiones entre las clases más pobres para tener un panorama completo de lo que estaba ocurriendo en sus días. A Casanova le sorprendió en Polonia el estallido de la Primera Guerra Mundial, y la vivió de cerca, al igual que ocurriría después con la Revolución Rusa y la Segunda Guerra Mundial, y de todas ellas informó para el periódico de Torcuato Luca de Tena, quien le concedió muchas portadas, muy lejos de las páginas típicamente “femeninas” sobre hogar, moda o cocina.

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REPORTERAS ESPAÑOLAS, TESTIGOS DE GUERRA, de Ana del Paso (Debate)REPORTERAS ESPAÑOLAS, TESTIGOS DE GUERRA, de Ana del Paso (Debate)

Hace unos veinticinco años se pusieron de moda y los leímos a todos: a Arturo Pérez-Reverte, a Ramón Lobo, a Manuel Leguineche, a Gervasio Sánchez… Lo que no trascendió entonces, pero ahora sí, es que no sólo en esa generación de la Guerra de los Balcanes había ya reporteras españolas cubriendo el conflicto, sino que hubo muchas otras mucho antes, y las ha seguido habiendo después, pues por desgracia eso de las guerras es algo que siempre está vigente, y demandando a quien informe sobre ellas con objetividad, conocimiento y valentía. Ana del Paso, profesora de Relaciones Institucionales en la Universidad Complutense de Madrid, ha rastreado a las pioneras (entre ellas a Sofía Casanova, de quien hablábamos arriba), ha entrevistado a las veteranas, ya en la retaguardia, y ha descubierto a las que siguen en activo, homenajeando de paso a todas, generalmente arrinconadas, oscurecidas, minusvaloradas. Escritoras, reporteras, fotógrafas o cámaras que, junto a las diplomáticas, las traductoras, las observadoras internacionales, las intermediarias y hasta ¿las soldados?… completan un retrato de grupo que desmiente aquello tan paternalista y candoroso que decían los clásicos de que “la guerra es el mundo sin mujeres”.

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“La larga carretera de arena”, de Pier Paolo Pasolini

el 23 julio, 2018 en Libro de la Semana

La larga carretera de arena

La larga carretera de arena

Pier Paolo Pasolini

ISBN

978-84-16529-64-3

Editorial

Gallo Nero Ediciones

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A sus treinta y siete años, cuando aún no había dirigido ninguna película pero ya se las había visto en más de una ocasión con la Justicia italiana, Pier Paolo Pasolini recibió el encargo de recorrer las playas italianas y escribir un reportaje en tres entregas para la revista Successo. Era el verano de 1959 y todo ardía: “la playa está en la plaza. Las puertas de las casas y los cafés dan a la escasa arena, y, sobre la escasa arena, se esparce la multitud de los grandes días de verano. Una feria estupenda, de rojo, azul y verde, en la que los jóvenes, los niños, las madres, los marineros, la pobre gente, se amontona festiva entre gritos, risas y juegos”.

Pasolini es más poeta en su prosa o en su cine que en su poesía (donde tendía a una amplificación excesiva, a cierta grandilocuencia), y en La larga carretera de arena lo demuestra cada pocas líneas de un modo destellante. Todo es cotidiano y todo le sorprende, y hasta lo vulgar le resulta extraordinario, revelador, digno de exaltación. Según él mismo dice, le “arrastra un gozo tal por ver que es casi como si estuviera ciego”, y el resultado, más que un reportaje de las playas italianas, es una improvisada apología del verano, pura celebración de todo lo que vive.

Ya hay algo gozoso e irresistible simplemente en algunos topónimos –Castellammare, Tarento, Pescara, Cattolica, Chioggia…–, míseros y calcinados (dado que por esos días hasta “el sol arde”), pero Pasolini aporta además su mirada ante los paisajes y junto a las gentes, convencido de que “la curiosidad siempre es más fuerte que la prudencia”: hay una bañista holandesa “bella como un pequeño ciprés”, alemanes “rubios como mazorcas”, “piernas desenvainadas como un par de dagas”, en Nápoles le invade “una peste a pescado que parte el corazón”… Aunque permanece pocas horas en cada lugar (o, directamente, pasa de largo), el viajero no deja de anotar alguna pequeña impresión, una pincelada, un juicio o un prejuicio. Esta edición de Gallo Nero, traducida por David Paradela López, presenta sangrados los fragmentos que no se publicaron en Successo y, aunque no se explican los motivos de esas omisiones, en muchos casos es fácil intuirlos. Sí se dio luz verde, sin embargo, a un fragmento que, al circular, ofendió a las gentes de Cutro (retratado como “el pueblo de los bandidos”), y se reproduce como apéndice la carta que Pasolini escribió en respuesta a esa reacción (y en la que sus explicaciones y disculpas, probablemente, multiplicarían el sentimiento de ofensa, algo muy pasoliniano).

Aunque “el demonio del viaje me empuja hacia el sur”, desde Roma a Sicilia bordeando el Mediterráneo, Pasolini culminó su recorrido subiendo por la costa adriática hasta Venecia y Trieste, lugares bien conocidos por él, playas de su infancia, y así remató un viaje y una crónica que, leídos ahora como libro, constituyen un retrato parcial y un tanto arbitrario, pero también nítido, hiperpoético e hipervital, de las orillas de una Italia que, para bien o para mal, ya era neorrealista. Nosotros hemos leído este libro con los pies metidos en el agua, bajo todo el sol del mundo, rebozados en arena, con los ojos borrosos por la sal… pero no es el único modo de recorrerlo, y podrá ser también un consuelo en el invierno, o acaso un sucedáneo leído tierra adentro. Sea como sea, la lectura de este libro supone un jolgorio elemental, algo un tanto primitivo, pues es una defensa de la vida en estado puro, del dejarse llevar, de la improvisación estratégica y de la indolencia atenta, de la pereza vigilante, del placer trabajador. Un libro perfecto para el verano, entendiendo que el verano lo es todo, que siempre es verano, y que la vida, aparte de una estirada carretera flanqueada por playas, es un largo y refulgente mes de agosto en el que sumergirse a conciencia, pero también un poco inconscientes.

Siete viajeros

el 18 julio, 2018 en Recomendaciones temáticas

Muchas veces hemos escuchado eso de que leer es viajar, o de que, cuando antiguamente sólo unos pocos intrépidos podían viajar realmente, leer era una forma de trasladarse a otros lugares, soñar con ellos, imaginarlos… La lectura, pues, entendida un poco como triste sucedáneo. Pero a algunos de nosotros nos ocurre algo muy distinto y, ahora que se han acabado los viajes de verdad y que sólo queda la posibilidad de dejarse trasladar por el mundo, seguimos desplazándonos por ahí, ante todo, para poder leer mejor, para tratar de entender más profundamente cosas que hemos leído. Cuando uno pasa un par de noches en la Vega de Granada comprende mejor los poemas (y el teatro) de Federico García Lorca, hasta que no se pasea unas horas por las cuadriculadas calles de Oak Park no se siente que se va a poder descifrar mejor los cuentos de Hemingway, etcétera. Que cada uno ponga sus ejemplos, pues todos lo habremos sentido en algún momento, en algún lugar, de modo que insistimos: no leemos para viajar de otro modo, como consolación, sino que viajamos en busca de claves de lectura, de pistas, de señales, de confirmaciones…

 

ESTAMBUL, de Orhan Pamuk (Literatura Random House)ESTAMBUL, de Orhan Pamuk (Literatura Random House)

Pero, eso sí, también se pueden hacer viajes y expediciones y exploraciones apasionantes en tu propia ciudad natal, en el lugar donde has vivido siempre…, lanzar declaraciones de amor a tus calles que a la vez rebosen erudición por su historia, apego por sus habitantes, implicación en sus sucesos y sus leyendas y, una vez más, sus relatos. Orhan Pamuk arrebató a los lectores de todo el mundo en 2005 con su retrato sentimental de Estambul, y muy probablemente ese libro fue determinante para que se le concediese el Premio Nobel al año siguiente. Ahora ha aparecido una edición de Estambul. Ciudad y recuerdos que se presente como “definitiva” y que es realmente suntuosa, irresistible, al incluir el texto original de Pamuk, acompañado de nuevos paratextos y, sobre todo, ilustrado con una magnífica y voluminosa colección de fotos y postales de la vieja Constantinopla. Pocas veces una ciudad se ha visto traducida a libro de un modo tan espectacular y satisfactorio.

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TODAS LAS HISTORIAS, de Enric González (RBA)TODAS LAS HISTORIAS, de Enric González (RBA)

Es un lugar común que buena parte de la mejor literatura contemporánea se ha podido leer en los periódicos, en las columnas de opinión, en las crónicas deportivas o taurinas, en las entrevistas, en la crítica literaria o musical o de teatro… ¿Y qué haríamos sin los corresponsales? Enric González ha practicado buena parte de los géneros periodísticos recién listados, pero fue al “tomar el pulso” de Nueva York, de Londres o de Roma donde González ofrece lo mejor de sí, páginas amargas o desternillantes, apasionadas o escépticas, luminosas o medio tétricas. Con necrológicas y con exaltación, entre la gloria y la elegía, y con felicísimas incursiones futbolísticas, esta recopilación (con recapitulación) de todas sus crónicas es una lección de periodismo, esto es, una lección de literatura, es decir, una lección de la más ruidosa y apacible vida.

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EN LA PATAGONIA, de Bruce Chatwin (Península)EN LA PATAGONIA, de Bruce Chatwin (Península)

En el que es el libro más clásico de un verdadero clásico de los viajes del siglo XX, Bruce Chatwin ofreció, aparte de una ópera prima asombrosa, todo un ejemplo de cómo contar una peripecia personal por el fin del mundo (o por lo que todavía resultaba el fin del mundo a las alturas de 1977 para alguien nacido en Sheffield en 1940). Es famoso que, en su caso, la “magdalena” que desencadenó todo fue el fragmento de una supuesta piel de brontosaurio llegada de la Patagonia que su abuela guardaba y exhibía en una vitrina. Había sido un primo de esa abuela el que, décadas atrás, recogió la reliquia que fascinó al niño e iluminó su infancia, y ese pequeño cuero, casi a modo de mapa, guió sus pasos hacia el otro costado del mundo, de donde Chatwin no se trajo restos orgánicos sino uno de los libros más apasionantes que hemos leído.

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VIAJAR, de Robert Louis Stevenson (Páginas de Espuma)VIAJAR, de Robert Louis Stevenson (Páginas de Espuma)

Lo ideal es que las páginas sobre determinados lugares, ya sean propios o ajenos, ya sean visitados durante unas pocas horas o estén habitados por el cronista durante años…, se complementen con algún tipo de teoría del viaje, o que por lo menos se adivine que subyace en ellas una filosofía, un punto de vista particular y original. En este libro se reúnen los ensayos que Robert Louis Stevenson aportó en esas dos líneas, tanto las descripciones de lugares (desde su Edimburgo natal a, por ejemplo, Nueva York, pero siempre en Europa y América, sin llegar a esas legendarias Islas del Sur sobre las que escribió narraciones y en las que acabó muriendo) como sus reflexiones al hilo de los desplazamientos, del vagabundaje, de la errancia (entre los que destaca, traducido ahora por Amelia Pérez de Villar, esa glosa a William Hazlitt, “Viajes a pie”, que también acaba de reproducirse en Caminar).

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VIAJES CON CHARLEY, de John Steinbeck (Nórdica Libros)VIAJES CON CHARLEY, de John Steinbeck (Nórdica Libros)

“Cuando yo era muy joven y sentía dentro ese ansia de estar en otro sitio…” Hay primeras frases que son reconocibles incluso la primera vez que las lees, y quienes hayan leído Las uvas de la ira, o Al este del edén, o ese cuento maravilloso que es Los crisantemos, o ese desgarrador making of de Las uvas… que se tituló Los vagabundos de la cosecha… sabemos que estamos en casa en cuanto leemos ese arranque, lo cual es paradójico, pues se trata de un libro en el que John Steinbeck, ya con cincuenta y ocho años, comprendió que había olvidado lo que eran los Estados Unidos reales y se fue a recorrerlos con su perro Charley y su vieja furgoneta Rocinante. Su concepto de viaje era el romántico: “no hacemos un viaje: nos hace él a nosotros”, pues “un viaje es como el matrimonio: la forma segura de equivocarse es pensar que lo controlas”, de modo que en estas páginas regresamos a la esencia del género: territorios inhóspitos mirados y contados con inteligencia y talento. Este libro nos lleva a nosotros a “la América profunda”, y a Steinbeck lo llevó a Estocolmo cuatro años después.

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CONFINES, de Javier Reverte (Plaza & Janés)CONFINES, de Javier Reverte (Plaza & Janés)

Quienes por una parte admiramos los libros de Javier Reverte, seguramente el mejor escritor español vivo de viajes, y por otra somos adictos a todo lo que llegue del Gran Norte, encontramos en este Confines. Navegando aguas árticas y antárticas una pequeña cajita de sueños y placeres, con la ventaja de que también se nos lleva en él a lo más meridional. A través, fundamentalmente, de conversaciones con lugareños (inolvidable aquella con la “malcasada” noruega o,algo más inquietante pero no mucho menos divertida, la que mantiene con el pinochetista), Reverte acierta a levantar un retrato contemporáneo de esos extremos, aunque en lo que respecta al Sur también ensaya una historia de las exploraciones, los intereses, las carreras, las gestas más o menos logradas.

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LA ISLA, de Giani Stuparich (Minúscula)LA ISLA, de Giani Stuparich (Minúscula)

Si las crónicas de viajes son, al cabo, un subgénero de la narrativa, hay un subgénero de ese subgénero que consiste en la narración del regreso al hogar, a la patria, a la semilla. Esa línea ha proporcionado obras maestras de muchos tipos tanto en la narrativa (como la sublime Conversación en Sicilia de Elio Vittorini) como incluso en la poesía (el poema “Reference Back” de Philip Larkin…), y aquí traemos otra nouvelle muy celebrada, cuyo epiloguista, Claudio Magris, califica con razón de “relato admirable de vida y muerte”. Un moribundo pide a su hijo que le acompañe por última vez a la pequeña isla adriática en la que aquél nació, pues, como dirá después, ya llegados, “de viejos nos gusta asegurarnos de que el mundo no ha cambiado del todo”… Contado principalmente desde la perspectiva del hijo treintañero, éste es un relato precioso sobre la nostalgia preventiva, sobre cómo amar lo que se apaga.

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“Benarés, India”, de Jesús Aguado

el 12 julio, 2018 en Libro de la Semana

Benarés, India

Benarés, India

Aguado, Jesús

ISBN

978-84-17143-39-8

Editorial

Editorial Pre-Textos

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La verdad es que, bien pensado, eso de ser poeta e irse a vivir a la India es un poco hacer trampa. Y no sólo por el extra de inspiración, amplitud mental y serenidad que ese país, al menos en nuestros prejuicios, ofrece, sino por eso que el propio Jesús Aguado explica en este curioso diario de que en la India tienen un respeto casi supersticioso por los poetas, y si demuestras que lo eres tienes poco menos que inmunidad diplomática desde que te apeas del avión. Estamos exagerando, sí, pero no demasiado: Aguado, según cuenta él mismo, se movía por los pasillos indios con el único libro de poemas suyo en el que aparece su retrato en la solapa, y eso le abrió puertas o le agilizó trámites. “Un poeta siempre es bien recibido en la India”, le decían, y así él podía acceder más rápidamente a sus abluciones civiles o a las gestiones del alma.
Ésa era la parte buena de las estancias en Benarés que recuerda para nosotros en este libro el magnífico poeta malagueño, y la mala eran los mosquitos, el calor, el caos del tráfico, algunas discusiones entre gritos (pues son budistas, sí, pero también humanos). Lo espiritual se une a la calamidad en unas páginas en las que Aguado no incurre en el misticismo postizo y superficial precisamente porque su atracción por las culturas orientales no es eso que ahora se llama “postureo”, sino verdadero trabajo interior, y por otra parte la suya es una erudición realmente generosa, esto es, que no abruma ni fatiga al lector con excesivos datos, sino que lo hechiza y entretiene con algunas pocas cosas que sugieren una inmensidad, un mundo rico, enigmático y sabio al que entregar parte de la vida, y en el que no da miedo morir.
Lo que aquí se cuenta son dos largas estancias en Benarés separadas por varios años, más varias visitas breves, pero nunca queda muy clara la cronología, y se diría de hecho que las dos estancias prolongadas se superponen y se solapan y hasta se confunden, como si la estructura del libro quisiera compartir y hacer suya esa abolición del tiempo que, al parecer, se da en las filosofías del Indostán. Da un poco igual cuándo sucedieron las cosas, parece insinuarse: el caso es que sucedieron y dejaron su poso, su enseñanza, su mensaje, aunque a veces se tarde lustros en estar preparado para descifrarlo y entenderlo. Así sucede, por ejemplo, en el mejor pasaje del libro, cuando Aguado cuenta cómo reconoció en un conductor de carros hindú la misma camiseta verde que, por viejísima y raída hasta el extremo, Aguado había desechado y tirado a la basura con pena quince años atrás: si esa historia es inventada, es una gran idea literaria; si es real, entonces casi estamos hablando de un milagro, una de esas cosas que sólo suceden lejos.
Pero hay mucho más: es sublime y reconocible el endecasílabo con el que Aguado, aliviado, da por terminada una relación amorosa tóxica: “¡Qué hermosos son los búfalos sin ti!”, y en los epílogos al libro recorremos el Ganges en una barquita o visitamos la librería más singular y estrafalaria del planeta. Nosotros, como libreros, hemos de destacar este pasaje, pero sin desvelarlo: esas horas en la librería Motilal, donde una cobra blanca puede perfectamente aparecer y saludarte con la lengua si sacas de las estanterías algún volumen, o donde la gente se queda a dormir entre cucarachas y ratones (que, estando en Benarés, pueden ser parientes cercanos), o donde el librero, al vender un libro, lo estrella contra el suelo de plano para librarlo del polvo acumulado en décadas… son impagables, y ponen una de sus tres guindas epilogales a un libro realmente particular, diferente, dueño de un extraño equilibrio y una armonía inexplicable entre tanto salto temporal, tanto cambio de tema, tanto poema (bueno) interpolado, tantas horas muertas (pero no vacías) de meditación. Un cuaderno tan sencillo casi como su título, pero también complejo, estratégicamente misterioso, naturalmente raro.