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“El libro más peligroso. James Joyce y la batalla por Ulises” de Kevin Birmingham

el 3 mayo, 2017 en Libro de la Semana

El libro más peligroso

El libro más peligroso

Birmingham, Kevin

ISBN

978-84-944587-3-6

Editorial

Es Pop Ediciones

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«Algunas partes eran tan opacas e ininteligibles que me resultó difícil entenderlas en lo más mínimo. Fue como caminar sin que los pies toquen suelo firme.»
«Eso es lo que me perturba. Que me parece entenderlo.»

«Convirtió la insurgencia cultural en una virtud cívica»

Es Pop ediciones ha publicado un libro sobre las vicisitudes de la publicación del Ulises de Joyce* que será referencia. Un ensayo sugerente. Fresco y ameno. El autor, Kevin Birmingham, historiador literario y profesor en el programa de Historia y Literatura de Harvard, ha realizado un trabajo extraordinario de búsqueda de documentos, tanto en archivos personales, de bibliotecas o universidades como en burocráticos de una magnitud sorprendente.
El resultado: un libro erudito, pero no pedante, que nos cuenta en paralelo la escritura, la vida y el ajetreo cotidiano de Joyce y su familia (Nora, su compañera, y sus dos hijos) y la lucha de un heterogéneo, disparatado y heteróclito grupo por conseguir publicar la Novela por excelencia del siglo XX.

Como dice el autor, «ésta es la biografía de un libro» (p. 15). «La biografía de Ulises abarca más que la historia de un genio desafiante. La persistencia y el sacrificio de Joyce, su talento y su concienzuda obra, inspiraron la devoción de quienes le rodeaban, una devoción de que, a su vez, él estaba desesperadamente necesitado; hasta la empresa más individualista requiere de una comunidad» (p. 29). Una comunidad que, en este caso, fueron sus editoras, marchantes de arte, libreros, abogados, escritores, etcétera.

El libro comienza con los primeros pasos de Joyce en Dublín y con su decisión, tras publicar un folleto incendiario, de marcharse del país. Antes, conoce a la que será su compañera de vida, Nora Barnacle. Llegan a Trieste y, a partir de 1915, Joyce imagina cómo será la novela: «el plan era convertir el día en una unidad recursiva de complejidad deslumbrante que capturase de manera simultánea el elemento circadiano y el todo trascendental. Un día de julio en Dublín sería un fractal de la civilización occidental» (p. 75). La novela se gestó durante unos años en los cuales Joyce sufrió múltiples ataques oculares, infecciones y más de una docena de operaciones que lo dejaban postrado y casi ciego: «Ulises fue una procesión de borradores, una novela sedimentaria que fue ganando masa partícula a partícula» (p. 125).

Cuando comienzan a publicarse fragmentos y capítulos del libro, comienzan los problemas. La censura atacó las dos revistas que publicaban extractos de la novela por su “obscenidad” y así fue durante más de una década. “The Egoist” (Inglaterra) y “The Little Review” (EEUU) eran una forma emergente de cultura y de gran alcance, nacidas al albur del S.XX.

Sólo el esfuerzo conjunto de editores, impresores y libreros (en diferentes niveles), sumado a una batalla legal, consiguió resquebrajar los fundamentos del puritanismo y de las obras no censurables moralmente.

Los últimos capítulos de El libro más peligroso narran las quijotescas andanzas del abogado Morris Ernst para conseguir llevar el libro a juicio, de modo que fuera valorado por su calidad literaria no por su supuesta obscenidad y, finalmente, la declaración del juez Woolsey, digna de entrar en los anales de la literatura y, a la vez, la sentencia más leída de la historia, ya que fue publicada dentro del Ulises durante muchos años.

«La cultura necesita espacios físicos… los centros culturales existen porque son ejes para las periferias»

Los cafés, las tabernas, los salones, las bibliotecas, los parques, las librerías y un largo etcétera consiguieron generar espacios de encuentro, de discusión, de peleas y reconciliaciones, de lectura, que conformaron nuestra época y se convirtieron en generadores de sedición y libertad. En este sentido, El libro más peligroso da cuenta de la insubordinación y la lucha contra leyes injustas que daban una potestad excesiva al Estado a la hora de decidir qué libros eran perjudiciales para la sociedad. Además de la defensa de su calidad literaria, el Ulises se convirtió así en la piedra angular de esa lucha mantenida en el tiempo para acabar con la censura. Y esto, desde luego, es algo que Joyce no podría haber hecho sin «una pequeña ayuda de sus amigos». Esta es, posiblemente, una de las lecturas más hermosas y edificantes que podemos hacer del libro de Birmingham.

«Por algunos novelistas merecía la pena luchar»

Sylvia Beach (librera de Shakespeare & Company), Margaret Anderson y Jane Heap (editoras de “The Little Review”), John Quinn, Dora Marsden, Harriet Weaver, Jane Heap, Ezra Pound, Nora Barnacle, Adrienne Monnier (librera de La Maison des Amis des Livres de Paris), Josephine Bell (librera de Washington Square Book Shop), Barnet Braverman (contrabandista), Iris Barry, Frank Raymond Leavis, Bennet Cerf, Donald Klopfer, Morris Ernst, John Woolsey. Todas ellas lucharon para que Ulises, de Joyce se publicase. Y, como dice el autor, «la letra impresa era el medio a través del cual una idea penetraba en el flujo de la cultura, y las prohibiciones literarias se aseguraban de que la cultura nunca absorbiera conceptos y argumentos peligrosos. […] Ulises era revolucionario porque no se limitó simplemente a solicitar un margen ligeramente más amplio de libertad. Ulises exigía una libertad absoluta. Se llevó por delante todos los silencios» (p. 271).

Y ahora sólo nos cabe disfrutar de la obra de James Joyce y, por su parte, deleitarnos con este ensayo de Birmingham bien escrito, hermosamente editado y, esperemos, profusamente leído.

Hay pecados o (llamémoslos como los llama el mundo) malos recuerdos que el hombre oculta en los lugares más sombríos del corazón, pero que permanecen allí aguardando. Él quizá permita que su memoria se oscurezca, los deje estar como si nunca hubieran sido y llegue a persuadirse de que no fueron o al menos de que fueron de otro modo. Sin embargo, una palabra casual los evocará repentinamente y se levantarán a encararse con él en las circunstancias más variadas, en visión o en sueño, o mientras el cémbalo y el arpa apacigüen sus sentidos o entre la fresca tranquilidad argentina del atardecer o en la fiesta, a medianoche, cuando ya esté lleno de vino. No para insultarle vendrá la visión, como a quien está bajo el peso de su ira, no por venganza, para separarle de los vivos, sino amortajada en la triste veste del pasado, silenciosa, remota, llena de reproche»**

Librería Katakrak Liburuak, Pamplona/Iruñea (FacebookTwitterSoundcloud)


* Para una explicación del estilo de Joyce breve pero enjundiosa: David Lodge: El arte de la ficción, Barcelona, Península, 2015, pp. 81-87

** James Joyce: Ulises, Barcelona, Editorial Lumen, 1989, p. 419. Traducción de J.Mª Valverde.

¡Vivan los traductores!

el 13 noviembre, 2014 en Noticias

El partisano Johnny

El partisano Johnny

Fenoglio, Beppe

ISBN

978-84-940627-2-8

Editorial

Sajalín editores

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En apenas unos pocos días se han otorgado dos importantes premios en nuestro país a los traductores, esos profesionales condenados, como los árbitros en el fútbol, a pasar desapercibidos. Si la pasada semana conocíamos que el asturiano Mariano Antolín Rato se llevaba el Premio Nacional de Traducción por ”toda una vida dedicada a la traducción, por el amplísimo repertorio de registros lingüísticos, estilos literarios, corrientes estéticas y visiones del mundo con los que ha enriquecido nuestra lengua”, y que Eva Almazán, María Alonso Seisdedos, Xavier Queipo y Antón Vialle se llevaban el Premio Nacional a la Mejor Traducción por su versión al gallego del “Ulises” de James Joyce, ”por haber resuelto brillantemente el desafío y complejidad que supone la amplia combinación de registros, juegos de palabras o alteraciones presentes en el original”, esta (con algo de retraso) nos enteramos de que la madrileña Pepa Linares ha sido galardonada con el XVII Premio de Traducción Ángel Crespo que otorgan CEDRO, el Gremio de Editores y el de Escritores de Catalunya, por su traducción del italiano de “El partisano Johnny“, de Beppe Fenoglio, editada por Sajalín editores.

En palabras del recordado Miguel Martínez-Lage (Premio Nacional de Traducción 2008) «el traductor es el que no se ve o no se tiene que ver, pero es el que más ve, al menos en todos los casos en los que la traducción está hecha con tiempo, con criterio, con conocimientos». Los Libreros queremos agradecer a todos los amigos traductores su trabajo, su pasión y su arte.