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Los Libros de Septiembre de 2018

el 5 septiembre, 2018 en Los Más Recomendados

Leer afanosamente con el objetivo de llegar a ser sabio implica, nos parece, cierto despiste de partida: es mucho más sabio leer simplemente por placer, por pura diversión, por necesidad, acaso casi por vicio, y ése…, como dijo el clásico, es el camino de los que acabarán instalados en la sabiduría. Que la rentrée, pues, nos pille preparados, hambrientos de papel, con ganas de continuar el verano… pero por otros métodos. Como quien acumula leña para sobrevivir al invierno, hay que ir haciéndose con los libros de la temporada, y los diez de esta primera lista de la temporada son los que con más ahínco nos proponen las libreras y los libreros de España. Ficción, no ficción y hasta poesía: el verano ha sido alegre, sí, pero con el otoño llega la felicidad.

Cara de pan

Cara de pan

Mesa, Sara

ISBN

978-84-339-9861-3

Editorial

Editorial Anagrama

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Devastación

Devastación

Kristensen, Tom

ISBN

978-84-16544-77-6

Editorial

Errata Naturae Editores

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El rey recibe

El rey recibe

Mendoza, Eduardo

ISBN

978-84-322-3407-1

Editorial

Seix Barral

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Algunas formas de amor

Algunas formas de amor

Mew, Charlotte

ISBN

978-84-16291-69-4

Editorial

Periférica

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Chéri

Chéri

Colette

ISBN

978-84-17346-22-5

Editorial

Acantilado

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Causas naturales

Causas naturales

Ehrenreich, Barbara

ISBN

978-84-17141-67-7

Editorial

TURNER PUBLICACIONES

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Cual menguando

Cual menguando

Maillard, Chantal

ISBN

978-84-9066-571-8

Editorial

Tusquets Editores

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La trenza

La trenza

Colombani, Laetitia

ISBN

978-84-9838-880-0

Editorial

PUBLICACIONES Y EDICIONES SALAMANDRA

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Prestigio

Prestigio

Cusk, Rachel

ISBN

978-84-17007-58-4

Editorial

Libros del Asteroide

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El hilo rojo

El hilo rojo

Celaya, Gabriel

ISBN

978-84-9895-336-7

Editorial

VISOR LIBROS

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“Para una teoría de las distancias”, de Lorenzo Oliván

el 21 junio, 2018 en Libro de la Semana

Para una teoría de las distancias

Para una teoría de las distancias

Oliván, Lorenzo

ISBN

978-84-9066-556-5

Editorial

Tusquets Editores

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Aquello que nos decían de pequeños de que “la verdad siempre se acaba descubriendo” es casi siempre exacto en el territorio de la poesía, y poco a poco, discretamente, libro tras libro…, tiene ya algo de clamor el hecho de que Lorenzo Oliván (Castro Urdiales, 1968) es uno de los más inspirados y profundos poetas españoles de hoy. Y cuenta con la ventaja, además, de que es, digamos, un “poeta ecuménico”, esto es, que gusta y convence a todas las tendencias estéticas, a todas las escuelas, algo que en el fondo es propio de su generación, esos poetas nacidos en los 60 que resolvieron de la forma más sagaz la absurda oposición anterior entre inteligibilidad y hermetismo, entre cotidianeidad y trascendencia… Álvaro García, Luis Muñoz, Ada Salas, Isabel Bono, Carlos Marzal, Antonio Moreno, Javier Rodríguez Marcos o Vicente Gallego forman parte también de esa quinta, que supieron escoger lo mejor de los dos caminos y fundirlos en una poesía renovada y en general muy superior a lo que heredaron. Y, en el caso de Oliván, la consagración “oficial” llegó con el Premio de la Crítica concedido en 2015 a su anterior poemario, el magistral Nocturno casi.
“No sé qué parte de la luz se filtra, / pero la que se filtra / quiere que yo la piense”, afirmaba en uno de los poemas de ese libro, y parece que esos versos magníficos dialogan con algunos de los nuevos, recién abierto: “Hasta la luz, / para poder pensarla, / sentirla como luz, / se aleja a cada instante de sí misma”, o, dándole aún una vuelta, varios poemas después: “Cuando miro la luz, / intuyo en ella una actitud pensante / que, recogida en su silencio, / crea”. Lo que Oliván ha hecho con la luz (que es otra frecuente y explicable obsesión de los poetas) es prodigioso, y muestra como pocas otras cosas el trabajo del poeta cántabro, que con el tiempo ha ido pasando de lo más sensitivo a lo más intelectual, de la emoción a la lucidez, pero sin perder ni un momento de vista lo esencial (como demuestra su maravillosa “Albada”). El poema “Eje” es útil para entender su poética, y también “Algo así” (“Lo esencial / de otra forma. // Algo así / la escritura”), pero todo poema es, al cabo, una poética, y no hay mejor forma de entender el mundo de un poeta que tratar de comprender y compartir su perspectiva. Tomás Segovia afirmaba en una entrada de sus diarios que “la poesía es convertirse en mirada”, y es algo que podría suscribir Oliván, tan indagador siempre, tan minucioso a la hora de meditar de forma sublime sobre cosas muy próximas, no tanto, en su caso, a partir de anécdotas de las que sacar símbolos o enseñanzas como a través de objetos, fenómenos, paisajes. Oliván es también uno de los mejores aforistas españoles (domina un género mucho más difícil de lo que parecería, si juzgamos por la pequeña moda editorial que protagoniza), y en el último texto del libro donde el año pasado recopiló todos sus aforismos, Dejar la piel, daba otra buena pista: “Ésta es mi actitud ante la creación poética: todo dialoga conmigo, sin saber bien de qué hablamos”.
En poesía lo distinguido es no ser llamativo, lo elegante es no complicar la sintaxis o el léxico, y saber hablar de cosas complejas con lenguaje corriente, con cercanía, con una naturalidad que casi hace fácil lo misterioso, no hacer enrevesado lo que ya es, por naturaleza, incomprensible. Es muy probable que, en ese sentido, ningún poeta español actual haya hecho mejor las cosas que Lorenzo Oliván. Para una teoría de las distancias viene a confirmarlo definitivamente.

“Las órdenes”, de Pilar Adón

el 10 mayo, 2018 en Libro de la Semana

Las órdenes

Las órdenes

Adón, Pilar

ISBN

978-84-946544-9-7

Editorial

La Bella Varsovia

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La poesía nace siempre de una insatisfacción, o por lo menos de una carencia, de algo que no está completo, que no está completamente hecho o que tal vez hay que rehacer. Incluso en los casos en los que nace de la plenitud, de la gratitud, de la conformidad…, se trata de plenitudes, gratitudes y conformidades que necesitan ser expresadas, necesitan ser dichas y compartidas, necesitan salir. La realidad no es sólo lo que existe, y si la poesía importa es porque probablemente es la zona de la realidad donde más claramente nos es dada la posibilidad de renacer, de que las cosas sean de otra manera. “Cuando sea mayor / voy a tener seis años”, escribió alguien, y es en la realidad paralela de la poesía donde eso es posible. En el último poema del nuevo libro de Pilar Adón, Las órdenes, ese fenómeno vuelve a quedar explícito, y aunque probablemente se esté poniendo por escrito más una frustración que un proyecto o un propósito (“la próxima vez estudiaré alemán, / la próxima vez seré más fuerte, / la próxima vez / naceré en Viena”…), hay algo de esa suplantación, de esa impostura ideal, de esa rectificación de lo vivido. Gracias a los versos la reencarnación no es futura, sino que se hace un poco presente, aunque sea provisional.

Con ese poema se remata un libro en tres secciones en el que, más que nunca en la poesía de la autora madrileña, brillan los poemas hiperbreves (“Eso espiritual que ves en mí es miedo”; “Sólo quien tiene el amor / lo cree prescindible”; “Es una pulsión: un hombre encuentra agua / y tira una piedra”…) y en el que se llega bastante lejos en el asunto de la indagación en una misma, los ascendientes, lo corporal y lo psicológico. A quienes hayan ido leyendo las narraciones de la autora (como la magnífica novela Las efímeras o los cuentos de La vida sumergida –reseñados para ‘Los Libreros Recomiendan’ por la Librería de Mujeres de Canarias–) no les extrañarán los temas de este libro, su vocación orgánica, pero ahora se abordan, en principio, en primera persona. En ese sentido Pilar Adón es muy valiente, y no lo decimos tanto por la osadía en lo confesional como porque no parece importarle ser malinterpretada: ese poema de “¿Quién me va a cuidar cuando sea vieja?…” podría ser leído como un ejemplo de hasta qué punto puede la autocompasión ser llevada al paroxismo, y sin embargo nosotros vemos en él más humor (esos osos de gominola marca Haribo cumplen su función en el poema…), aunque “humor” nunca es la palabra exacta al hablar de Adón, y más bien habría que hablar de juego, o de proyección, pues, al igual que en otro poema añora cosas de “mi yo joven”, en ése fantasea con su improbable yo anciana. Hay otro poema que comienza “No queremos ser madres…” (casi todos los textos van intitulados) que podría ser leído como una exaltación del egoísmo o incluso de la inmadurez, pero es más perspicaz ver en él, en todo caso, cierto “peterpanismo”, o simple pero radical necesidad de independencia, de auto-protección, de que las cosas buenas no cambien, se preserven…

Sea como sea, en Las órdenes hay ante todo verdad, algo que se percibe especialmente en los poemas familiares (el de la casa de la abuela, el de las conversaciones telefónicas con la madre, los del padre convaleciente…), pero no tanto en lo que se refiere a sentimientos o personas como a los detalles más menudos, o a veces al simple lenguaje: cuando Pilar Adón escribe, por ejemplo, “aceite”, ese “aceite” es aceite, no literatura. Y eso, en un contexto de creciente hiperliteraturización de la poesía, es cada vez es más raro y más necesario. Y hay muchos lectores que lo buscamos.

“A puerta cerrada”, de Luis García Montero

el 11 diciembre, 2017 en Libro de la Semana

A Puerta cerrada

A Puerta cerrada

García Montero, Luís

ISBN

978-84-9895-229-2

Editorial

VISOR LIBROS

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Luis García Montero se encerró a puerta cerrada durante seis años, en un periodo de crisis personal, quizá reflejo de una sociedad en descomposición, en el que el poeta intentó indagar qué le ocurría a él y al mundo, si era cierta esa frase de Sartre, “el infierno son los otros”, o si cada uno debía asumir su parte de culpa y buscar soluciones a la transformación y los cambios en un país a la deriva. Así se aisló y fue escribiendo en su soledad acompañada, tomando el título del poemario de otra obra de teatro de Sartre al que homenajea.  En A puerta cerrada, el poeta cuestiona la vida y el paso del tiempo a través de la figura del lobo, pero no como decía el filósofo Hobbes siendo “el hombre un lobo para el hombre”, sino como el animal figurado que transforma la indignación en rabia y que observa, en la noche, en la calma, con estupor y cólera cómo el mundo se pierde entre las brumas y cómo la poesía es el refugio para encontrar la belleza, la ilusión y la dignidad humana en medio de las ruinas, confiando en su propia identidad como poeta. Así, Luis asume, interioriza y se responsabiliza en parte de los fracasos sociales a través de su queja, mediante el aullido del lobo que pasea, escrutando en los viajes, en los aeropuertos, en las habitaciones cerradas y que cohabita con la nostalgia y con el paso de los años. El lobo en la voz del poeta sale al encuentro de las luces y las sombras de la vida, asomando el colmillo y con ganas de morder pero con la urgencia serena de la poesía como modo de vida y como manera de vertebrar la conciencia social, el compromiso y el bagaje sentimental de una época oscura con sus versos conmovedores, profundos y meditados sobre nuestro tiempo:

CAMINO DE IDA Y VUELTA

Fuera de mí,

dentro de mí,

el lobo es un camino de ida y vuelta.

Muerde mi corazón para plantar un árbol.

Corre por mi memoria en busca de un espejo.

Se acerca hasta la ira de mis lágrimas

cuando ve la ciudad fuera de mí.

Luego pisa mi sombra para estar con el miedo.

El viento de la esquina lo lleva a mi dolor.

Las sábanas se enredan en sus pasos.

Dar vueltas es soñar

dentro de mí.

Lo demás son palabras,

palabras en sus ojos,

palabras que se van

o que regresan.

Porque la belleza no está reñida con la verdad descarnada, porque el poeta ha escrito desde la calma, huyendo de las prisas de nuestra época y haciendo un ejercicio de memoria personal sobre la condición humana que convierte A puerta cerrada en un libro deslumbrante. Porque, como escribió Sartre, “el existencialismo es un humanismo”, y en este libro está presente esa manera de existir y cohabitar pese a la desolación y las dudas, pese a la tristeza y la melancolía siempre hay esperanza, existiendo en la poesía.

Leyendo este libro me han venido a la memoria unos versos de Charles Baudelaire que hablan del poeta y me han recordado a Luis, y que dicen así:

“Detrás de los paneles de la existencia inmensa, en el más negro abismo, veo distintamente los más extraños mundos y víctima extasiada de mi clarividencia  arrastro en pos serpientes que mis talones muerden. Desde ese momento, igual que los profetas, amo con inmensa ternura el mar y el desierto, sonrío en los duelos y lloro en las fiestas, encuentro un gusto dulce al más ácido vino. Tomo a menudo los hechos por mentiras y caigo en los agujeros por mantener mi vista pegada al cielo, pero esa voz me consuela diciendo: son más bellos los sueños de los locos que los del hombre sabio”.

Y termino con el último poema de Luis García Montero de A puerta cerrada, una declaración de intenciones sobre su vida, su libertad y su poesía:

EPITAFIO

Le han perdonado mucho

sus libros muchas veces.

Quizá también lo hagan

sus hijos, sus amores.

Y aquí sigue sin prisa,

ante ningún altar,

padre de mundos libres,

poeta y perdonado.

 

LIbrería Muga (Madrid)

 

“Lo seco”, de Isabel Bono

el 30 noviembre, 2017 en Libro de la Semana

Lo seco

Lo seco

Bono, Isabel

ISBN

978-84-947671-1-1

Editorial

Bartleby

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Una de las novelas más hermosas, sensibles y hondas que se han publicado entre nosotros durante este 2017 que comienza a terminar es Una casa en Bleturge, casi-debut en la narrativa de la poeta malagueña Isabel Bono. Intensa pero pudorosa, delicada y potente, esa narración fragmentaria ha sorprendido a numerosos lectores, pero no a quienes venimos avisando desde hace años de que estamos ante una de las mejores escritoras españolas de su generación (ante una de los mejores escritores españoles de su generación, quiero decir).

Nacida en 1964, Bono pertenece a una quinta de poetas que ha quedado un tanto eclipsada entre la excesiva fama de los nacidos en la década de los 50 (y que forman eso que tan imprecisamente se conoce como la “generación de los 80”) y la irrupción de los nacidos ya en los 70, y sin embargo entre los de su edad están muchos de los mejores, como Lorenzo Oliván, Luis Muñoz, Álvaro García, Ada Salas o Vicente Gallego, menos “mediáticos” pero, quizá precisamente por ello, con más cosas que decir.

Ahora Bono ofrece en Lo seco, su último libro de poemas, un libro de memoria, de indagación en el propio pasado, algo que lo distingue o incluso lo aleja de anteriores poemarios, escritos siempre en un palpitante presente, como apuntes de un diario íntimo en verso. Éste está escrito en pasado, y abunda el uso de la primera persona del plural, como un sujeto colectivo (¿familiar?, ¿local?…) del que la autora se hiciera portavoz para expresar unas experiencias, ilusiones y caídas compartidas, acaso generacionales: “todo nos pertenecía / cuando bajaba la marea”.

Alérgica a las mayúsculas (tal vez un modo de subrayar lo que sus versos tienen de fragmentos, como si fueran textos aislados de poemas mayores, o una estrategia sutil para expulsar toda posible huella de solemnidad), la poesía de Isabel Bono brilla especialmente en los títulos de sus poemas, siempre muy cuidados (como ocurría con las piezas narrativas de Una casa en Bleturge), y en los poemas breves, que son verdaderamente fulgurantes. Así ocurre con “quiero despertar ahora, pensaste” (“alguien gritó tu nombre / y al volver la cabeza, comenzó a llover”) o “una tarde cualquiera” (“llegó el futuro // y eché de menos la tierra / bajo mis pies”).

Bono nunca ha necesitado mucho espacio para concentrar significados, sugerencias, revelaciones. Su capacidad para condensar y aglutinar belleza, inteligencia y sensibilidad en pocas palabras, en ciertos silencios especialmente expresivos, es realmente admirable. Nos gusta la poesía de Isabel Bono porque está escrita con el idioma de la verdad, de lo realmente vivido y sentido, y eso es algo que llega a los buenos lectores por un cauce directo, sin ruido, sin posibles distracciones, porque su poesía atrapa e ilumina en el mismo momento, no es una “poesía interesante” sino que importa de veras, y no es que convenza sino que sacude, porque desde lo más profundo y privado de sí misma está hablando de todos.