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“Poesía reunida” de Roberto Bolaño

el 4 octubre, 2018 en Libro de la Semana

Poesía reunida

Poesía reunida

Bolaño, Roberto

ISBN

978-84-204-2886-4

Editorial

ALFAGUARA

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Hace ya mucho tiempo que ha quedado definitivamente certificado que, en contra de lo que algunos creyeron, el prestigio que se ha instalado sobre el nombre y la obra de Roberto Bolaño es mucho más que una moda o un malentendido pasajero. Unos años después de la aparición de la apoteósica (y apocalíptica) 2666 (ese sublime acercamiento al mal en el que sentimos que Bolaño estuvo a punto de acceder a una verdad desconocida e insoportable), que se unía a Los detectives salvajes, Amuleto, o esa obra maestra de página y media titulada «Jim» (cuento incluido en El gaucho insufrible, y ahora en la recopilación de Cuentos completos de Alfaguara), como muestras del talento abrumador del escritor chileno, nos llegó en 2007 La Universidad Desconocida, un libro que reunía toda su obra poética, tal como él —al parecer— la tenía ordenada y preparada. Pero diez años después todavía ha podido ser ampliada, con poemas perdidos o dispersos por revistas y plaquettes, más apéndices, índices y un claro aire de proyecto definitivo. Y viene precedida además de un prólogo, brillantemente argumentado, de Manuel Vilas (de quien ya reseñamos aquí su exitosa Ordesa), quien da en el clavo en muchas cosas, y también en el balance: “Hay mucha desesperación en la poesía de Roberto Bolaño. Tal vez porque la contemplación de la vida y del mundo de finales del siglo XX producía extrañeza, destemplanza y angustia. Producía una desesperación inteligente. Yo diría que ése es el sentimiento que predomina en esa poesía: una angustia que viene de muy adentro y que acaba siendo luminosa”.

Habrá quien piense que también la poesía de Bolaño brilla especialmente en los fragmentos en prosa, y especialmente en los que, bajo el título «Gente que se aleja», ya se publicaron en Amberes: cincuenta y siete párrafos en los que se insinúa una de esas historias inquietantes que él sabía forjar, concebidos desde un punto de vista explícitamente cinematográfico, como queda claro en «acotaciones» del tipo «Fundido en negro», «Primer plano de…», «La cámara se va alejando» (y es, por cierto, una película que podría dirigir David Lynch: bucles temporales, policías y detectives, pasillos siniestros, chalés abandonados, sexo mecánico, mujeres sin boca, un «jorobadito»…). Hay un personaje que afirma que “escribo para ver qué pasa con la inmovilidad y no para gustar” y no es difícil ver en ello una declaración de principios del propio Bolaño, así como, seguramente, cuando de otro (¿o el mismo?) personaje se dice que «Nunca ha pedido gran cosa de la vida, le basta con un cuarto y tiempo libre para leer».

Pero también la poesía en verso es vocacionalmente narrativa en Bolaño, y, desde luego, antisolemne, alérgica a cualquier intento de responder a las preguntas que no se pueden responder o que no tienen respuesta (aunque, paradójicamente, a veces con esa actitud se llega a una respuesta convincente): «El misterio del amor siempre es / el misterio del amor / y ahora son las doce del día y / estoy desayunando un vaso de té / mientras la lluvia se desliza / por los pilares blancos / del puente».

Resulta difícil escribir sobre un libro como éste, tan preñado de misterios, tan lleno de interrogantes y de obsesiones privadas: una tal Lisa, un tal Gaspar, Chile, México, Barcelona, los «detectives», la lluvia, los faros, o incluso ese omnipresente «Roberto Bolaño» que podría considerarse —muy significativamente— el protagonista del libro, el habitante principal de “la Universidad desconocida”.

¿A quién se dirige ese precioso poema titulado «Tardes de Barcelona» y qué significa?: «En el centro del texto / está la lepra. // Estoy bien. Escribo / mucho. Te / quiero mucho». Quizá lo más fascinante de Bolaño sea precisamente la imposibilidad de descifrar completamente los enigmas que construye en sus páginas, en las que se baraja su vida íntima, su memoria, su fantasía, la literatura o la metaliteratura, y creo que en este libro podemos encontrar también la mejor definición posible de su obra, ahora y en el futuro: «Un sueño maravilloso / que atraviesa países y años / Un sueño maravilloso / que atraviesa enfermedades y ausencias».

 

Los Libros de Octubre

el 3 octubre, 2018 en Los Más Recomendados

Todas las pequeñas librerías culturales son edificios inteligentes, en el sentido más noble del adjetivo. Y deberían ser visitadas con más frecuencia por esas gentes que aseguran que están deseando leer, por ejemplo, El Quijote, pero que no podrán hacerlo mientras no tengan un poco de tiempo… cuando lo exactamente cierto es que hay que leer cuanto antes ese tipo de libros necesarios precisamente, entre otras cosas, para tener tiempo, es decir, para poseer de verdad el tiempo, para habitar dentro del tiempo de una forma más plena y soberana, más libre y vigilante. Es ésa una batalla vital en la que también nos ayudarían los diez libros que las libreras y libreros españoles os recomendamos con más unanimidad para este octubre que acaba de arrancar. Entre ellos hay dos recopilaciones de cuentos: la de un clásico contemporáneo (el noruego Askildsen) y la de un clásico-clásico (el inquietante Stoker), aparte de los relatos detectivescos de Piglia, novelones que inauguran sagas (Cărtărescu), crónicas sobre épocas oscuras (Walsh) o epistolarios serenos pero vibrantes del 27 más discreto o tal vez menos visibilizado (Zambrano y Gaya). La novela en español la pone Santiago Lorenzo, agudo y gamberro como siempre (pero también como nunca) y en inglés llega la prosa psicológica y envolvente de Peter Cameron. El ensayo viene de la mano de Richard Cohen, indagando en las manías privadas de los escritores que más nos han acompañado, y la poesía sólo podía ser ofrecida por la dama de Amherst, una Emily Dickinson que estrena un nuevo vestido, muy bien ilustrado. Con aliados como éstos, la victoria contra el tiempo está garantizada. Leámoslos, y el tiempo será nuestro. Tiempo de calidad. Tiempo inteligente.

Un fin de semana

Un fin de semana

Cameron, Peter

ISBN

978-84-17007-55-3

Editorial

Libros del Asteroide

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Preferiría ser amada

Preferiría ser amada

Dickinson, Emily

ISBN

978-84-17281-72-4

Editorial

Nórdica Libros

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El ala izquierda

El ala izquierda

Cartarescu, Mircea

ISBN

978-84-17115-86-9

Editorial

Impedimenta

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No soy así

No soy así

Askildsen, Kjell

ISBN

978-84-17281-71-7

Editorial

Nórdica Libros

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Cuentos completos

Cuentos completos

Stoker, Bram

ISBN

978-84-8393-242-1

Editorial

Páginas de espuma SL

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Cómo piensan los escritores

Cómo piensan los escritores

Cohen, Richard

ISBN

978-84-17059-85-9

Editorial

Blackie Books

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Operación Masacre

Operación Masacre

Walsh, Rodolfo

ISBN

978-84-17007-62-1

Editorial

Libros del Asteroide

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Los asquerosos

Los asquerosos

Lorenzo, Santiago

ISBN

978-84-17059-99-6

Editorial

Blackie Books

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Y así nos entendimos

Y así nos entendimos

Zambrano, María / Gaya, Ramón

ISBN

978-84-17143-64-0

Editorial

Editorial Pre-Textos

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Los casos del comisario Croce

Los casos del comisario Croce

Piglia, Ricardo

ISBN

978-84-339-9860-6

Editorial

Editorial Anagrama

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Los Libros de Septiembre de 2018

el 5 septiembre, 2018 en Los Más Recomendados

Leer afanosamente con el objetivo de llegar a ser sabio implica, nos parece, cierto despiste de partida: es mucho más sabio leer simplemente por placer, por pura diversión, por necesidad, acaso casi por vicio, y ése…, como dijo el clásico, es el camino de los que acabarán instalados en la sabiduría. Que la rentrée, pues, nos pille preparados, hambrientos de papel, con ganas de continuar el verano… pero por otros métodos. Como quien acumula leña para sobrevivir al invierno, hay que ir haciéndose con los libros de la temporada, y los diez de esta primera lista de la temporada son los que con más ahínco nos proponen las libreras y los libreros de España. Ficción, no ficción y hasta poesía: el verano ha sido alegre, sí, pero con el otoño llega la felicidad.

Cara de pan

Cara de pan

Mesa, Sara

ISBN

978-84-339-9861-3

Editorial

Editorial Anagrama

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Devastación

Devastación

Kristensen, Tom

ISBN

978-84-16544-77-6

Editorial

Errata Naturae Editores

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El rey recibe

El rey recibe

Mendoza, Eduardo

ISBN

978-84-322-3407-1

Editorial

Seix Barral

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Algunas formas de amor

Algunas formas de amor

Mew, Charlotte

ISBN

978-84-16291-69-4

Editorial

Periférica

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Chéri

Chéri

Colette

ISBN

978-84-17346-22-5

Editorial

Acantilado

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Causas naturales

Causas naturales

Ehrenreich, Barbara

ISBN

978-84-17141-67-7

Editorial

TURNER PUBLICACIONES S.L.

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Cual menguando

Cual menguando

Maillard, Chantal

ISBN

978-84-9066-571-8

Editorial

Tusquets Editores

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La trenza

La trenza

Colombani, Laetitia

ISBN

978-84-9838-880-0

Editorial

PUBLICACIONES Y EDICIONES SALAMANDRA

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Prestigio

Prestigio

Cusk, Rachel

ISBN

978-84-17007-58-4

Editorial

Libros del Asteroide

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El hilo rojo

El hilo rojo

Celaya, Gabriel

ISBN

978-84-9895-336-7

Editorial

VISOR LIBROS

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I Premio Los Libreros Recomiendan y I Premio Javier Morote

el 2 julio, 2018 en Noticias

  • David Trueba, María Elvira Roca Barea y Karmelo C. Iribarren obtienen los premios literarios ‘Los Libreros Recomiendan 2018’, y Sabina Urraca consigue el Premio ‘Javier Morote’.
  • Los premios, otorgados por las librerías independientes españolas, premian títulos publicados en 2017 que destacan por su especial calidad para los libreros de CEGAL.

Madrid, 3 de julio de 2018

El pasado jueves, 28 de junio, se reunió en Madrid el jurado de la primera edición de los premios literarios ‘Los Libreros Recomiendan 2018’, recién creados por CEGAL (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros) con el apoyo de la Dirección General del Libro, la Lectura y las Letras del Ministerio de Cultura, para reconocer libros publicados durante el año anterior al fallo que, a juicio de las librerías independientes españolas, destacan por su calidad y merecen ser especialmente distinguidos. Es el criterio independiente de esas libreras y libreros de toda España, quienes a través de una votación demuestran la diversidad de sus preferencias y de sus gustos literarios, eligiendo entre los títulos publicados a lo largo de 2017 que hayan sido reseñados o destacados en la web de recomendaciones literarias ‘Los Libreros Recomiendan’.

En esta primera edición, un jurado compuesto por Eva Cosculluela (librería Los Portadores de Sueños, de Zaragoza), Eva Boj Bragado (librería Rafael Alberti, de Madrid), Mikel Iglesias (librería Letras a la Taza, de Tudela), Alberto Sánchez (librería Taiga, de Toledo), y Chiara Delle Donne (librería Diógenes, de Alcalá de Henares) ha acordado adjudicar el premio de la categoría de Ficción a la novela Tierra de campos’, de David Trueba (Editorial Anagrama), el premio de la categoría de No ficción al ensayo histórico Imperiofobia’ y leyenda negra, de la profesora María Elvira Roca (Ediciones Siruela) y el premio de la categoría de Poesía al libro Mientras me alejo’, de Karmelo C. Iribarren (Visor Libros).

Sobre la novela Tierra de campos, de Trueba, quien ya fue Premio Nacional de Narrativa por ‘Saber perder’, el jurado ha destacado que la narración ahonda “de un modo particularmente inteligente, divertido y conmovedor en el conocido mundo del escritor y cineasta madrileño, quien con su agudeza habitual, una prosa ágil y cuidada y una estructura que alterna el presente con un repaso a la vida del protagonista, nos regala esta historia de amistad, de reflexión sobre la vida y sobre el paso del tiempo, sobre quiénes somos en realidad”.

En cuanto a Imperiofobia y leyenda negra, el estudio histórico de Roca, los miembros del jurado la aplauden “por el rigor de la investigación llevada a cabo por la autora para hacernos conocer mejor nuestra historia, la cual ilumina nuestra comprensión del presente de nuestra sociedad y nos ayuda a plantear e incluso gestionar el futuro común en unos momentos de grandes desafíos relacionados con las diversas identidades colectivas”.

Por último, el veterano poeta donostiarra Karmelo C. Iribarren ha convencido al jurado con los versos de Mientras me alejo “por constituir un eslabón más, pero especialmente brillante y profundo, en la trayectoria poética del autor donostiarra, que sabe ser inteligible y comunicativo sin renunciar a ninguna autoexigencia, o introducir contenidos sociales en un libro que, a su vez, busca una trascendencia muy particular, personal, melancólica y herida pero también celebrativa a su modo, con humor ocasional y alegrías secretas”.

I PREMIO JAVIER MOROTE

Además, el mismo jurado ha otorgado el I Premio ‘Javier Morote’, un premio cuyo nombre honra la memoria del librero recientemente fallecido fundador del espacio de recomendación de libros de CEGAL ‘Los Libreros Recomiendan’, y que nace para distinguir “la obra de algún autor o autora joven que haya publicado algún libro el año anterior, para destacar y alentar la brillantez de sus inicios literarios”.

En su primera edición, el premio ha distinguido la novela ‘Las niñas prodigio’, de la escritora Sabina Urraca (San Sebastián, 1984), publicada por la editorial riojana Fulgencio Pimentel. Se trata de una novela refrescante y descarada que, a juicio del jurado, no sólo es plenamente convincente en sus méritos literarios sino que anuncia la posibilidad de una carrera literaria sobresaliente.

Los premios se entregarán en otoño, durante el acto de presentación de la renovada plataforma de recomendación de las librerías independientes Los Libreros Recomiendan.

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“Para una teoría de las distancias”, de Lorenzo Oliván

el 21 junio, 2018 en Libro de la Semana

Para una teoría de las distancias

Para una teoría de las distancias

Oliván, Lorenzo

ISBN

978-84-9066-556-5

Editorial

Tusquets Editores

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Aquello que nos decían de pequeños de que “la verdad siempre se acaba descubriendo” es casi siempre exacto en el territorio de la poesía, y poco a poco, discretamente, libro tras libro…, tiene ya algo de clamor el hecho de que Lorenzo Oliván (Castro Urdiales, 1968) es uno de los más inspirados y profundos poetas españoles de hoy. Y cuenta con la ventaja, además, de que es, digamos, un “poeta ecuménico”, esto es, que gusta y convence a todas las tendencias estéticas, a todas las escuelas, algo que en el fondo es propio de su generación, esos poetas nacidos en los 60 que resolvieron de la forma más sagaz la absurda oposición anterior entre inteligibilidad y hermetismo, entre cotidianeidad y trascendencia… Álvaro García, Luis Muñoz, Ada Salas, Isabel Bono, Carlos Marzal, Antonio Moreno, Javier Rodríguez Marcos o Vicente Gallego forman parte también de esa quinta, que supieron escoger lo mejor de los dos caminos y fundirlos en una poesía renovada y en general muy superior a lo que heredaron. Y, en el caso de Oliván, la consagración “oficial” llegó con el Premio de la Crítica concedido en 2015 a su anterior poemario, el magistral Nocturno casi.
“No sé qué parte de la luz se filtra, / pero la que se filtra / quiere que yo la piense”, afirmaba en uno de los poemas de ese libro, y parece que esos versos magníficos dialogan con algunos de los nuevos, recién abierto: “Hasta la luz, / para poder pensarla, / sentirla como luz, / se aleja a cada instante de sí misma”, o, dándole aún una vuelta, varios poemas después: “Cuando miro la luz, / intuyo en ella una actitud pensante / que, recogida en su silencio, / crea”. Lo que Oliván ha hecho con la luz (que es otra frecuente y explicable obsesión de los poetas) es prodigioso, y muestra como pocas otras cosas el trabajo del poeta cántabro, que con el tiempo ha ido pasando de lo más sensitivo a lo más intelectual, de la emoción a la lucidez, pero sin perder ni un momento de vista lo esencial (como demuestra su maravillosa “Albada”). El poema “Eje” es útil para entender su poética, y también “Algo así” (“Lo esencial / de otra forma. // Algo así / la escritura”), pero todo poema es, al cabo, una poética, y no hay mejor forma de entender el mundo de un poeta que tratar de comprender y compartir su perspectiva. Tomás Segovia afirmaba en una entrada de sus diarios que “la poesía es convertirse en mirada”, y es algo que podría suscribir Oliván, tan indagador siempre, tan minucioso a la hora de meditar de forma sublime sobre cosas muy próximas, no tanto, en su caso, a partir de anécdotas de las que sacar símbolos o enseñanzas como a través de objetos, fenómenos, paisajes. Oliván es también uno de los mejores aforistas españoles (domina un género mucho más difícil de lo que parecería, si juzgamos por la pequeña moda editorial que protagoniza), y en el último texto del libro donde el año pasado recopiló todos sus aforismos, Dejar la piel, daba otra buena pista: “Ésta es mi actitud ante la creación poética: todo dialoga conmigo, sin saber bien de qué hablamos”.
En poesía lo distinguido es no ser llamativo, lo elegante es no complicar la sintaxis o el léxico, y saber hablar de cosas complejas con lenguaje corriente, con cercanía, con una naturalidad que casi hace fácil lo misterioso, no hacer enrevesado lo que ya es, por naturaleza, incomprensible. Es muy probable que, en ese sentido, ningún poeta español actual haya hecho mejor las cosas que Lorenzo Oliván. Para una teoría de las distancias viene a confirmarlo definitivamente.

“Correo literario”, de Wisława Szymborska

el 31 mayo, 2018 en Libro de la Semana

Correo Literario

Correo Literario

Szymborska, Wislawa

ISBN

978-84-17281-18-2

Editorial

Nórdica Libros

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Si las estadísticas lectoras (y nuestra propia experiencia al respecto) no nos engañan, la mayoría de clientes pasarán de largo de este libro al verlo ya no en la sección de poesía sino, todavía peor, en la de teoría literaria, y es una lástima porque están así renunciando al libro más inteligente, divertido y literalmente desternillante del mundo.

No, no exageramos: es un libro con el que soñábamos desde que hace tres años apareció en español la maravillosa Trastos, recuerdos. Una biografía de Wisława Szymborska, de las periodistas polacas Anna Bikont y Joanna Szczęsna. El capítulo 9 de aquel libro se titulaba “Quince años en Żicie Literackie“, y reproducía ya, al tiempo que las glosaba, alguna de las respuestas que, anónimamente, dio Szymborska a los candidatos a escritor que enviaban sus tentativas, más tímidas o más altivas, a esa publicación: “Recordaba también que no se debe sucumbir en exceso a las emociones y que de los sentimientos más nobles podían nacer poemas malos”, “También aconsejaba mirar con lupa las palabras y hacer uso de las grandilocuentes con el comedimiento de un boticario“…

El libro que Nórdica Libros ha puesto ahora en nuestras manos, traducido por Abel Murcia y Katarzyna Mołoniewicz, es una importante selección de los más chispeantes y reveladores veredictosque aquellos originales le  merecieron, con los cuales la poeta levanta, como quien no quiere la cosa, toda una teoría general de la escritura que resulta francamente reconfortante, por lúcida, modesta y alérgica a los intrusos que la literatura ha tenido que sufrir en toda época y todo lugar. Y siendo sus poemas tan buenos como son, lo cierto es que Szymborska tal vez brillaba incluso más en sus ensayos, sus cartas, sus informes de lectura, y esta antología es, en ese sentido, un verdadero banquete, y un libro simplemente necesario para cualquiera que pretenda sentarse a escribir sus cosas o, sobre todo, para cualquiera que se proponga enseñarlas.

Es muy tentador ofrecer aquí una pequeña antología de la antología, pero son tantos los apuntes geniales, tantas las intuiciones exactas, tantos los consejos impagables… que hemos de renunciar, emplazando a todo el mundo a la lectura inmediata del libro, con el mismo espíritu con el que las autoridades sanitarias obligan a vacunarse. Pero adelantaremos que Szymborska defendía para los escritores una combinación de talento innato (algo que juzgaba simplemente necesario) y de trabajo, de perseverancia, de esfuerzo… y también de paciencia, de mesura: tan peligroso como lanzarse a escribir con excesiva precocidad (“El éxito de un debut juvenil depende sobre todo de la frescura de la imaginación y de una forma de mirar el mundo no rutinaria”) es acostumbrarse a la fecundidad, que te guste demasiado lo que tú mismo escribes y pierdas el criterio (la poesía es una fiesta, y ésta, por definición, “no se da todos los días, sino sólo muy de vez en cuando, es el fruto de un estado excepcional, una feliz casualidad. Ni siquiera los poetas con un gran bagaje literario están habituados a escribir poemas. A no se que ya no sean poetas”…). Lo demás, en el libro (y lo demás no es silencio, sino el mayor de los jolgorios).

 

“Poesía reunida”, de Wallace Stevens

el 17 mayo, 2018 en Libro de la Semana

Poesía reunida

Poesía reunida

Stevens, Wallace

ISBN

978-84-264-0500-5

Editorial

LUMEN

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Durante varios años hubo quienes, por decirlo suavemente, fuimos poco tolerantes con la llamada “poesía hermética”. Considerábamos que si una persona de inteligencia media y con una cierta experiencia lectora no entendía un poema, el problema no era de esa persona, sino del poema. La poesía, en fin, debía ser finalmente inteligible: tal vez era bueno que los versos no se entendieran completamente (nada peor que esos poemas “de usar y tirar” que, una vez que se han leído, ya se han leído para siempre, sin que, por planos u obvios, aporten nada nuevo en sucesivas lecturas), tal vez no era necesario entenderlos “a la primera”, tal vez no era preocupante que determinadas personas no los entendiesen en absoluto…, pero si un lector competente no entendía de una forma suficientemente satisfactoria un poema escrito en su lengua natal o bien traducido, estaríamos hablando de un poema fallido, un experimento fracasado, y no de un lector negligente o limitado o perezoso… Con el tiempo, y tras leer a ciertos poetas “difíciles” pero extraordinarios, fuimos suavizando esa convicción, aceptando que a veces no hace falta entender completamente un poema para comprenderlo o asumirlo plenamente, y comprobamos que hay poetas que, por pura coherencia, por honestidad literaria, se sirven de un universo muy particular, un lenguaje muy suyo y a veces intransferible, para expresar aquello que necesiten decir. La poesía, en fin, no tenía que ser informativa, sino meramente comunicativa, y bastaba con aportar al lector una “sensación” más que una “noticia” o, por supuesto, una anécdota banal.

Hay autores, en fin, a cuya puerta hay que llamar varias veces para conseguir entrar en su casa, en su mundo, en su “idioma”. Ahora Andreu Jaume ha recopilado y prologado para la editorial Lumen la Poesía reunida (que no completa) del estadounidense Wallace Stevens, y nos brindan así una ocasión extraordinaria para insistir en esa lectura y, con un poco de esfuerzo, franquear por fin el umbral de un poeta no exageradamente complicado pero, desde luego, no sencillo. Stevens a veces se decora en exceso, de vez en cuando se le va de las manos su afán juguetón o experimental (ese exceso de ironía o esa exhibición de inteligencia que tanto –y no siempre positivamente– ha influido en los poetas españoles nacidos en los años 70) pero en las muy frecuentes ocasiones en que acierta con la forma, el tono y, sobre todo, lo que dice (que ha de ser, al cabo, lo que más cuente) es realmente deslumbrante, destellante: “¿Fracasará nuestra sangre? ¿Llegará ésta a ser / sangre del paraíso? Y la tierra, ¿se asemejará / al paraíso que conoceremos? / El cielo estará entonces más próximo que ahora, / una parte de esfuerzo y otra más de dolor, / y, cercano, en la gloria, el amor perdurable, / no este azul que separa, indiferente”.

“La muerte es la madre de la belleza”, afirma Stevens en ese mismo poema, y allí ya late la naturaleza aforista del poeta, de la que este volumen también da buena cuenta, pues recoge en apendice los aforismos completos, dispersos por varios libros. En esas sentencias nos encontramos de nuevo a todos los Stevens posibles: el brillante, el provocador, el exacto, el filósofo, el poeta, el teórico, el profesoral, el vagamente confesional, el francamente equivocado incluso aunque entendamos su juego (“La vida es el reflejo de la literatura”) o el que en los apuntes metapoéticos da pistas cruciales sobre sus propios versos (“La poesía no es personal”…).

Stevens es mucho mejor en los poemas, como en las maravillosas “Trece maneras de mirar un mirlo” (ese poema en el que se revela algo tan impactante como que “A man and a woman / Are one. / A man and a woman and a blackbird / Are one”…) o “El hombre de la guitarra azul”, un poema realmente importante, una defensa de la diferencia que es acaso parcialmente discutible en lo que dice pero incontestable en su forma de decirlo, y con alguna sección sublime, como la XI, en la que “el hacedor de algo aún por hacer” afirma que ”En las piedras la hiedra, lentamente, / se convierte en las piedras. Las mujeres // en ciudades, los niños en los campos / y oleadas de hombres se convierten en mar. // Es el acorde falsificador. / Revierte el mar después sobre los hombres, // los campos se apoderan de los niños…”. No se puede decir más… pero Stevens lo hizo.

 

“Las órdenes”, de Pilar Adón

el 10 mayo, 2018 en Libro de la Semana

Las órdenes

Las órdenes

Adón, Pilar

ISBN

978-84-946544-9-7

Editorial

La Bella Varsovia

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La poesía nace siempre de una insatisfacción, o por lo menos de una carencia, de algo que no está completo, que no está completamente hecho o que tal vez hay que rehacer. Incluso en los casos en los que nace de la plenitud, de la gratitud, de la conformidad…, se trata de plenitudes, gratitudes y conformidades que necesitan ser expresadas, necesitan ser dichas y compartidas, necesitan salir. La realidad no es sólo lo que existe, y si la poesía importa es porque probablemente es la zona de la realidad donde más claramente nos es dada la posibilidad de renacer, de que las cosas sean de otra manera. “Cuando sea mayor / voy a tener seis años”, escribió alguien, y es en la realidad paralela de la poesía donde eso es posible. En el último poema del nuevo libro de Pilar Adón, Las órdenes, ese fenómeno vuelve a quedar explícito, y aunque probablemente se esté poniendo por escrito más una frustración que un proyecto o un propósito (“la próxima vez estudiaré alemán, / la próxima vez seré más fuerte, / la próxima vez / naceré en Viena”…), hay algo de esa suplantación, de esa impostura ideal, de esa rectificación de lo vivido. Gracias a los versos la reencarnación no es futura, sino que se hace un poco presente, aunque sea provisional.

Con ese poema se remata un libro en tres secciones en el que, más que nunca en la poesía de la autora madrileña, brillan los poemas hiperbreves (“Eso espiritual que ves en mí es miedo”; “Sólo quien tiene el amor / lo cree prescindible”; “Es una pulsión: un hombre encuentra agua / y tira una piedra”…) y en el que se llega bastante lejos en el asunto de la indagación en una misma, los ascendientes, lo corporal y lo psicológico. A quienes hayan ido leyendo las narraciones de la autora (como la magnífica novela Las efímeras o los cuentos de La vida sumergida –reseñados para ‘Los Libreros Recomiendan’ por la Librería de Mujeres de Canarias–) no les extrañarán los temas de este libro, su vocación orgánica, pero ahora se abordan, en principio, en primera persona. En ese sentido Pilar Adón es muy valiente, y no lo decimos tanto por la osadía en lo confesional como porque no parece importarle ser malinterpretada: ese poema de “¿Quién me va a cuidar cuando sea vieja?…” podría ser leído como un ejemplo de hasta qué punto puede la autocompasión ser llevada al paroxismo, y sin embargo nosotros vemos en él más humor (esos osos de gominola marca Haribo cumplen su función en el poema…), aunque “humor” nunca es la palabra exacta al hablar de Adón, y más bien habría que hablar de juego, o de proyección, pues, al igual que en otro poema añora cosas de “mi yo joven”, en ese fantasea con su improbable yo anciana. Hay otro poema que comienza “No queremos ser madres…” (casi todos los textos van intitulados) que podría ser leído como una exaltación del egoísmo o incluso de la inmadurez, pero es más perspicaz ver en él, en todo caso, cierto “peterpanismo”, o simple pero radical necesidad de independencia, de auto-protección, de que las cosas buenas no cambien, se preserven…

Sea como sea, en Las órdenes hay ante todo verdad, algo que se percibe especialmente en los poemas familiares (el de la casa de la abuela, el de las conversaciones telefónicas con la madre, los del padre convaleciente…) pero no tanto en lo que se refiere a sentimientos o personas como a los detalles más menudos, o a veces al simple lenguaje: cuando Pilar Adón escribe, por ejemplo, “aceite”, ese “aceite” es aceite, no literatura. Y eso, en un contexto de creciente hiperliteraturización de la poesía, es cada vez es más raro y más necesario. Y hay muchos lectores que lo buscamos.

“Cielo”, de Javier Lostalé

el 5 abril, 2018 en Libro de la Semana

Cielo

Cielo

Lostalé Alonso, Javier

ISBN

978-84-15673-82-8

Editorial

Fundación José Manuel Lara

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“Tan grande es tu vacío / que cualquier esperanza / se convierte en vértigo”…: quien escribe esos versos no es un hombre derrotado sino expectante, no un hombre amargo sino, acaso, melancólico, no un hombre desesperado sino sabiamente conforme con lo que hay. Ese hombre desnudo, expuesto, sin disfraces, es el poeta Javier Lostalé, quien acaba de publicar un libro precioso que, en cierto modo, continúa y tal vez culmina un ciclo claramente distinto inciado con Tormenta transparente y continuado con El pulso de las nubes. Son libros en los que, con serenidad, se va precisamente en busca de una consumación, de un despojamiento completo no tanto en la forma de los poemas como en su espíritu, entregado ya pero sin renunciar a las ilusiones, a la espera pero en pie.

Que con este Cielo Lostalé ha conseguido, en cuanto a su calidad y hondura, un verdadero libro de plenitud, es algo que descubrirá todo aquel que lo lea, pero el propio poeta, en otro sentido, también lo sabe, como demuestra el poema final, ese bellísimo “Cielo completo” en el que las averías del pasado se retiran ante la pura conciencia de un presente que se hace definitivo, reconciliado ya con su propia vida incluso en lo que tuvo de lesiva: “Que nada en tu biografía cicatrice / para que sean sus heridas quienes la escriban”. La falta de humildad produce monstruos, y en estas páginas nos encontramos con un hombre modesto que contempla la eternidad, un hombre sencillo ante el misterio, un poeta de línea clara que se enfrenta a lo indecible, consciente de que “no hay espacio más hondo / que el de un alma habiéndose en soledad”.

“La muerte, el amor y la menta”, de Vicente Verdú

el 15 marzo, 2018 en Libro de la Semana

La muerte, el amor y la menta

La muerte, el amor y la menta

Verdú, Vicente

ISBN

978-84-947671-6-6

Editorial

Bartleby editores

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“Que escribir / sea un consuelo / es desconsolador”, escribe Vicente Verdú en su nuevo libro (que es el segundo suyo de poemas), y probablemente tenga razón, pero para sus lectores leerle es ante todo un placer, un nuevo aprendizaje. En un libro que condensa larga experiencia, sabiduría activa, belleza indagadora y emoción contenida, el veterano ensayista nos brinda un enorme puñado de versos memorables, con una tendencia aforística que sin embargo no convierte la suya en una “poesía de frasecitas” (¡la poesía no se hace con frases!) sino en un texto vivo que entre intuiciones y tropos audaces accede a pequeñas conclusiones, a verdades trabajadas, con algún lamento elegante (“Me arrepiento, pues, / de no haber dado más de mí”), sin terminar de resignarse a tener que rendirse.

“La mayor libertad se obtiene / cuando desaparece el deseo de agradar”, nos dice, y lo hace entre “lobos amarillos” y “lagunas de lavanda”. “El amor sólo sabe turbiamente de sí / y no admite investigación alguna”, comprende con buena puntería, y lo hace entre selvas que bostezan y “mansos cocodrilos blancos”. Hay muchísimos animales coloreando los poemas de Verdú, haciendo voluptuosa una poesía que busca también lo racional, inyectando magia a la inteligencia. Por lo demás está, claro, el apremio de lo vital, la perplejidad por lo vivido, las cautelosas promesas de lo todavía vivible…, y también los miedos privados y las amenazas de la enfermedad, pero incluso éstas se ven impulsadas por los anhelos, el deseo, la necesidad palpitante y acaso definitiva de una elevación: “Si vivo, al menos, / un año y medio más / conduciré / el nuevo Amarok / de Volkswagen”. ¿Ironía? En absoluto. Pura ternura hacia sí mismo, una suerte de “autodulzura” que suprime la autocompasión y que, tan bien expresada, queda proyectada en todos, por todos, para todos. Un coche mejor como destino: un futuro en el que seguir avanzando, vivos, muy atentos: “Siempre deseé ser eterno, / por curiosidad”.

La muerte, el amor y la menta es un libro muy especial, escrito en carne viva, pero sin dramatismo. Es un libro sabio, serio por el tema latente pero bienhumorado, agradecido, todavía juguetón. Y es ante todo una celebración, no sólo de lo disfrutado sino de lo soñado, lo pensado, lo posible: “¡qué gran paz / pasear con una mujer inteligente!”. Hay melancolía, y una tristeza natural, pero no nostalgia: “El tiempo no se ve, de acuerdo, / pero son estremecedoras sus fotos”. Se trata, simplemente, de que es una pena ir a morirse, y estos poemas saben expresarlo sin obviedades y sin tópicos (aunque hablen del lugar común por excelencia, el destino de todos).

Pudoroso y verdadero, lleno de talento y de picardía, menos fúnebre que gozoso, pre-elegíaco pero no descarnado, más o menos conforme (aunque cueste), es éste un poemario inolvidable, importante, rebosante de luz ante la puerta de las sombras.