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“El hombre negro”, de Carmen de Burgos

el 19 febrero, 2018 en Libro de la Semana

El hombre negro

El hombre negro

Carmen de Burgos. Colombine

ISBN

978-84-948073-0-5

Editorial

Uve Books

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El hombre negro es un libro deliciosamente escrito por una mujer adelantada a su tiempo como fue Carmen de Burgos. Escritora nacida en 1867, revolucionó con sus cuentos, artículos y novelas breves a la sociedad acartonada de su época. Ahora nos llega en cuidada edición de bolsillo, publicada por la editorial asturiana Uve Books.

El hombre negro es la historia de Elvira, una chica de provincias que se casa con Bernardo, sin demasiada convicción pero con la esperanza de que, a su lado, pueda llegar a ser una mujer feliz y respetada. Nada más lejos de la realidad: su marido resulta ser un hombre malvado sin ningún tipo de escrúpulos, que hará cualquier cosa para llevarse por delante a sus competidores y llegar a lo más alto. Cuando ella deja de ser un apoyo con el que sacar provecho a sus intereses, el matrimonio se convierte en un infierno. Elvira es una mujer valiente, resuelta y con las ideas muy claras. Necesita salir de las paredes de su bonita pero oscura casa, de su luminosa cárcel. Fantasea con amar a los amigos de Bernardo, ser libre, destruirle y vengar su maldad.

“Colombine” es uno de los tantos pseudónimos que tuvo Carmen de Burgos. Fue la primera periodista española que trabajó en una redacción y la primera corresponsal de guerra. Activista y feminista, dirigió la primera campaña en prensa a favor del divorcio y luchó durante décadas por el sufragio femenino y la independencia de la mujer. Otros pseudónimos que usó fueron “Marianela”, haciendo un guiño a la protagonista de la novela de Benito Pérez Galdós o “Perico el de los palotes”.

El hombre negro, de Carmen de Burgos, es el primer libro publicado en la colección ‘De Rescate’ en Uve Books. Pequeños escritos rescatados de librerías anticuarias que recogen los anhelos, sueños y pensamientos de escritoras y escritores olvidados de los siglos XIX y XX. Exquisita edición ilustrada, recomendada para lectores replicantes.

Álvaro Muñoz Guillén y Cristina Sanmamed Prieto, La Puerta de Tannhäuser (Plasencia)

 

“Morir no es lo que más duele”, de Inés Plana

el 12 febrero, 2018 en Libro de la Semana

Morir no es lo que más duele

Morir no es lo que más duele

Plana Giné, Inés

ISBN

978-84-670-5149-0

Editorial

Espasa

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Los libreros tenemos la suerte de percibir de primera mano las sensaciones de un lector al toparse con un libro que le atrae. Por ello, hay que reconocer el trabajo del equipo de Espasa para ofrecernos una novela que hipnotiza con sólo verla.

Cuando comenzamos la lectura de Morir no es lo que más duele, la autora Inés Plana nos sumerge en una trama acuciante, con un ritmo que fluye durante más de cuatrocientas páginas. Los personajes, muy actuales, muy marcados, con mucha personalidad…, podríamos ser nosotros mismos. Los paisajes y poblaciones de la zona noroeste de Madrid, salpicados de urbanizaciones impersonales –donde muchas veces no conocemos a nuestros vecinos–, ayudan a crear una bruma que enturbia nuestro cerebro. En ese momento nos adentramos en la ficción de Inés Plana. Hemos caído en el juego de la autora.

La presencia, cercanía y valores de la Guardia Civil se manifiestan abiertamente en la novela y esto marca la elección del teniente Tresser como investigador y de su joven compañero Coria. Destacaremos la documentación sobre los protocolos de actuación, muy exhaustiva. Nos ha encantado el lenguaje directo, vibrante, sin adornos, que atrapa. Los crímenes de género y los abusos de menores aparecen en la novela, aunque en ningún momento apreciamos la sensación de sordidez.

Los libreros barbastrenses nos sentimos orgullosos ya no sólo de acoger una novela de una autora de nuestra ciudad, sino de poderla recomendar a los lectores con la total convicción de acertar.

Y como lo bueno siempre resulta breve, Inés Plana nos deja con ganas de más, aunque estamos convencidos de que no tardará en sorprendernos con otras tramas tan ágiles como la de Morir no es lo que más duele. Que la disfruten.

Víctor Castillón y María Pilar Ezquerra, Librería Castillón (Barbastro, Huesca)

“Invierno”, de Elvira Valgañón

el 29 enero, 2018 en Libro de la Semana

Invierno

Invierno

Valgañón Prado, Elvira

ISBN

978-84-15862-94-9

Editorial

Pepitas de calabaza

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Este invierno de Elvira Valgañón no nos habla sólo de un invierno, sino de muchos inviernos. Una historia compuesta de pequeñas historias dentro del mismo paisaje rural, un pueblo de la sierra, que transita por todas las estaciones del año, donde los veranos son cortos y muy calurosos y los inviernos largos y gélidos.

Una historia que empieza atrás, muy lejos en el tiempo, y avanza en secuencias diferentes, saltando los años y la vida de sus gentes.

Una narración a la vez medida y torrencial que se detiene en la anécdota, en el detalle, en las personas con nombre propio, sus vivencias y recuerdos; en los rostros nuevos, en los que se fueron, y algunos que regresaron; en el bar de pueblo, en la vieja escuela y el maestro, y el nuevo maestro…en la tormenta y en la hierba seca, en la sombra del manzano y el frío y el calor y el hambre y la guerra; en el día a día.

Y el impávido testigo del paso del tiempo: el asustacuervos, que abre y cierra esta historia de historias y que mide el tiempo desde su inmovilidad, soportando veranos e inviernos, calores, lluvias, heladas y nieves. El asustacuervos, que también observa y oye, aunque no entienda, y tiene memoria: “El hombre que le puso su primera chaqueta ya no viene a la huerta y eso debe ser el tiempo”.

Una voz impregnada del sentir y del ser rural con la sencillez de lo cotidiano.

Una voz emotiva, resuelta y madura. Una novela que consigue envolver al lector en el ambiente que la autora construye sabiamente, con la palabra precisa, el tono adecuado y la fluidez de quien se maneja con desenvoltura y solvencia en el escenario narrativo elegido.

Olivia Lahoya, Librería Estudio (Miranda de Ebro)

“La vida sumergida”, de Pilar Adón

el 4 diciembre, 2017 en Libro de la Semana

La vida sumergida

La vida sumergida

Adón, Pilar

ISBN

978-84-17088-37-8

Editorial

Galaxia Gutenberg

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Reconozco que formo parte del grupo de lectoras compulsivas, obsesivas casi, que cuando descubren una obra que se les mete dentro se lanzan a la búsqueda y captura de todo lo escrito por quien la firma, ya sean poemas, diarios, novelas, cartas o recetas de cocina. Así me ocurrió hace mucho tiempo con Cortázar, con Borges, con Clarice Lispector, con Marguerite Duras y con un largo etcétera de nombres que me entraron en las vísceras. Sin embargo debo reconocer, también, que con el paso de los años, con el agotador trabajo de librera a vida completa, con la conciencia de la finitud y el acercamiento cotidiano a magníficos escritos, la obsesión casi se ha disipado. Por eso, en la actualidad, son pocas las autoras de las que quiero, necesito, devorar toda la obra. Y una de esas autoras es, sin duda y sin remedio, Pilar Adón, cuya obra poética, crítica, narrativa, relatora y hasta instagranera leo con pasión admirada, como quien lee a una maestra. Las causas de mi fascinación por la escritura de Pilar, y más concretamente por La vida sumergida (Galaxia Gutenberg, octubre 2017), son, más o menos, las que a partir de aquí, de manera inevitablemente subjetiva, procuro exponer.

Primer paso: llega el libro. Antes de tenerlo entre mis manos, por las razones ya comentadas, he leído algunas críticas, conozco la portada y también el texto de la contraportada. Pero todo empieza cuando llega el libro, porque entonces lo cojo entre mis manos, me lo apropio, admiro la portada, releo la contraportada que abre el apetito, lo huelo, lo aprieto, tapo la bella imagen y me entrego al título: La vida sumergida. Así se titula, no una vida sumergida, no las vidas sumergidas, no vida sumergida. No. La vida sumergida. La vida. Pienso ¿qué es la vida, más allá de las definiciones escolares, cómo definiría yo la vida, y qué es, entonces, la vida sumergida, es una vida especial o es un atributo de la vida el estar sumergida? Consulto el María Moliner, pienso en el aire como líquido, en la atmósfera como lugar de vida, en la biosfera, en abajo. Me pierdo y en la pérdida descubro un motivo esencial que me impulsa a leer todo lo que escribe Pilar Adón: los títulos. Los títulos bellos y certeros que pone a sus excritos: El hombre de espaldas, Viajes inocentes, El mes más cruel, Mente animal, Las efímeras…, La vida sumergida. Esos títulos que designan e inquietan. Pilar Adón es una maga de los títulos, y esa aparente nimiedad es una de las causas que explican mi adicción a sus escritos.

Segundo paso: abro el libro. Busco la referencia de la foto de portada, acaricio el papel, respiro y voy al índice. El libro contiene trece relatos (ya lo había leído en alguna reseña). Leo los títulos. Calculo las dimensiones de cada historia y descubro que la central, “Un mundo muy pequeño”, es la más larga. Sonrío. Me implico como lectora. Me siento parte de un juego que me gusta. Reparo en que tres títulos están en latín (“Pietas”, “Fides”, “Virtus”). Establezco una relación rápida entre los tres títulos y vuelvo a sonreír. Hay dos que se nombran con una sola palabra (“Recaptación” y “Gravedad”), me intriga, quiero leer “Gravedad”, pero sigo husmeando los títulos. El último alude a un personaje shakesperiano (“Dulce Desdémona”), siento que debo empezar por éste, no sé por qué. Pero me paro en seco, repaso los títulos, me aseguro de que ninguno lleva el título del libro, porque ningún relato es el libro, porque La vida sumergida está en todas las historias y no puede ser una, porque… Sonrío de nuevo y tomo conciencia de que otro de mis motivos para abalanzarme sobre los textos de Pilar Adón , el segundo en esta larga y desordenada reseña, es la sensación de que nada está dejado al azar, de que todos los detalles están cuidados, de que como lectora tengo que descubrir claves ocultas, indagar, estudiar incluso. Y esta invitación a participar de las historias, esta manera de hacerme cómplice, de ofrecerme distintos planos de lectura, de incitarme a pensar, es una característica que pocas veces encuentro y que contribuye, y mucho, a mi pasión por la escritura de Pilar.

Tercer paso: cierro el libro. No me he leído el libro, y lo cierro. Necesito pasear, tomar el aire, darle vueltas a las intuiciones llegadas de hojearlo, decidir el modo de leerlo: ¿por orden, de un tirón, relato a relato, empezando por el último? Regreso al libro. Lo abro y me lo empapo de una sentada. No es mi forma habitual de leer relatos, pero necesito hacerlo en esta primera lectura. Cuando termino sé que hay relación entre todas las historias, que todas conforman La vida sumergida, y que todas son tan diversas como reales. Y son mágicas. En casi todas dos personajes de una familia, en algunas paisajes boscosos y en otras salones rusos o casas familiares, en varias miradas al exterior y búsquedas de futuro, en otras tantas recorridos por el interior y por el pasado. Y todas atrapan, todas me sumergen desde la primera frase, todas terminan dándole sentido al títulos, todas me oprimen (soy tan claustrofóbica como agorafóbica) y todas me son familiares. En todas me reconozco. Y veo que el tercer motivo por el que adoro leer a Pilar Adón es que me obliga a vivirme en sus palabras, que no me permite leer desde fuera, que me obliga a introducirme en los espacios que propone y que, además, lo hace desde la primera frase de cada uno de los relatos, porque cada relato tiene un inicio que marca el ritmo de la historia, y una vez empezado no se puede abandonar.

Cuarto paso: me dispongo a leer cada historia detenidamente, con el lápiz en la mano y el diccionario cerca. Sé que me llevará más de un día, así que decido dedicarle todos mis tiempos libres durante una semana. Leo cada relato dos veces, o más. Al principio en silencio y subrayando. Después de pie y en voz alta, caminando al ritmo de la palabra. En cada principio hay una afirmación que incita mi curiosidad y, por eso, cada relato debo leerlo sin parar en medio. Además, sólo así puedo sentir el ritmo, ese que Pilar Adón, tan bien, y también, domina, y que es mi cuarto motivo para leerla siempre y cada vez más. Prueben con la lectura en voz alta. La primera historia, “Pietas”, se inicia así: “Se habían habituado al licor de ajenjo y lo bebían de pie, por las mañanas, junto al fregadero de piedra o apoyadas en la escalera que movían de un lado a otro por la biblioteca para llegar a los estantes más altos”. ¿No les parece un ritmo circular que hay que continuar? ¿No les asombra la cantidad de información que contiene? ¿No les suena a voz de abuela contando? Vayamos a otro relato, “Recaptación”. Se inicia así: “La luz fue una cuestión esencial desde el principio”. ¿Sienten la curiosidad?

Quinto paso: cierro el libro, una vez más. Lo cierro sabiendo que lo abriré múltiples veces, que volveré a leer Othello, que subrayaré y anotaré en los márgenes, que buscaré más información sobre “Virtus”, que leeré fragmentos en voz alta, y que volveré a asombrarme. Y siento que todos los pasos me llevan al inicio, y que mis motivos de pasión por la escritura de Pilar Adón, por La vida sumergida, tienen que ver con el estar sumergida en la vida y sentir que las palabras leídas, una y otra vez, las historias magistralmente narradas, como éstas, nos hacen vivir más porque en cada lectura algo nuevo descubrimos y el asombro no cesa.

¡Gracias, Pilar!

Izaskun Legarza, Librería de Mujeres de Canarias (Santa Cruz de Tenerife)

 

 

“Los turistas desganados”, de Katixa Agirre

el 16 noviembre, 2017 en Libro de la Semana

Los turistas desganados

Los turistas desganados

Agirre, Katixa

ISBN

978-84-16906-54-3

Editorial

Editorial Pre-Textos

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Ahora que todo el mundo habla de Patria, de Fernando Aramburu, un verdadero hito editorial, parece irse olvidando que hace un par de años se produjo otro fenómeno más pequeño y modesto, menos estruendoso y premiado pero probablemente más arriesgado e igualmente revelador que constituyó la primera gran novela sobre ETA tras el final de ETA, aparte de un experimento literario realmente interesante y convincente. Me refiero, por supuesto, a El comensal, de Gabriela Ybarra, que abrió una línea de indagación narrativa en “el asunto vasco” por antonomasia, y que está teniendo continuidad en ciertas novelas más recientes. Por otra parte, la editorial donostiarra Erein ha recuperado, dentro de su necesaria Biblioteca Ramon Saizarbitoria, la incómoda y magistral novela Cien metros, que, publicada en 1976, contaba los últimos segundos de vida de un terrorista antes de ser abatido en el barrio Antiguo de San Sebastián (y ya se anuncia la nueva edición de Los pasos incontables, otra narración magnífica del autor –tan insuficientemente conocido en España como justamente indiscutible en los circuitos vascos- que, de un modo aparentemente más oblicuo pero igualmente central, abordaba el asunto de la llamada “lucha armada”). Al díptico de Edurne Portela formado por el ensayo El eco de los disparos y la novela Mejor la ausencia, se ha unido La línea del frente, de Aixa de la Cruz, y cuando todavía estamos digiriendo estas dos últimas narraciones citadas, aparece entre nosotros la versión en castellano de Los turistas desganados, la primera novela de la vitoriana Katixa Agirre.

La versión original en euskera (Atertu arte itxaron) obtuvo muchos de los premios reservados a ese idioma y, ahora que podemos leer la versión en castellano, traducida por la propia autora, podemos entender por qué. Lo que comienza siendo una road novel con aires explícitos de intrascendencia, con afán deliberado de ligereza, acaba tratando temas muy graves, pero la autora acierta a hacerlo sin solemnidad, de forma refrescante pero nada frívola, con desparpajo de calidad, con desenfado significativo. Escrito en primera persona y en presente, lo que principalmente leemos aquí es el cuaderno de viaje de unos días en los que la joven musicóloga Ulia regresa a su tierra vasca con su novio, el avilés Gustavo, un profesor universitario muy bien acomodado en Madrid. El espíritu del verano, la complicidad del amor, la buena gastronomía, la golosa indolencia del título o unas digresiones realmente graciosas (que a menudo adquieren la forma de diálogo, pero también de microensayos sobre diferentes aspectos de la vida de Benjamin Britten, objeto de la tesis doctoral de la protagonista) van dejando paso paulatinamente (pero sin que el tono del libro cambie) a asuntos más serios, y entre ellos, claro, al “asunto”. No es que haya grandes sorpresas finales, sino que las revelaciones se van ofreciendo al lector desde pronto, pero no podemos adelantar nada: únicamente admirar cómo ha conseguido la autora tratar esos temas de un modo que es a la vez distante pero implicado, como sin comprometerse pero inevitablemente desde dentro. Lo que la novela tiene de “retorno a la semilla” va mucho más allá de la simple excursión que articula el texto, pues si se habla de las manifestaciones a favor del reagrupamiento de los presos como de “folclore vasco”, si hay alusiones a “esos bares” o hasta se hace uso del verbo “incautar” cuando la protagonista se hace con un paraguas para lanzarse a la calle… se hace de un modo que no es exactamente irónico, porque en ello subyace algo claramente herido, pendiente de cicatrizar, un dolor vigente… pero si se puede hablar ya del terrorismo de este modo, aparentemente relajado pero en el fondo muy en serio, es en buena parte porque todo aquello, aunque muy reciente, nos parece ya remoto, casi imposible, como un mal sueño que ya nos pareciera inverosímil.

Los turistas desganados es una novela de actitud juvenil pero madura, muy vivaz y jovial, muy despejada e inteligente, y está además muy bien escrita, con un ritmo ágil y a veces hasta nervioso que se ajusta muy bien a una trama que parece tan improvisada como la ruta de los personajes pero que está perfectamente planeada y estratégicamente planteada. Y es un libro listo, vitalista, enamorado, anhelante de felicidad en forma de kilómetros que se recorren en compañía, en busca de un paisaje, de una playa, de una patria verdadera… Incluso los pasajes más nítidamente trágicos (como la crónica de los atentados del 11-M, que permitió que los personajes –siempre condicionados, pues, por la violencia…– se conocieran) están tratados de un modo nada lacrimógeno, sino con una extraña invitación a seguir viviendo, pero se hace sin la menor sombra de banalización. Es otra cosa: un sentimiento elemental de supervivencia, de afán de crecimiento, de curiosidad sana. Y esta otra propuesta de memoria colectiva, esta otra forma de homenaje, consigue convencer y contagiarse.

 

Andrés Barba, Premio Herralde de Novela 2017

el 6 noviembre, 2017 en Noticias

Un jurado compuesto por el editor Gonzalo Pontón Gijón, la escritora Marta Sanz, el librero Jesús Trueba (de la librería La Buena Vida), el novelista Juan Pablo Villalobos y la editora de Anagrama Silvia Sesé ha proclamado hoy a Andrés Barba ganador del 35º Premio Herralde de Novela por su novela República luminosa.

Andrés Barba (Madrid, 1975) es un todavía joven pero ya veterano escritor muy conocido y valorado por su sensibilidad y talento a la hora de retratar personajes heridos por uno u otro motivo, seres aislados, asustados o en crisis. El año pasado debutó como poeta con el también premiado Crónica Natural, al tiempo que ofreció en Te miro para que te quedes un libro estremecedor y emocionante como despedida a su amigo, el pintor Pablo Ángulo

La novela finalista ha sido La extinción de las especies, del novelista argentino Diego Vecchio.

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