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“La acompañante” de Nina Berbérova

el 29 octubre, 2018 en Libro de la Semana

La acompañante

La acompañante

Berbérova, Nina

ISBN

978-84-945478-6-7

Editorial

EDITORIAL CONTRASEÑA, S.C.

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La novela corta La acompañante arranca con una ficción dentro de la ficción: el hallazgo accidental del diario personal de una mujer rusa que murió en un estado de soledad y pobreza extremas, en una humilde pensión de París. En él, Sonia, o Sónechka, repasa su desolada vida con una mirada amarga. Tuvo una infancia difícil porque su madre, profesora de música, soltera, tuvo que cuidar de ambas como pudo, en un ambiente hostil por su estado civil y con escasos medios materiales. El estallido de la revolución bolchevique no hizo más que empeorar las condiciones generales del país, aportando más limitaciones a su magra existencia. Terminó su formación musical siendo una joven “anónima, mediocre”, poco agraciada y sin talento. Cuando la cantante María Trávina, una mujer enérgica y  fascinante, decide contratarla para que la acompañe al piano en sus espectáculos, se le ofrece la oportunidad de empezar una nueva vida, rodeada de comodidades. Por fin podrá vivir en una casa con calefacción, podrá comer bien y viajar al extranjero. Pero el brutal contraste con el ambiente del que procede, así como el desigual éxito que cantante y pianista van recogiendo en sus actuaciones por los teatros y los salones de Moscú y París, la llevarán a establecer una relación de amor-odio hacia la soprano, hasta convertirse en una ambigua obsesión. La seguridad con que María actúa encarna la arrogancia de una clase social acostumbrada a estar por encima de los demás por derecho propio, mientras que Sonia se siente perteneciente al “bando de los tontos por obra de Dios”, irremediablemente destinada a ser desgraciada.

Esta novela, traducida por Marta Rebón, nos cuenta una historia muy pequeña dentro de la convulsa Europa de entreguerras, pero tiene la grandeza de poderse leer como un diminuto extracto de la hazaña de toda una clase social que lucha por abrirse paso en una época de grandes cambios. Pero la autora no tiene pretensiones reivindicativas; su narración es delicada, casi silenciosa. En este sentido, el tono del relato refleja el temperamento retraído y callado de la protagonista.

Aun así, por las venas de este relato corren a velocidades paralelas una dura crítica hacia el largo régimen zarista, que generó unas desigualdades sociales difíciles de erradicar, y una gran decepción hacia el régimen post-revolucionario, que no supo generar bienestar y seguridad en la población y que ahuyentó a los artistas. Muchos escritores, poetas o músicos se vieron obligados a abandonar el país para poder seguir creando en libertad, sin presiones, lejos del hambre y la miseria.

La autora, Nina Berbérova, abandonó Rusia en 1922 y ha seguido escribiendo en su lengua natal el resto de su vida, que se apagó en Filadelfia, después de haber vivido casi un siglo.

Chiara Delle Donne, Librería Diógenes (Alcalá de Henares, Madrid)

“Viaje a Rusia” de Josep Pla

el 13 septiembre, 2018 en Libro de la Semana

Viaje a Rusia

Viaje a Rusia

Pla, Josep

ISBN

978-84-233-5428-3

Editorial

Ediciones Destino

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El otro día, caminando por puro vicio por las inmediaciones de la Real Academia Española, quien esto escribe escuchó cómo alguien exclamaba algo estupendo: “Pues al final va a ser que eso de leer no está tan mal”, frase indiscutiblemente maravillosa que de vez en cuando se ve incluso confirmada por libros buenos y bonitos y edificantes.

En ‘Los Libreros Recomiendan’ sentimos devoción por Josep Pla, y nos pone contentos saber que se le lee, que se le disfruta y se le estudia, que se le tiene en cuenta, pues eso es lo que demuestra el hecho de que sea raro el año en que la editorial Destino no ofrece o recupera algún título suyo. Que Pla tenga lectores fieles es algo que devuelve la esperanza, pues la suya es una literatura que, como su inteligencia, debería ser declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, de tan excepcional como es. Y es de esos autores que, sin ser ni mucho menos especialmente felices, llenan de alegría a quienes los leen, transmiten a través de su agudeza y de su mirada una jovialidad elemental, algo institntivo.

Lo que ahora podemos leer, y por primera vez en castellano gracias a Marta Rebón (quien debutó el año pasado en la escritura propia con su En la ciudad líquida, reseñado también en su día en nuestra página), es un libro de 1925 en el que Pla recogió todas las crónicas que desde Rusia había enviado meses antes a La Publicitat, el periódico para el que por entonces colaboraba. Y, para decirlo rápidamente, diremos que este libro merecería horas y horas de comentarios. Para decirlo brevemente, diremos que necesitaríamos páginas y páginas para reseñarlo. Leyendo intermitentemente la obra de Pla, da la sensación de que no hubo ni un solo metro cuadrado de Europa que no se viese pisado y observado por él, y además en el momento oportuno, y eso vuelve a ocurrir en el caso de la Rusia post-revolucionaria.

Como les ocurrió a otros muchos visitantes españoles en Rusia antes (Manuel Chaves Nogales) o después (Félix Ros), Pla escribe nada más llegar a la frontera que “sentís que os encontráis en un lugar totalmente diferente de todos los que habéis visto hasta ahora”. Después nos interesa especialmente el hecho de que en todas las estaciones de tren, por minúsculas que fuesen, había una librería (y Pla se sorprenderá después, ya en Moscú, de la espectacular abundancia de librerías en la ciudad, aunque la diversidad de la literatura que se ofrecía en ellas no fuera precisamente inmejorable…). El sublime paisaje de la estepa, opina Pla, “debe de obligar por fuerza a la gente a llevar una vida sin vanidad”, y en cuanto pasa unas horas en Moscú, el veinteañero periodista decide que el color predominante en la ciudad es el de una “ensalada de pimientos y tomates”, impresión que cualquiera que haya estado allí sabe que, aparte de su gracia (sólo a alguien de Palafrugell se le podría ocurrir algo así), es de una exactitud alucinante (Chaves Nogales, puesto a ello, tal vez habría concluido que Moscú tiene el color del gazpacho, y los diseñadores de Destino han hecho muy bien en elegir precisamente ese color para las cubiertas del volumen). El Kremlin le impresiona (“me ha proporcionado una de las mayores emociones de mi vida”), pero ante la famosa iglesia de San Basilio (“una de las construcciones más divertidas, monstruosas, bellas y graciosas –todo a la vez– del mundo”) afirma que “todo está pintado de una manera absurda, con todos los colores de la paleta, con las mezclas más dulces o más grotescas, con una euforia, unas ganas de divertirse y de impresionar que a veces parecen pueriles de tan profundas que son”.

Pues bien, todas las citas del párrafo anterior (y varias otras semejantes, o detalles decisivos que suelen pasar por alto los historiadores más exhaustivos, como cuántos kopecs costaba medio pollo asado o una botella de vino tinto del Cáucaso, “que, por cierto, tiene un gran parecido con el vino catalán”…) se encuentran sólo, prólogos aparte, en las primeras quince páginas del libro, en los dos primeros artículos que pudieron leer en Barcelona unos suscriptores que, como no podía ser de otro modo, adoraban a Pla (y de hecho fueron ellos quienes pagaron el viaje y la estancia en Rusia, comprendiendo que ese gasto iba a merecer la pena). Además, no deja de ser gracioso que alguien tan conservador y anti-comunista como era o sería Pla (recordemos sus textos sobre la revolución de Asturias en 1934, que también recomendamos en su día) tuviera que donar un rublo en la frontera de Riga para “una suscripción a favor de los obreros chinos”. Vivir para ver: Pla haciendo su pequeña contribución a la Utopía. Y vivir para leer: tenía razón el simpático peatón del Paseo del Prado: definitivamente, esto de leer no está nada, nada, nada mal. Habrá que planteárselo.

“En la ciudad líquida”, de Marta Rebón

el 8 febrero, 2018 en Libro de la Semana

En la ciudad líquida (Caballo de Troya 2017, 6)

En la ciudad líquida (Caballo de Troya 2017, 6)

Rebón, Marta

ISBN

978-84-15451-84-6

Editorial

CABALLO DE TROYA

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Hace pocas semanas, en un recorrido de ‘Los Libros Recomiendan’, nos sorprendíamos de la llamativa cantidad de novedades editoriales que, de uno u otro modo, tiene a Tánger como escenario, como decorado, como paisaje, a veces incluso como protagonista. Y entre aquellos siete libros destacábamos En la ciudad líquida. Derivas, interiores y exilios, el debut de la barcelonesa Marta Rebón.

Éste es, sí, su primer libro, y sin embargo todos hemos leído a Rebón muchísimo más de lo que en un primer momento pudiéramos imaginar. Hemos leído, tal vez, miles de páginas suyas, si es que nuestros ojos han recorrido Una saga moscovita, de Vasili Akiónov; Vida y destino, de Vasili Grossman; El doctor Zhivago, de Borís Pasternak; Las almas muertas, de Nikolái Gógol, o Gente, años, vida,de Iliá Ehrenburg, entre muchos otros (como el muy reciente Inmersión. Un sendero en la nieve, de Lidia Chukóvskaia). Ahora es ella, por fin, la que decididamente toma la palabra, sin ejercer de intermediaria de nadie que no sea ella misma, pero lo hace en buena medida para hablar de todos ellos (y de muchos otros) en un libro no sólo gozosamente errante sino deliberadamente errático en el que se unen la literatura y los desplazamientos, los kilómetros y los versos.

El escritor Danilo Kiš (de quien también se habla aquí) advirtió en sus Consejos a un joven escritor que no hay que escribir libros sobre lugares en donde sólo hayamos estado esporádicamente, de paso. Marta Rebón no cae en ese error, pues todas las ciudades de las que habla fueron la suya durante algún tiempo prolongado, y tampoco incurre en esa otra torpeza, tan habitual, de presumir de viajera. Nos fascinan los libros de viajes, pero resulta irritante lo difícil que es que los escritores nómadas contemporáneos no acaben jactándose de algo tan poco glorioso como sentarse y dejarse desplazar. Lo que importa en los libros de viajes, lo que marca la diferencia, no es el desplazamiento mismo ni desde luego la mayor o menor distancia, ni el supuesto exotismo, sino la calidad de la mirada, y en ese sentido este libro es una lección, y eso que se dice en la contracubierta sobre “la voz elegante” de la autora es exacto. “Elegancia” es tal vez el mejor sustantivo para calificar esta prosa, que es también serena, incisiva, como de otro tiempo (algo que, por supuesto, apuntamos como elogio), y su forma de contarse a sí misma en lo que cuenta, de colarse en su propio texto, de introducir una subjetividad que a menudo se hace explícitamente memorialístca, diarística, testimonial… recuerdan bastante, para entendernos, a Philip Hoare, pero no tanto al de Leviatán o la ballena como al de El mar interior (y no sólo –ni siquiera principalmente– por el modo de introducir imágenes). Rebón consigue ser trascendente sin ponerse estupenda, y es muy hábil a la hora de encontrar citas magníficas, algunas de las cuales figuran como exergos al frente de los capítulos. Entre muchas otras destaca una de Tolstói que advierte que si eres capaz de no escribir, entonces es que no debes hacerlo. Desde aquí nos alegramos de que Marta Rebón, por fin, haya demostrado que es de las que no pueden no hacerlo, pero también celebramos que no haya tenido prisa, que se haya tomado el tiempo suficiente para hacerlo tan bien, y en un libro que, además de venir presentado en una edición realmente cuidada, ofrece también una amplia colección de buenas fotografías.

Novedades editoriales sobre Tánger

el 18 enero, 2018 en Recomendaciones temáticas

En los últimos meses se ha publicado un sorprendente número de libros españoles que de uno u otro modo, con mayor o menor detalle, visitan la ciudad de Tánger. Entre ellos hay reediciones de clásicos, novela negra, testimonios autobiográficos y evocaciones de naturaleza exótica. A los poemas de Más allá Tánger, de Álvaro Valverde, o a los relatos de residentes ilustres como Paul Bowles o Tennessee Williams se añaden desde ahora estas siete novedades editoriales sobre un lugar tan cercano, tan lejano:

 

EVA, de ARTURO PÉREZ-REVERTE (ALFAGUARA)

En 1937 Tánger, dejando a un lado mitomanías y exageraciones, era un hervidero de espías, conspiradores, piratas de muchos tipos y buscavidas procedentes de medio mundo. Nuestro ya conocido Lorenzo Falcó ha de visitarla para un asunto relacionado, claro, con la Guerra Civil en curso. Muchos elementos narrativos atractivos, muchas tramas y líneas argumentales, muchas sorpresas y reflexiones laterales… forman una nueva novela del escritor español más exitoso y leído de hoy, que por primera vez sitúa en Marruecos una historia adictiva y trepidante.

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NIEBLA EN TÁNGER, de CRISTINA LÓPEZ BARRIO (PLANETA)

La novela finalista de la última edición del Premio Planeta propone una búsqueda por una ciudad “cosmopolita y mágica”. El día de Nochebuena de 1951 un hombre ha desaparecido sin dejar rastro, y una mujer enamorada de él viaja hasta Tánger para indagar, con una novela en la mano, Niebla en Tánger, que ella intuye llena de extrañas pistas sobre el suceso, a pesar de no conocer a su autora… Con ese planteamiento tan intrigante, Cristina López Barrio ofrece una novela de amor y misterio, de revelaciones y silencios muy expresivos.

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TÁNGER ENTONCES, de ANTONIO PAU (COMARES)

Antonio Pau, aplaudido biógrafo de Nietzsche o Hölderlin y editor de Julián Ayesta, pasó su infancia en Tánger, y ha esperado el momento adecuado para contarlo, con enorme madurez retrospectiva, en un libro pequeño e inmenso a la vez, sencillo pero muy nutritivo, que desmitifica ese Tánger que fue destino de mitómanos ociosos para retratar la ciudad real, la de la gente de a pie, la del día a día. Pau superpone un retrato colectivo de su familia con el plano de Tánger, consiguiendo una etopeya íntima de la ciudad, un precioso mapa autobiográfico.

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CIUDADES QUE SE POSAN COMO PÁJAROS, de FERNANDO SANMARTÍN (XORDICA)

Con su prosa sencilla y poética, indagadora y eficaz, el escritor zaragozano Fernando Sanmartín ofrece un pequeño libro articulado con viajes a Lisboa o Bruselas, y que incluye también una escapada a Tetuán y Tánger que tiene algo de regreso a la semilla, pues anda tras las huellas de su padre, militar destinado décadas atrás en aquellas ciudades. Con su envidiable capacidad para sorprenderse por las cosas cotidianas, esos detalles nimios que pasarían normalmente desapercibidos, y con su habilidad para extraer significados asombrosos de situaciones mínimas, el paseo de Sanmartín por Tánger se hace inolvidable.

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DORADOS DÍAS DE SOL Y NOCHE, de LUIS ANTONIO DE VILLENA (PRE-TEXTOS)

En este segundo volumen de sus memorias, Luis Antonio de Villena vuelve a ofrecer alusiones a sus viajes veraniegos al Tánger abierto, internacional, libérrimo, ambiguo y sensual de los años setenta (y al más reciente, ya irreconocible para él…), pero fue sobre todo en el primer tomo, El fin de los palacios de invierno, donde, en el capítulo titulado “Emilio y Tennessee” (que son, por supesto, Sanz del Soto y Williams), Villena dibujaba un mapa de aquella ciudad atractiva y estimulante, mitómana y sorprendente.

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LA VIDA PERRA DE JUANITA NARBONI, de ÁNGEL VÁZQUEZ (SEIX BARRAL)

Si hubiese que leer un solo libro sobre Tánger, habría que quedarse con éste, verdadero clásico secreto que ha merecido ediciones críticas y una adaptación cinematográfica pero que sigue pendiente de ser descubierto. Una novela de 1976 experimental, sabrosa en su lenguaje, audaz en sus significados, aislada geográficamente pero adelantada en lo cronológico. Una novela aparte, diferente, con vocación (conseguida) de isla.

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EN LA CIUDAD LÍQUIDA, de MARTA REBÓN (CABALLO DE TROYA)

La magnífica traductora Marta Rebón (a la que debemos versiones probablemente definitivas de El doctor Zhivago de Pasternak o de Las almas muertas de Gógol) debuta en la narrativa con un libro muy personal, en varios sentidos. Habla de sí misma, pero lo hace de un modo, además, muy particular y singular, sólo suyo, al hablar de varias ciudades que viven de cara al agua, decidida y vocacionalmente condicionadas por la cercanía de costas o grandes ríos (a la manera del Brodsky veneciano de Marca de agua). Una de ellas es Tánger, y su enfoque de la ciudad, como hace con San Petersburgo, está trenzado a la literatura, filtrado por la experiencia de Paul Bowles, “traducida” en sí misma a texto, a relato, a decorado de algo que se escurre.

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