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“Viaje a Rusia” de Josep Pla

el 13 septiembre, 2018 en Libro de la Semana

Viaje a Rusia

Viaje a Rusia

Pla, Josep

ISBN

978-84-233-5428-3

Editorial

Ediciones Destino

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El otro día, caminando por puro vicio por las inmediaciones de la Real Academia Española, quien esto escribe escuchó cómo alguien exclamaba algo estupendo: “Pues al final va a ser que eso de leer no está tan mal”, frase indiscutiblemente maravillosa que de vez en cuando se ve incluso confirmada por libros buenos y bonitos y edificantes.

En ‘Los Libreros Recomiendan’ sentimos devoción por Josep Pla, y nos pone contentos saber que se le lee, que se le disfruta y se le estudia, que se le tiene en cuenta, pues eso es lo que demuestra el hecho de que sea raro el año en que la editorial Destino no ofrece o recupera algún título suyo. Que Pla tenga lectores fieles es algo que devuelve la esperanza, pues la suya es una literatura que, como su inteligencia, debería ser declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, de tan excepcional como es. Y es de esos autores que, sin ser ni mucho menos especialmente felices, llenan de alegría a quienes los leen, transmiten a través de su agudeza y de su mirada una jovialidad elemental, algo institntivo.

Lo que ahora podemos leer, y por primera vez en castellano gracias a Marta Rebón (quien debutó el año pasado en la escritura propia con su En la ciudad líquida, reseñado también en su día en nuestra página), es un libro de 1925 en el que Pla recogió todas las crónicas que desde Rusia había enviado meses antes a La Publicitat, el periódico para el que por entonces colaboraba. Y, para decirlo rápidamente, diremos que este libro merecería horas y horas de comentarios. Para decirlo brevemente, diremos que necesitaríamos páginas y páginas para reseñarlo. Leyendo intermitentemente la obra de Pla, da la sensación de que no hubo ni un solo metro cuadrado de Europa que no se viese pisado y observado por él, y además en el momento oportuno, y eso vuelve a ocurrir en el caso de la Rusia post-revolucionaria.

Como les ocurrió a otros muchos visitantes españoles en Rusia antes (Manuel Chaves Nogales) o después (Félix Ros), Pla escribe nada más llegar a la frontera que “sentís que os encontráis en un lugar totalmente diferente de todos los que habéis visto hasta ahora”. Después nos interesa especialmente el hecho de que en todas las estaciones de tren, por minúsculas que fuesen, había una librería (y Pla se sorprenderá después, ya en Moscú, de la espectacular abundancia de librerías en la ciudad, aunque la diversidad de la literatura que se ofrecía en ellas no fuera precisamente inmejorable…). El sublime paisaje de la estepa, opina Pla, “debe de obligar por fuerza a la gente a llevar una vida sin vanidad”, y en cuanto pasa unas horas en Moscú, el veinteañero periodista decide que el color predominante en la ciudad es el de una “ensalada de pimientos y tomates”, impresión que cualquiera que haya estado allí sabe que, aparte de su gracia (sólo a alguien de Palafrugell se le podría ocurrir algo así), es de una exactitud alucinante (Chaves Nogales, puesto a ello, tal vez habría concluido que Moscú tiene el color del gazpacho, y los diseñadores de Destino han hecho muy bien en elegir precisamente ese color para las cubiertas del volumen). El Kremlin le impresiona (“me ha proporcionado una de las mayores emociones de mi vida”), pero ante la famosa iglesia de San Basilio (“una de las construcciones más divertidas, monstruosas, bellas y graciosas –todo a la vez– del mundo”) afirma que “todo está pintado de una manera absurda, con todos los colores de la paleta, con las mezclas más dulces o más grotescas, con una euforia, unas ganas de divertirse y de impresionar que a veces parecen pueriles de tan profundas que son”.

Pues bien, todas las citas del párrafo anterior (y varias otras semejantes, o detalles decisivos que suelen pasar por alto los historiadores más exhaustivos, como cuántos kopecs costaba medio pollo asado o una botella de vino tinto del Cáucaso, “que, por cierto, tiene un gran parecido con el vino catalán”…) se encuentran sólo, prólogos aparte, en las primeras quince páginas del libro, en los dos primeros artículos que pudieron leer en Barcelona unos suscriptores que, como no podía ser de otro modo, adoraban a Pla (y de hecho fueron ellos quienes pagaron el viaje y la estancia en Rusia, comprendiendo que ese gasto iba a merecer la pena). Además, no deja de ser gracioso que alguien tan conservador y anti-comunista como era o sería Pla (recordemos sus textos sobre la revolución de Asturias en 1934, que también recomendamos en su día) tuviera que donar un rublo en la frontera de Riga para “una suscripción a favor de los obreros chinos”. Vivir para ver: Pla haciendo su pequeña contribución a la Utopía. Y vivir para leer: tenía razón el simpático peatón del Paseo del Prado: definitivamente, esto de leer no está nada, nada, nada mal. Habrá que planteárselo.

“Conocer Irán”, de Patricia Almarcegui

el 28 marzo, 2018 en Libro de la Semana

Conocer Irán

Conocer Irán

Almarcegui Elduayen, Patricia

ISBN

978-84-16247-73-8

Editorial

Fórcola Ediciones

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Conocer Irán es un libro extraño. Estupendo, pero extraño, lo cual es otro aliciente. Quien quiera hacer eso a lo que invita el título probablemente se quede algo desconcertado, porque es un libro demasiado personal y libre como para ello, de modo que por aquí tendemos a pensar que lo que en ese rótulo se indica es una experiencia de la autora, su propio conocimiento, y no una promesa: no algo que se ofrece, sino más bien algo que se comparte generosamente, y con buena calidad literaria. Sobre la situación sociopolítica de Irán en la actualidad se rescatan en las primeras páginas unos artículos de la autora exhumados ahora de la prensa digital, y en ellos sí nos enteramos de muchos asuntos pertinentes, pero es en las páginas testimoniales de su propio viaje (que son las que constituyen el grueso de un volumen que, en todo caso, es muy breve) donde el libro se hace literatura, crónica apasionada, algo duradero y especial.

Para que un viaje merezca ese nombre, y no sea un paseo por el mundo, ha de tener algo de errático, de improvisado, de imprevisible. Almarcegui lo sabe y se entrega a ello, sin planes y casi sin mapa, aprovechando las oportunidades, dejándose llevar, entregada a un azar que siempre trae premios. Almarcegui, además, hizo bien los deberes de lectora y sabe que “la literatura de viajes se caracteriza por la reescritura. El itinerario se prepara con los libros de otros viajeros”. Con esa protección adicional de las lecturas, más útiles que cualquier visado, Almarcegui se va sola a Irán siete semanas de 2005, y allí disfruta de los jardines, de los paisajes, de las ciudades demenciales y los desiertos vacíos, y lo hace con ojos curiosos, indagadores, y a veces hasta de poeta: “¿Qué sentiría la primera persona que abrió una granada y miró en su interior?”.

Pero, previsible y desdichadamente, que una mujer viaje sola tiene todavía sus precios, sus peligros, sus valentías, y Almarcegui ha sabido expresar cómo pocas el temor a las pisadas que te siguen y a los acosos (que no proceden tanto de los iraníes como de los compatriotas: a veces los hoteles son más tramposos que las calles nocturnas), lo abusivo de las preguntas (“¿Y tu novio te deja viajar sola?” es casi un estribillo en este cuaderno de notas), el hartazgo de tener que temer cuando sólo se busca plenitud, libertad, renacer. En ese sentido es éste también un libro muy pertinente, y, aunque no se centra en ello en absoluto, aporta la variante viajera a la necesaria serie de denuncias y reivindicaciones de signo feminista que vienen publicándose últimamente.

Más volcado hacia el interior (incluso hacia los recuerdos) que hacia el exterior, este libro narra un viaje más íntimo que social, más introspectivo que explorador. Y en eso reside buena parte de su encanto, y del éxito del resultado. Es un libro confidencial, generoso, finalmente feliz. Un libro pequeño y grande. Un libro sugerente y revelador. Hacen falta testimonios de gente satisfecha que sin embargo continúa en busca de su sentido, conforme y ambiciosa a la vez. Aquí tenemos un ejemplo muy conseguido.

Buen viaje, compañero Albert

el 7 abril, 2014 en Noticias

(Nota importante: en los comentarios hay una aclaración a esta noticia que no puedes dejar de leer.)

Siempre resulta muy triste que una librería cierre sus puertas. Triste y perjudicial para la ciudad en la que se encuentra.

Hoy conocemos la despedida de la Librería Altaïr de Barcelona que durante 35 años ha ayudado, entre otras cosas, a miles de viajeros a disfrutar plenamente de su aventura. Albert se despide con este emotivo texto. Buen viaje, compañero:

«Era 1975 y veníamos de Paris, dónde el avión que nos traía de vuelta de Yemen había aterrizado.
Era 1977 y veníamos de Paris, dónde el avión que nos traía de vuelta de Colombia había aterrizado.
Era …
Era obligada en Paris la visita a la Librairie Ulysse , rue Saint -Louis -en- l’Ile, nada lejos de Notre Dame. Fue la primera librería de viajes, fundada por Catherine Domain en 1971. La madre de todas las librerías de viaje, aún activa .
Y Teresa Dieste -mi mujer- comentaba cada vez ¿por qué no abrimos algo parecido en Barcelona ?
Una idea audaz como ésta requería un cómplice atrevido y entusiasta.
A Pep Bernadas, amigo de la universidad, le pareció una propuesta prometedora.
Y abrimos Altaïr en 1979. Con la ayuda desinteresada de nuestros amigos.
¿Por qué Altaïr? Era el nombre del barco somalí de Henry de Monfreid, escritor, aventurero, del que leía las peripecias en mi adolescencia francesa.
Hasta ahora. Han pasado 35 años, plenos de vivencias gratificantes, de encuentros, de experiencias y reconocimientos que nunca habría podido tener sin este espacio excepcional que poco a poco adoptó la forma de nuestros intereses, de nuestras aficiones .
Encuentros excepcionales: Dalrymple, Maillart, Lewis, Matthiessen*, y muchos otros.
Me jubilo porque quiero viajar de nuevo sin fecha de retorno, y volver a la montaña, y a los libros, exclusivamente a los libros, y a la fotografía …
Y porque que no querría decir lo mismo dentro de cinco años, cuando tuviera setenta.
!Mil gracias a todos los que me habéis acompañado en esta travesía increíble…y hasta siempre!»

Adiós a Librería Altair

“En Lower River” de Paul Theroux

el 3 marzo, 2014 en Libro de la Semana

En Lower River

En Lower River

Theroux, Paul

ISBN

978-84-204-1329-7

Editorial

ALFAGUARA

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Paso días de impaciente espera cada vez que un nuevo libro de Paul Theroux va a aparecer. Reencontrarme con él es como volver a ver a un viejo amigo, un buen amigo a quien apenas trato, pero con el que en cada nuevo encuentro noto que la conversación está en el lugar en el que la abandonamos la última vez y nosotros dispuestos a retomarla como si no hubiera pasado el tiempo. Pero lo cierto es que el tiempo pasa, para las palabras y para nosotros y al hacerlo, además, nos cobra un precio.
Pues bien, de ese precio, de ese peaje ineludible, del desgaste de todo –de la fatiga de los materiales que nos forman- es de lo que creo que habla Theroux en este libro.
El protagonista -tras vender sus negocios y sufrir un cataclismo familiar- regresa a Malawi recordando los viejos tiempos que disfrutó allí en su juventud -como maestro voluntario- y recordándonos también a los lectores aquello que alguien dijo con acierto: “ Siempre se odia el lugar en el que una vez se fue feliz”.
Este viajero tardío, maduro y complejo sabe que el mundo que acaba de dejar a sus espaldas en Norteamérica ya no le ofrece nada, tal vez sólo la comodidad y la higiene que en un pasaje parece añorar, pero también que este rincón de Africa que creyó suyo tampoco lo es y su extranjería le obliga a preguntarse si aquella felicidad que recuerda realmente existió o solamente es un producto engañoso que ha crecido entre los recuerdos de sus años de juventud.
A cada capítulo la narración se llena de calor, de polvo, de alucinaciones que bien podrían ser homenaje a las tinieblas africanas de Conrad y entre todo ello, se abre paso una mirada a lo turbio de algunas organizaciones de ayuda pero también al fracaso al que parece condenado quien quiere ayudar contando sólo con sus propias manos y con nadie más.
El final parece feliz después de una tensión que ha ido creciendo letra tras letra, pero sospecho que es otra apariencia mentirosa porque, en realidad, para entonces es posible que ya no quede nada de aquel viajero bienintencionado ni le acompañe fuerza alguna para reconstruirse.

Jokin Azketa, Librería Muga, Viajes y Montaña  (Pamplona-Iruñea).