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I Premio Los Libreros Recomiendan y I Premio Javier Morote

el 2 julio, 2018 en Noticias

  • David Trueba, María Elvira Roca Barea y Karmelo C. Iribarren obtienen los premios literarios ‘Los Libreros Recomiendan 2018’, y Sabina Urraca consigue el Premio ‘Javier Morote’.
  • Los premios, otorgados por las librerías independientes españolas, premian títulos publicados en 2017 que destacan por su especial calidad para los libreros de CEGAL.

Madrid, 3 de julio de 2018

El pasado jueves, 28 de junio, se reunió en Madrid el jurado de la primera edición de los premios literarios ‘Los Libreros Recomiendan 2018’, recién creados por CEGAL (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros) con el apoyo de la Dirección General del Libro, la Lectura y las Letras del Ministerio de Cultura, para reconocer libros publicados durante el año anterior al fallo que, a juicio de las librerías independientes españolas, destacan por su calidad y merecen ser especialmente distinguidos. Es el criterio independiente de esas libreras y libreros de toda España, quienes a través de una votación demuestran la diversidad de sus preferencias y de sus gustos literarios, eligiendo entre los títulos publicados a lo largo de 2017 que hayan sido reseñados o destacados en la web de recomendaciones literarias ‘Los Libreros Recomiendan’.

En esta primera edición, un jurado compuesto por Eva Cosculluela (librería Los Portadores de Sueños, de Zaragoza), Eva Boj Bragado (librería Rafael Alberti, de Madrid), Mikel Iglesias (librería Letras a la Taza, de Tudela), Alberto Sánchez (librería Taiga, de Toledo), y Chiara Delle Donne (librería Diógenes, de Alcalá de Henares) ha acordado adjudicar el premio de la categoría de Ficción a la novela Tierra de campos’, de David Trueba (Editorial Anagrama), el premio de la categoría de No ficción al ensayo histórico Imperiofobia’ y leyenda negra, de la profesora María Elvira Roca (Ediciones Siruela) y el premio de la categoría de Poesía al libro Mientras me alejo’, de Karmelo C. Iribarren (Visor Libros).

Sobre la novela Tierra de campos, de Trueba, quien ya fue Premio Nacional de Narrativa por ‘Saber perder’, el jurado ha destacado que la narración ahonda “de un modo particularmente inteligente, divertido y conmovedor en el conocido mundo del escritor y cineasta madrileño, quien con su agudeza habitual, una prosa ágil y cuidada y una estructura que alterna el presente con un repaso a la vida del protagonista, nos regala esta historia de amistad, de reflexión sobre la vida y sobre el paso del tiempo, sobre quiénes somos en realidad”.

En cuanto a Imperiofobia y leyenda negra, el estudio histórico de Roca, los miembros del jurado la aplauden “por el rigor de la investigación llevada a cabo por la autora para hacernos conocer mejor nuestra historia, la cual ilumina nuestra comprensión del presente de nuestra sociedad y nos ayuda a plantear e incluso gestionar el futuro común en unos momentos de grandes desafíos relacionados con las diversas identidades colectivas”.

Por último, el veterano poeta donostiarra Karmelo C. Iribarren ha convencido al jurado con los versos de Mientras me alejo “por constituir un eslabón más, pero especialmente brillante y profundo, en la trayectoria poética del autor donostiarra, que sabe ser inteligible y comunicativo sin renunciar a ninguna autoexigencia, o introducir contenidos sociales en un libro que, a su vez, busca una trascendencia muy particular, personal, melancólica y herida pero también celebrativa a su modo, con humor ocasional y alegrías secretas”.

I PREMIO JAVIER MOROTE

Además, el mismo jurado ha otorgado el I Premio ‘Javier Morote’, un premio cuyo nombre honra la memoria del librero recientemente fallecido fundador del espacio de recomendación de libros de CEGAL ‘Los Libreros Recomiendan’, y que nace para distinguir “la obra de algún autor o autora joven que haya publicado algún libro el año anterior, para destacar y alentar la brillantez de sus inicios literarios”.

En su primera edición, el premio ha distinguido la novela ‘Las niñas prodigio’, de la escritora Sabina Urraca (San Sebastián, 1984), publicada por la editorial riojana Fulgencio Pimentel. Se trata de una novela refrescante y descarada que, a juicio del jurado, no sólo es plenamente convincente en sus méritos literarios sino que anuncia la posibilidad de una carrera literaria sobresaliente.

Los premios se entregarán en otoño, durante el acto de presentación de la renovada plataforma de recomendación de las librerías independientes Los Libreros Recomiendan.

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Día de las Librerías 2017

el 10 noviembre, 2017 en Recomendaciones temáticas

Si la buena literatura es el lugar más adecuado que conocemos para instalarnos indefinidamente, ¿qué no diremos de las librerías que la custodian, siempre tan hospitalarias y acogedoras…? Hoy se celebra su día mundial, y desde Los Libreros Recomiendan recordamos diez libros que hablaron de esos espacios, tan especiales y necesarios.

 

La librería, de Penelope Fitzgerald (Impedimenta)LA LIBRERÍA

En la segunda línea de La librería Penelope Fitzgerald escribe que Florence, su protagonista, “tenía buen corazón, aunque eso sirve de bien poco cuando de lo que se trata es de sobrevivir”. La verdad es que su idea de abrir una librería en un pueblo remoto e inaccesible de Suffolk, y hacerlo además en una casa con fantasma, no parece la estrategia comercial más recomendable, aunque la inesperada venta masiva de ejemplares de Lolita ayude a sanear el negocio… La librería es una novela que ha atrapado a millones de lectores, y en pocos días se estrenará la versión cinematográfica de Isabel Coixet, por lo que Impedimenta ha publicado una cuidada edición especial, con materiales adicionales.

 

 

 

La librería ambulante, de Christopher Morley (Periférica)LA LIBRERÍA AMBULANTE

He aquí una de las historias sobre libros y librerías y libreros más emocionantes y divertidas que se han publicado recientemente entre nosotros. Con la misma capacidad de persuasión con la que durante décadas ha vendido ejemplares de Juvenal a campesinos de las llanuras norteamericanas, el viejo librero ambulante Roger Mifflin decide jubilarse y ceder su negocio a la de repente intrépida Helen McGill, que da un volantazo (casi literal) a su vida… Esta inolvidable historia, publicada hace exactamente cien años, en 1917, tuvo una secuela, no menos magistral, en La librería encantada.

 

 

 

84, Charing Cross Road, de Helen Hanff (Anagrama)84, CHARING CROSS ROAD

“En octubre de 1949, Helene Hanff, una joven escritora desconocida, envía una carta desde Nueva York a Marks & Co., la librería situada en el 84 de Charing Cross Road, en Londres. Apasionada, maniática, extravagante y muchas veces sin un duro, la señorita Hanff le reclama al librero Frank Doel volúmenes poco menos que inencontrables que apaciguarán su insaciable sed de descubrimientos. Veinte años más tarde, continúan escribiéndose, y la familiaridad se ha convertido en una intimidad casi amorosa. Esta correspondencia excéntrica y llena de encanto es una pequeña joya que evoca, con infinita delicadeza, el lugar que ocupan en nuestra vida los libros… y las librerías”: así dice la nota editorial de Anagrama, y no se puede quitar ni añadir nada sobre esta novela, que demuestra que la realidad está llena de magia.

 

 

El librero, de Roald Dahl (Nórdica Libros)EL LIBRERO

Todo el mundo sabe que los libreros son gente de bien, de honradez intachable, de gustos moderados y vida equilibrada, ciudadanos llenos de conocimiento y mesura y carentes de todo vicio o codicia. Son mujeres y hombres sabios, bondadosos, generosos y altruistas que buscan el bien común, la felicidad ajena, la alegría en el mundo, siempre lejos de la envidia y la presunción, de las que nada saben. El diablo los detesta porque el de los libreros es un gremio habitado por personas admirables, ejemplares y siempre rectas dentro de su exagerada amabilidad. Si hubiera más libreros en el mundo el nuestro sería un planeta mejor, porque los libreros son virtuosos y gente que se obstina en el bien y… Bueno, tal vez todos, todos…, lo que se dice todos… no.

 

 

 

Mi maravillosa librería, de Petra Hartlieb (Periférica)MI MARAVILLOSA LIBRERÍA

“Este libro -dicen desde la editorial Periférica- cuenta la historia de un desafío: cómo conseguir que una librería pequeña, tradicional y de barrio se convierta en el núcleo indispensable de la vida en comunidad de una ciudad europea en el siglo XXI”. Y así es, porque aquí se cuenta la historia de una turista en Viena que se encapricha de una pequeña librería en venta, hasta el punto de, medio en serio medio en broma, terminar comprándola. Pero, naturalmente, una cosa es amar los libros y otra amar los albaranes, los pedidos, las cajas, los envíos, los clientes… los problemas.

 

 

 

Una librería en Berlín, de Françoise Frenkel (Seix Barral)UNA LIBRERÍA EN BERLÍN

«Yo amaba mi librería como una mujer ama, con verdadero amor», recuerda Françoise Frenkel, pero este amor quedó devastado por la barbarie y la sinrazón. En estas hermosas memorias, la autora judía narra  cómo abrió una librería francesa en Berlín, «La Maison du Livre», que rápidamente se constituyó como un centro de difusión de la cultura y el pensamiento francés. Con la llegada del nazismo, Frenkel tuvo que huir a París y abandonar, tal como estaba, el sueño que con tanto amor había creado. Un testimonio conmovedor y luminoso.

 

 

 

Hozuki. La librería de Mitsuko, de Aki Shimazaki (Nórdica Libros)HOZUKI. LA LIBRERÍA DE MITSUKO

Las librerías de viejo también han tenido su literatura, pero nada sabíamos de esos locales en Japón… Escrita con una delicadeza y una sensibilidad que recuerdan a Tanizaki o Kawabata, esta novela cuenta la historia de Mitsuko, librera por el día, chica de compañía por las noches… Como tantas veces sucede, fue un niño el que lo cambió todo, pero esta vez es un niño que salió de una taquilla en una estación de trenes…

 

 

 

Pedro Salinas/Jorge Guillén. Epistolario . Correspondencia con León Sánchez Cuesta, 1925-1974 PEDRO SALINAS / JORGE GUILLÉN. EPISTOLARIO. CORRESPONDENCIA CON LEÓN SÁNCHEZ CUESTA, 1925-1974

León Sánchez Cuesta, que llegó a ser conocido como “San León Librero”, fue el librero de la Generación del 27 y, como tal, verdadero puente entre generaciones (y a menudo mediador en los conflictos entre unos y otros). Aparte de tener a Luis Cernuda como empleado, Sánchez Cuesta fue lector omnívoro, consejero editorial y amigo de todos, y su archivo y epistolario demuestran nítidamente cómo un librero puede alterar, enriqueciéndolo, un paradigma literario. Su sabiduría fue legendaria, y si sus clientes fueron Juan Ramón Jiménez (que le pedía poesía extranjera), Manuel Azaña (que le compraba clásicos) o ilustres biógrafos que se documentaban para sus trabajos (y a los que Sánchez Cuesta guiaba discretamente), entonces su influencia benéfica sobre los libros que él mismo vendería después es muy perceptible.

 

 

Librerías, de Jorge Carrión (Anagrama)LIBRERÍAS

En ocasiones los elogios a las librerías, siempre justos, pueden deslizarse perceptiblemente hacia la mitomanía más plana (observen lo que ha sucedido con Shakespeare & Company o con cierta librería de Oporto…) o hacia la adulación interesada por parte de personas que, obviamente, desprecian los libros y lo que ellos contienen: cultura, sabiduría, inteligencia, poesía, belleza. Jorge Carrión, experto en series de televisión, expone esos peligros en este curioso repaso, que con toda justicia quedó finalista del Premio Anagrama de Ensayo.

 

 

 

Memoria de la librería, de Antonio Rivero, Carlos Pascual y Paco Puche (Trama editorial)MEMORIA DE LA LIBRERÍA

Estos tres libreros son tres auténticas instituciones en el mundo del libro. Cada uno de ellos abordó la librería desde un punto de partida diferente: la profesionalización del negocio familiar, el compromiso político durante la dictadura y el exilio, la emigración y el retorno. Si una librería es, de por sí, un pozo de anécdotas y de historias que merecen ser contadas y recordadas, las memorias de Paco Puche (Proteo), Carlos Pascual (Marcial Pons) y Antonio Rivero (Canaima) son, además, una reflexión indispensable sobre el negocio del libro.

 

 

Busca estos libros en tu librería favorita:

 

 

 

La librería

La librería

Fitzgerald, Penelope

ISBN

978-84-937601-4-4

Editorial

Impedimenta

Mas información

La librería ambulante

La librería ambulante

Morley, Christopher

ISBN

978-84-92865-50-5

Editorial

Periférica

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84, Charing Cross Road

84, Charing Cross Road

Hanff, Helene

ISBN

978-84-339-6982-8

Editorial

Editorial Anagrama

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El librero

El librero

Dahl, Roald

ISBN

978-84-16440-63-4

Editorial

Nórdica Libros

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Mi maravillosa librería

Mi maravillosa librería

Hartlieb, Petra

ISBN

978-84-16291-21-2

Editorial

Periférica

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Una librería en Berlín

Una librería en Berlín

Frenkel, Françoise

ISBN

978-84-322-2999-2

Editorial

Seix Barral

Mas información

Hôzuki, la librería de Mitsuko

Hôzuki, la librería de Mitsuko

Shimazaki, Aki

ISBN

978-84-16830-73-2

Editorial

Nórdica Libros

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Pedro Salinas / Jorge Guillén. Epistolario

Pedro Salinas / Jorge Guillén. Epistolario

Salinas, Pedro/Guillén, Jorge

ISBN

978-84-939988-8-2

Editorial

Publicaciones de la Residencia de Estudiantes

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Librerías

Librerías

Carrión, Jorge

ISBN

978-84-339-6355-0

Editorial

Editorial Anagrama

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Memoria de la librería

Memoria de la librería

Pascual del Pino, Carlos / Puche Vergara, Paco / Rivero Suárez, Antonio

ISBN

978-84-92755-83-7

Editorial

Trama Editorial

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¿En serio que los libreros no hacen nada en favor de la lectura?

el 18 febrero, 2016 en Noticias

¿LOS LIBREROS NO HACEN NADA EN FAVOR DE LA LECTURA…?

No sin asombro y cierto desconcierto, he leído un artículo publicado en el último número de una revista literaria, en el que el autor compara las librerías y las bibliotecas destacando las diferencias entre ambas.

Observo que es un punto de vista muy personal el suyo como cada uno puede tenerlo al respecto, pero sorprenden algunas de sus apreciaciones y afirmaciones que considero equivocadas o, al menos, no del todo precisas.

En las librerías se venden libros, cierto, es un comercio y, lógicamente, los libros que allí se exponen, son todos potencialmente vendibles. Es un negocio, claro, y cuantos más libros se vendan, mejor, mucho mejor, puesto que no es extraño que el librero tenga que vivir de ello. Dice que se habla de las librerías actualmente como si fueran centros de promoción de la lectura, y que si así fuese, no venderían libros, los regalarían.

¿De verdad alguien cree que el mero hecho de regalar libros promociona la lectura?

Las bibliotecas no los regalan, sólo los prestan. Y aunque no forma parte de este debate, por poner otro ejemplo, hay centros educativos, que en mayor o menor medida, promocionan la lectura, y no regalan libros.

Declara que los escritores adoran a los libreros (por propio interés).

Bueno, no todos, ni es así exactamente, ni tienen porqué. Que les utilicen para promocionar sus libros, es posible y lógico, pero no existen motivos para adorar y sí para mantener una cordial relación. Un librero no es juez ni crítico, es un simple lector y decide en el ínfimo y limitado espacio de su propia librería.

Dice también que los libreros no hacen nada en favor de la lectura, afirmación demasiado rotunda y negativa.

Hay libreros que, además de dedicarse a comerciar con libros, los leen, no todos, obviamente.

Hay libreros que adoran los libros y sienten la lectura como un placer cotidiano.

Hay libreros que organizan actividades no lucrativas en sus librerías destinadas a lectores que, como ellos mismos, encuentran en la librería salida a sus inquietudes culturales y literarias. Encuentros en los que se habla de libros, por supuesto, de géneros, de autores; en los que se intercambian impresiones sobre gustos literarios, críticas y recomendaciones apasionadas. Encuentros en los que se hacen lecturas elegidas por algún motivo o gusto personal, y que invitan en muchas ocasiones a querer leer
más, a querer conocer más y mejor la obra de un autor.

Hay librerías que, periódicamente, realizan cuentacuentos con los más pequeños, libro en mano, sin el afán inmediato de vender ese libro u otros, sino de involucrar a niños en una historia que les haga asombrarse, divertirse y llame su atención sobre esos objetos mágicos que contienen historias maravillosas. Porque si es así, en algunos casos, se habrá conseguido crear lectores, lectores que compren libros en las librerías o visiten las bibliotecas para hacer uso del préstamo.

Hay clientes de librerías que compran libros para leerlos, ¡sí! Y muchos. Y que además comentan sus lecturas con los libreros, y no siempre, quizá sólo en algunas de las ocasiones en que entran en una librería, compran algún libro. Porque hay quien gusta de entrar en las librerías a mirar, hojear, manosear libros y charlar con los libreros.

Es muy difícil mantener charlas en las biblotecas, donde rige un silencio casi monacal.

Así que cuando uno entra en una librería, no sólo quiere comprar y, de hecho, no siempre compra.

Un libro comprado no tiene por qué acabar olvidado en una estantería, en una caja del desván o tirado directamente a la basura. Un libro comprado puede pasar de mano en mano también, si su dueño quiere.

Hay libreros que, además de leer, hablar de lecturas, recomendar y vender libros, también se dejan aconsejar por los lectores, también prestan libros que hacen pasar de mano en mano, y, del mismo modo, reciben libros en préstamo de sus propios clientes.

Hay libreros que encuentran los momentos más agradables de su trabajo en aquellas actividades que nada tienen que ver con envolver un libro y abrir y cerrar caja.

Yo me pregunto ¿cuál es el principal interés de un escritor? ¿Que se vendan muchos, muchos libros (suyos) o que realmente sean leídos?

A estas alturas, nadie va a negar de ningún modo, ni libreros, ni escritores, ni editores, ni críticos, ni lectores, ni compradores de libros, que el negocio del libros es eso, un negocio.

Pero de ahí a afirmar que las librerías, los libreros, no hacen nada en favor de la lectura… no sé si hay que tomárselo en serio o es una mera provocación, jocosa y desafortunada.

Olivia Lahoya, Librería Estudio de Miranda de Ebro (Burgos).

“Mi maravillosa librería” de Petra Hartlieb

el 11 noviembre, 2015 en Libro de la Semana

Mi maravillosa librería

Mi maravillosa librería

Hartlieb, Petra

ISBN

978-84-16291-21-2

Editorial

Periférica

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«¡Mierda, tenemos una librería!»

Y uno se ve con el parche tras la cámara, en la diligencia junto a John Wayne, al galope y con los indios pisándole los talones. Agárrense, porque es Petra Hartlieb, efusiva y pasional, temeraria y tenaz, lo que viene siendo una librera de ley, vamos, y con las sacas llenas de historias y libros.

Ya ves, dos copas, una subasta en internet, y ¡zas!, una librería: la vida y sus cosas. Dejar atrás Hamburgo y su trabajo de crítica literaria, de ejecutivo editorial su marido, y sin casa, dos hijos, ninguna experiencia y con un préstamo tremendo, buscarán su futuro en una librería tradicional de un barrio vienés. Sí, el librero que esto les cuenta intenta moderar su entusiasmo, templar el ritmo y la alegría de poder reseñar este libro, porque Hartlieb va a lanzarnos a compartir lo que significa vivir (de) la pasión por los libros. ¿He dicho pasión? La locura de querer ser librero, y Petra sabe bien que «los motivos que tuvieron para ser libreros unos y otras, lo único que todos tienen el común es una cierta dosis de locura: la obsesión por los libros, que sólo se puede entender cuando uno mismo está poseído por ella». Y claro, yo también estoy envenenado. Todavía recuerdo, tras un amplio análisis de una asesoría para mi librería, cuando una fría burócrata me dijo seria: “El problema con los libreros, en la gestión de su negocio, es que están enamorados del producto, y pierden la perspectiva empresarial”. Mi sonrisa fue homérica, y supo que no había nada que hacer, somos casos perdidos.

Pero no se queden ahí, perdón, pasen, pasen, cojan el libro y abran la puerta de esa bella ilustración de Alejandra Manzano en cubierta, recorran sus páginas y sientan la emoción de compartir un sueño, con sus pesadillas, claro, plagado de anécdotas divertidas, clientes estrambóticos, escritores famosos, campañas navideñas, ayudantes libreras de día y músicas de Death Metal de noche, el agotamiento y la mala conciencia por la complicada conciliación familiar, luchar contra reformas imposibles que convierten la librería en una zona de guerra y gritos, comerciales que terminan comiendo pizza junto a tu hija que ya se ha acostumbrado al caos, presentaciones que acaban a la carrera, risas, lloros y libros, muchos libros porque, como dijo un ayudante que tuvimos un verano, “en una librería siempre es como el Día de Reyes”, porque a pesar de pasarse uno el día moviendo cientos de títulos y contando mil historias y argumentos, cuando llegan las cajas de novedades nos tiemblan las canillas y las abrimos como si fuera el primer día, emocionados al ver a ese autor fetiche, aquella edición, pensando en el cliente exacto para esa historia, y al que harás feliz. Feliz, sí, porque esto es pasión con tintes apostólicos, pura diversión, o, como dice Hartlieb, los libreros siempre intentan «hacer lo que más les gusta y lo que mejor saben: contar historias, charlar con los clientes, envolver libros para regalar, divertirse».

Lo sé, amas los libros, acabas de terminar este, embriagado por esa prosa ágil y directa, y ahora mismo te mueres por abrir una librería. Pues ya ves, avisado quedas, sólo te lo recomiendo si tu psiquiatra ha confirmado el diagnóstico, y este es enajenación. Lo que es nosotros, los cientos y cientos de libreros que cada día os esperamos en nuestras pequeñas trincheras, ya no tenemos cura «todo lo demás nos parecería aburrido», y estamos afortunadamente condenados a «seguir porque no nos queda más remedio. Porque no hay nada que sepamos hacer mejor. Porque no hay nada que nos guste más».

P.D.: Ah, y no hacemos fotocopias, ni vendemos ese documento de hacienda, ni sabemos a qué hora pasa el autobús que va al centro, pero si vemos que te brillan los ojos al tocar ese libro, ese, vamos a llevarnos muy bien, querido lector, y esta ya es tu casa. Bienvenido a nuestra maravillosa librería ¿Se lo pongo para regalo?

Adolfo López Chocarro, Librería Zubieta (Donostia-San Sebastián)

Petra Hartlieb fotografiada por Sebastian Reich para Literaturhaus de Hamburgo

Un poco de luz entre tantas tinieblas

el 28 julio, 2014 en Noticias

Desde el norte nos llega este esperanzador reportaje sobre librerías independientes en Pamplona. ¿Crees que es aplicable también a tu ciudad?

http://www.noticiasdenavarra.com/2014/07/27/ocio-y-cultura/cultura/navarra-tierra-de-librerias

“Librerías” de Jorge Carrión

el 23 septiembre, 2013 en Libro de la Semana

Librerías

Librerías

Carrión, Jorge

ISBN

978-84-339-6355-0

Editorial

Editorial Anagrama

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Hace unas semanas nos hacíamos eco de la publicación de este libro y ya hemos recibido la primera recomendación:

«En Librerías, obra finalista del último Premio Anagrama de Ensayo, convergen dos de las grandes pasiones del autor: los viajes y los libros. Y lo hacen a través de una prosa emocionada, a través del arrebato, mostrando, al mismo tiempo, la paciencia del amante fiel y persistente y la exhaustividad del investigador riguroso. Por lo tanto, el texto contiene exaltación, aunque también análisis y reflexión pausada.

¿Está el lector ante un libro de viajes? La respuesta es parcialmente afirmativa: traza un recorrido, extiende su mapa, define el territorio. Pero no se encorseta en dicho género. Integra, al mismo tiempo, un diario de lecturas, un estudio sociológico, un tratado de la historia de las librerías. Repasa el devenir de la venta de libros remontándose a la civilización griega, haciendo hincapié en cómo las diferentes épocas doradas u obscuras han conseguido incidir sobre su carácter y sus objetivos. Aborda cuestiones varias tales como las figuras del librero, de los productores de libros y de sus consumidores, las propias experiencias al visitar determinadas librerías, la censura, la quema de libros, la resistencia a los regímenes totalitaristas, las bibliotecas, el progreso, las ausencias y las presencias, el polvo que se deposita sobre los tomos, la memoria, el tiempo que lo devasta o lo transforma todo, la verdad y la mentira, el fuego y la ceguera (los dos mayores temores de los libreros, cuyo reino es de papel impreso).

Contiene el ensayo alusiones a librerías de los cinco continentes, librerías independientes y cadenas de librerías, librerías cuyo nombre ha perdurado en el tiempo por el fomento de la cultura que han llevado a cabo, librerías céntricas y librerías de periferia, cuchitriles repletos de libros, librerías-café y cafés-librería, librerías de viajes, auténticos palacios destinados al consumo de libros, librerías a las que se les ha extirpado el alma y librerías con carácter.

La librería es un ente vivo, mutante, que se encuentra en constante cambio y forma parte de la Historia. Puede ser híbrido, espacio de límites difusos, por las conexiones que se establecen entre lectura y alcohol, descanso, refugio, acto cultural, tertulia, belleza. La librería trasciende la idea de local expendedor de libros. Se convierte –o puede convertirse- en territorio carente de confines, en umbral que da acceso a otros mundos, en espacio en el que establecer vínculos interpersonales, en centro cultural.

Carrión ha llenado, con este libro poliédrico, el vacío que existía respecto a la documentación acerca de ese tipo de espacios en los que convergen comercio y cultura. Completan la obra diversos interrogantes y reflexiones acerca del futuro incierto de esos jardines de papel que trascienden fronteras y proyectan la riqueza léxica hasta el infinito. »

Marina P. de Cabo.

Literanta Llibres i Café (Palma de Mallorca)