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“Guía de extraviados” de Juan Gracia Armendáriz

el 24 diciembre, 2018 en Libro de la Semana

Guía de extraviados

Guía de extraviados

Gracia Armendáriz, Juan

ISBN

978-84-17143-68-8

Editorial

Editorial Pre-Textos

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Fuimos probablemente muchos los lectores que acudimos a los títulos de Juan Gracia Armendáriz tras leer la encendida defensa que de ellos hacía Fernando Aramburu en una de las estancias de Las letras entornadas, y al hacerlo sólo pudimos dar la razón a quien entonces aún no era el autor de Patria. Tanto el Diario del hombre pálido como Piel roja eran, en efecto, libros que, “siempre con buena prosa”, “tan pronto le pone[n] a uno los pelos de punta como le hace[n] sonreír y divertirse, y que a fin de cuentas constituye[n] un emocionado y emocionante canto a la vida”

Ahora acaba de aparecer Guía de extraviados, que en nuestra opinión debería suponer la consagración definitiva de un escritor distinto y estupendo, observador y brillante, sereno e inteligente. Su breve novela, más o menos ligera pero a la vez llena de esquinas interesantes, es también una carta, la larga carta que un hombre de cuarenta y tres años escribe, en principio, a una mujer que ha desaparecido. Es, pues, también la historia de una desaparición repentina, que al final se duplica con otras desapariciones más sorprendentes, juego un tanto vilamatiano que está desarrollado con una habilidad enorme. Pero con todo los giros y las sorpresas del argumento, siendo cruciales en cuanto a la vertebración de la novela (y ocupando buena parte del espacio), al cabo parecen apenas una excusa para escribir otras cosas bastante más erráticas pero en el fondo centrales, aparentemente marginales pero en verdad decisivas para la construcción de unos personajes y la reconstrucción de unas vidas verosímiles y reconocibles… Lo esencial es eso otro que se cuenta, el discurrir de la vida, las trampas de la memoria, la insatisfacción creciente de un solitario que en algunos momentos de su vida vivió momentos de esplendor que ahora duelen… Esas cosas. Su deliberada falta de solemnidad no es ausencia de énfasis sobre lo que importa. Se habla de todo un poco, se desciende a detalles musicales, literarios o antropológicos curiosos pero casuales, se reconstruye una vida en común (que al cabo resulta siendo principalmente la inevitable convivencia que uno tiene consigo mismo…). Y casi nos atreveríamos a decir que lo mejor de una novela tan magnética está en los personajes secundarios, los fugaces, los que se asoman un momento a la página, observados por el narrador (una mujer con un bebé en el parque…) o evocados (el padre…), y que se esfuman para siempre sin apenas dejar huella, pero esa huella de una huella es valiosa, significativa… Son otros desaparecidos, en realidad: gente que estuvo, aportó algo y ya no está.

Aquí y allá se van dejando caer reflexiones brillantes, o reconfortantes (como esa tan exacta en la que, desapegándose de las redes sociales, el escritor apunta que, cuando dos personas se quieren de verdad, eso no se exhibe), o simplemente bonitas, como todo eso que se dice sobre “las milagrosas rutinas”, tan recordadas cuando se pierden… Las páginas eróticas también están ajustadas, con prosa especialmente cuidada, y en general todo tiene un aire convincente y profesional y atractivo que atrapa y agrada e interesa y acaba hechizando. 

“La pecera” de Juan Gracia Armendáriz

el 3 agosto, 2015 en Libro de la Semana

La pecera

La pecera

Gracia Armendáriz, Juan

ISBN

978-84-942622-8-9

Editorial

Demipage

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Alcohol, humor, violencia, amor… hay que ser muy valiente para atreverse a crear una historia con estos ingredientes sin caer en la sensiblería, el buenismo o el ridículo. Ya en el primer capítulo nos damos cuenta de que, en efecto, esta novela no será fácil de leer: Miguel Quer conduciendo por una carretera secundaria, escuchando la tontorrona Ride like the wind, acelerando más y más porque el vodka le impide sentir el frío y el miedo, un conejo testarudo que se empeña en no apartarse y en morir inútilmente bajo su coche, unas luces de neón que anuncian una whiskería como una chispazo que le ilumina y ciega su mente, un lugar al que no debería entrar, pero entra. No importa lo que pase siempre que haya una gasolinera abierta donde pueda comprar más whisky.

Nunca sobrio, apenas vivo, en su pecera «navegaba por el pestilente río del llanto y alcanzaba el mar de la ira; regresaba hasta la desembocadura del silencio para remontar el río cenagoso de la autocompasión, luego el nacedero del resentimiento», nadando y boqueando junto a su Ana, antes de que ella decidiera saltar y volver a convertirse de nuevo en persona.

Mientras seguimos leyendo, sobrecogidos se nos viene a la mente la escena en la que un enloquecido y borracho Joe (Jack Lemmon) busca en el invernadero la botella que quedó escondida entre las macetas en Días de vino y rosas de Blake Edwards, y volvemos a sentir la terrible angustia de Don (Ray Milland) al destrozar su apartamento por esa botella de whisky que no aparece en Días sin huella de Billy Wilder. Y duele.

Pero seguimos leyendo porque lo que leemos es sorprendente, excepcional. A la agotadora lucha sin esperanza de quienes quieren sacar a Miguel de su pecera (aunque no lo recuerden, casi todos los alcohólicos tienen alguien que les aprecia y lucha para que se curen) se unen unos inteligentes monólogos de una deformada realidad, «realidad cubista reflejada en un espejo roto» y a muchos momentos de una brillantez literaria apabullante en esta magnífica novela.

Librería Tintas, Bilbao.

Foto: Diario de Navarra.

Adiós, 2013, adiós (por fin)

el 31 diciembre, 2013 en Noticias

El magnífico escritor y buen amigo Juan Gracia Armendáriz nos ayuda a despedir 2013 como se merece y a desear a todos nuestros amigos un Mejor Año Nuevo:

“El 2013 no es un libro terminado, como afirman los anuncios de la televisión, es un viejo que desprende los olores agrios de la senectud, un anciano sin familia que grita bajo la máscara de oxígeno, aunque nadie entienda lo que dice. Lo cubren pústulas del pus más reluciente. Se arranca la máscara. Pide una enfermera de grandes manos que apoye todo su peso sobre su rostro de carcoma con una almohada. Luego, una vez incinerado, celebraremos la llegada del 2014. Ah, la superstición del futuro.”

 

Los Libreros Os desean un Mejor Año Nuevo ;)
(Por desgracia, desconocemos el Copyrigth de la imagen)