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“Virginia Woolf, las olas”, de Jesús Marchamalo

el 31 enero, 2018 en Libro de la Semana

Virginia Woolf, las olas

Virginia Woolf, las olas

Marchamalo García, Jesús

ISBN

978-84-17281-05-2

Editorial

Nórdica Libros

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Desde hace algunos años el ambiente literario se está “marchamalizando” muy perceptiblemente, y es ésa una noticia formidable, porque todos los que conocemos y leemos a Jesús Marchamalo sabemos que tras ese cariñoso verbo que lanzamos se agazapa una celebración: la celebración de la pura simpatía, de la alegría, de eso que (signifique lo que signifique) llaman “buen rollo”. El amor a la gran cultura no está reñido en absoluto con el amor por los detalles y, así, la pasión por la literatura se ve complementada de una forma casi inextricable por el amor a los libros, esto es, no sólo al contenido sino al continente. Hablamos del amor por los detalles, las viñetas, los ex-libris, las ilustraciones, las dedicatorias y hasta las erratas: todo delata un fervor que, al cabo, pone en evidencia a su vez un simple y limpio amor a la vida y a todo lo que vive (y que los libros son seres vivos es algo que no sabrá discutir nadie que visite esta página…).

Hace unos años Marchamalo ofreció en Tocar los libros (bajo un título tan expresivo, por explícitamente físico) todo un compendio de su forma de leer y disfrutar, y desde hace cinco años, aparte de sus libros sobre las bibliotecas domésticas de escritores muy conocidos, viene felicitando las Navidades con unos preciosos libritos monográficos sobre escritores centrales de la literatura universal, publicados por Nórdica Libros e invariablemente ilustrados con grabados estupendos del pintor oscense Antonio Santos. La cosa empezó cerca de casa, con un Retrato de Baroja con abrigo, y después continuó con mínimas pero mimadísimas biografías de Franz Kafka, Fernando Pessoa y Karen Blixen, todos ellos reunidos ahora en el estuche Esperando a Virginia. En todos ellos hay, claro, algo divulgativo, pero nunca banal, y funcionan como recordatorios de otras biografías mayores y, sobre todo, como invitación a releerlos, aunque lo cierto es que siempre aportan algún dato inédito o insólito, algún detalle inolvidable, alguna anécdota enormemente significativa, algunas claves.

Ahora (y junto a otras novedades editoriales importantes, como el primer volumen de sus diarios o su correspondencia con Lytton Strachey), le ha tocado a Virginia Woolf ser la merecedora de esas atenciones, de esa habilidad de Marchamalo a la hora de encontrar y enfocar los momentos más relevantes de una vida y una obra, o de esa adjetivación magistral del autor (“belleza intimidante”, “amores poliédricos”, locura “tiránica”, jaqueca “imperativa”…). El libro se lee en quince minutos, pero se queda mucho tiempo dando vueltas en el pensamiento, entre otras cosas porque la vida de Woolf rebosa de cosas que contar en un librito como éste, que es pequeño pero suficiente como síntesis, como resumen maravillosamente escrito y dibujado (y entre los grabados de Santos yo siento debilidad por el del colofón, delicado y poético como pocos). Ojalá dure muchos, muchos años esta tradición navideña de Nórdica, pues al final todos los volúmenes formarían una curiosa y amable historia de la literatura, o por lo menos de los escritores, una foto de familia que será todo un canto al trabajo bien hecho, a las vidas consagradas a la creación, a esos libros que mejor nos acompañan.

“Retrato de Baroja con abrigo” de Jesús Marchamalo y Antonio Santos

el 13 enero, 2014 en Libro de la Semana

Retrato de Baroja con abrigo

Retrato de Baroja con abrigo

Marchamalo, Jesús / Santos, Antonio il.

ISBN

978-84-15717-74-4

Editorial

Nórdica Libros

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Imaginen, o recuerden, o mejor, compongan un recuerdo nuevo, donde un hombre de abrigo raído, boina y un pañuelo de seda blanco cayendo sobre el pecho, cruza las manos sobre la mesa y comienza a describirse, sin prisa, eligiendo las palabras lentamente, o tal vez en silencio. Como en esa escena de la película de Juan de Orduña, Jesús Marchamalo escucha el silencioso anecdotario de lo que fue, y lo transcribe. Don Pío Baroja, sí, ese cascarrabias de voz de tiempo vivido a su manera, ese es el recuerdo para este retrato, con abrigo.

Siéntense, será solo un momento, miren: Antonio Santos le muestra los caminos con sus ilustraciones, en blanco y negro, el color de la memoria de los mitos antiguos. “Tenía Baroja un gato, negro como el de los cuentos de brujas”, y uno se acomoda ansioso, como un niño ante el último cuento, y deja que las historias sean, y de pronto Baroja ya no es un gigante, no es mármol o leyenda, es una casa vieja, fría, y manías de fin de viaje. Y entra Hemingway, Alejandro Sawa, requetés bravucones y una guerra. Nos fijamos en los somníferos en la mesilla, el “tinglado” extraño donde escribe y un par de castañas caídas junto a un abrigo con los bolsillos rotos, por donde sobresale una cajetilla de tabaco.

No se levanten, esto es solo sugestión, el escenario, abran el libro, ahora viene lo bueno, cuando la charla comienza de verdad, y uno se siente un privilegiado por tener a los mandos a alguien como Marchamalo, que cuenta tan bonito. Hoy es don Pío, pero qué más da quién, necesitamos alimentarnos de historias, de anécdotas, necesitamos la palabra para buscar y perdernos, para encontrarnos en lo humano del otro, y pensar que quizás lo único que merece la pena es ese maldito momento en que nos sentimos parte de esta especie que, de vez en cuando, es feliz soñando otros mundos, esos mundos que siempre estuvieron en este.

Adolfo López Chocarro, Librería Zubieta (Donostia-San Sebastián).

Baroja con Abrigo de Antonio Santos