“Ve y pon un centinela” de Harper Lee

el 9 septiembre, 2015 en Libro de la Semana

Ve y pon un centinela

Ve y pon un centinela

Lee, Harper

ISBN

978-84-687-6703-1

Editorial

HarperCollins

Donde comprarlo

Yo, Eva, dueña y señora de la librería Atticus-Finch, a sabiendas de las posibles ampollas morales que ello pueda suscitar (y dejándome arrastrar por el sentir bíblico del que la obra toma título, el capítulo XI, Isaías, Versículo VI), ofrezco mi mejilla a aquel que sienta ofensa ante mi opinión y por ello decida lincharme. Porque desde aquí declaro que (imagíneseme cual abogado en su alegato final) entiendo la progresión vital de Atticus Finch. Y por tanto, mi idolatría hacia él continúa intacta.

Y os preguntaréis por qué comienzo así esta recomendación. Pues porque desde que tuve el libro en mis manos, el hecho de que que fuera una secuela de una obra genial me puso alerta. Primero, porque la autoría de la obra se me antojaba digamos… dudosa. Y segundo, porque me hacía sospechar sobre la autenticidad cronológica de su escritura. Vamos, que la historia es posterior pero está escrita antes y entonces los personajes son los mismo pero con distintas edades y… un lío. Eso respecto a lo que cuenta, a la trama, al argumento. Pero si a eso le sumamos el misterio de por qué no se ha publicado antes… Ya no es un lío, es un berenjenal y de los gordos. Y es que no han sido ni cinco ni seis, sino cincuenta años. Medio siglo. Ese es el tiempo que Harper Lee ha tardado en acordarse de que tenía otro libro bajo el ala del ruiseñor. Y a ver, un momento, nada cuadra, máxime si tenemos en cuenta que Alice Lee, su hermana y abogada, ejerció un férreo control sobre la hasta ahora única obra de su hermana, Matar un ruiseñor. De hecho, gracias a ella, Harper no tuvo la necesidad de volver a escribir.

Pero bueno, dejemos a un lado las “extrañas” circunstancias que han envuelto la publicación de éste nuevo-viejo libro de la señorita Lee y, metamos mano a la olla que hay mucho pollo que desplumar. Atticus, su verdadero protagonista, sigue siendo Atticus. Con setenta y dos años y padeciendo una artritis reumatoide que no le proyecta un futuro de vida demasiado halagüeño, pero el mismo Atticus Finch. Ese que defiende tanto a un blanco como a un negro porque lo que prima es el deber, el civismo, la comunidad, la ley. Esa ley que debe de ser igual para todos, tanto para los que han estado protegidos y amparados por ella, como para los nunca antes han estado ni siquiera contemplados ante ella.

Y he aquí el cisma o cambio de tercio de nuestro abogado favorito. Él, cuyo caso más famoso tuvo que ver con la defensa de un negro injustamente acusado de violación por una muchacha blanca despechada, y ahora, veinte años después, es miembro destacado del Consejo Ciudadano (asociaciones vecinales supremacistas creadas en 1954, después de que la Corte Suprema declarara inconstitucional la segregación racial de las escuelas públicas) de Monroeville, condado de Maycomb, (Alabama). Las cosas han cambiado. Pero no para el viejo Sur. «Hasta una época relativamente reciente en su historia, el condado había estado tan apartado del resto del país que algunos de sus vecinos, ignorantes de las inclinaciones políticas del Sur en los últimos noventa años, seguían votando a los republicanos».

Atrás queda la década de los treinta cuando la población negra comenzaba a sacudirse la esclavitud. Son los años cincuenta, y ahora los negros no son necesariamente el estrato más bajo de la población, sobre todo después de la Gran Depresión. Como recientes hombres libres que son por derecho, compiten con el hombre blanco para obtener los trabajos menos cualificados pero aun así trabajos. Para el resto, hambre y frío. Las leyes que vienen impuestas desde el Norte, obligan a una sociedad que pervive en el pasado a aceptar como iguales a un estrato de la sociedad que comienza a reclamar sus derechos pero que quizás, desconozcan sus deberes y las normas de comportamiento cívico de esa sociedad que hasta hace poco los consideraba meros animales y a veces ni eso. Por eso cuando la otrora criada Calpurnia (¡Ay nuestra adorada Cal! la de las sabrosas tartas y justificadas regañinas) le muestra desprecio a la joven blanca Jean Louise (Scout, su niña blanca) a uno se le queda el corazón cual pasa a pesar de que razones históricas y motivos sociales no le falten.

«De ahí surgió El camino del tabaco (Erskine Caldwell), y surgió el aspecto más feo y vergonzante de todos: esa estirpe de hombres blancos que vivía en franca competencia económica con los hombres libres. Durante años y años, ese hombre creyó que lo único que le hacía superior a sus hermanos negros era el color de su piel. Era igual de sucio, olía igual de mal y era igual de pobre. Hoy día tiene mucho más dinero del que tuvo nunca, tiene todo excepto nobleza, se ha liberado de todos sus estigmas, pero sigue alimentando su borrachera de odio (…)». Así, Jean Louise, Scout, la que odia vestir de mujer y es capaz de hacerle morder el polvo a cualquier muchacho, siente como su vida, esa tan firmemente anclada a ciertos valores éticos, ha desaparecido, se ha esfumado. Las personas que han sido primordiales en su vida, en su formación como persona, han cambiado. Todas, sin excepción. Justamente por permanecer anclados a su historia y circunstancia local. Negros y blancos pertenecen ahora a facciones políticas o asociaciones enfrentadas. O estás en un bando o directamente perteneces al contrario: Consejos Ciudadanos (Ku Klus Klan), NAACP (Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color)… Scout, descolocada (es evidente que llevar tantos años en Nueva York la convierte en una extraña en Alabama), arremete contra lo que más ama: su padre. Reniega de él. Le odia. Pero es que nada es blanco o negro, más bien infinitamente gris. Depende de la lente con que se mire, la circunstancia de cada cual, o los zapatos que cada uno calce.

Eva Boj, Librería Atticus-Finch (Madrid)

2 respuestas a “Ve y pon un centinela” de Harper Lee

  1. Y esa última frase? Eh?
    Eva, Club de lectura YA en Atticus! Me ofrezco!
    Me ha encantado tu reseña. Yo también idolatro a Atticus igual que siempre.

    • ¡Me alegro! Y sí, en octubre club de lectura porque esto es sólo un “micro” comentario. Busco fecha y lo publico. Es más, estoy pensando en celebrar… ¡la “Fiesta ruiseñor”! ;D

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