“Narración o barbarie” de Alberto Santamaría

el 10 julio, 2017 en Libro de la Semana

Narración o barbarie

Narración o barbarie

Santamaría, Alberto

ISBN

978-84-946119-5-7

Editorial

Sans Soleil Ediciones

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«Todo lenguaje tiene la capacidad de construir su propio idioma para fugarse de su sentido modulado por las reglas, pero lo hace a costa de buscar otro sentido que nos reconforte de esa primera soledad.»

Este libro de Alberto Santamaría (1976), publicado por Sans Soleil Ediciones, parte de una premisa clara: hay que cambiar la forma de narrar. Para transformar. Incidir. Agujerear -o por lo menos intentarlo- los discursos dominantes. Letras contra interpretación. Narrar, contar, bocear. La rapsodia como acto de disidencia.

«Esto es: narrar como una manera de cuestionar las formas desde las cuales se noveliza institucionalmente nuestras vidas. Narrar no es novelizar. Narrar no es ordenar. Narrar, por el contrario, también es confundir, y confundir, en ocasiones, es transformar» (pp. 19-20). No hay argumento en el libro, sino distintas maneras de acercarse a los problemas.

Erickson, Laing, Deleuze, Bateson, Guattari, Watzlawick, Foucault… El autor se apresta a la batalla con una mochila y morral de calado. Más allá de la elección, la explicación es clara, aunque tengamos que rumiar algunos párrafos. El recorrido es sustancial y proceloso como el mar que recorrían los aqueos. De los diferentes autores tratados nos quedamos con el más cercano en cuanto a presupuestos (aunque hasta ahora desconocido): «Esto (…) obsesionó a Milton Erickson: el lenguaje como una patología y el inconsciente como productor. […] Erickson hace del lenguaje su territorio, no para leer entrelíneas -con un esquema estratégico a priori- sino para producir un cambio. Esto es: en lugar de comprender, producir; en lugar de interpretar, narrar» (pp. 34-35). Enmienda a los discursos predominantes. Totalizadores. El ensayo no muestra, si no que apunta posibles escrituras, ese afuera no modelado, esquematizado y codificado.
«El desequilibrio como forma de acción» (p. 45). Atisbos, oteamos, nombramos. Y claro, Walter Benjamin. No podía faltar: «El lector de una novela (…) está solo, y lo está mucho más que cualquier otro lector […]. En esta soledad irreductible, el lector de novelas se adueña de su tema con más celo del que lo hace ningún otro. […] El lector de novela devora su tema como el fuego devora la leña de la chimenea. […] Lo que lleva al lector a la novela es así la esperanza de calentar el frío de su vida mediante esa muerte que lee». (p. 54). Todas somos ya ese improbable lector. Buscamos cobijo, abrigo.

Reflexiones, bosquejos. El libro es un intento de «desvirtuar la semántica del otro, hacerla propia, mutarla. En definitiva, barbarizar, esquizofrenizar el relato, romper el sistema del progreso, su positivización» (p. 76). Todo a través de la (re)lectura de los autores anteriormente citados y un puñado más. Al estilo Sam Peckinpah y su Grupo Salvaje. Muchos ejemplos pueblan el libro. Recorridos que seguro nos llevarán a otras lecturas (y a visitar viejos amigos). Y a encontrar autores y obras desconocidos. Un abanico que abata la basta complejidad circundante.

Es la hora de luchar, es decir, de narrar.

«(…) la pulsión normalizadora (y normativizadora) de las narraciones dominantes tiende a construirse como argumento, buscando al mismo tiempo continuidad e inmovilidad. Es precisamente el hecho narrativo -el llamado acto de relatar- lo que determina los significados que se atribuirán a la experiencia. Frente a ello, no se trata de fantasmizar el relato en busca de símbolos ocultos (como en algunas construcciones psicoanalíticas e institucionales) sino trabajar con los propios materiales superficiales que se construyen en la conversación/relato. Es decir, volcarse en las palabras y desde ellas producir ficción. La narración o la experiencia narrada, puede llegar a convertirse en un modo de cuestionar tanto el concepto de realidad (en su sentido objetivable) como, por encima de ello, el concepto de normalidad» (p. 92).

Seguimos en nuestra trinchera, la lectura. El contar(nos) para escuchar(nos). Saber oír. Escribir como acto último de rebeldía frente al poder. Luchar. Narrar.

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