“Instrucciones para una ola de calor” de Maggie O’Farrell

el 15 julio, 2013 en Libro de la Semana

Instrucciones para una ola de calor

Instrucciones para una ola de calor

O'Farrell, Maggie

ISBN

978-84-9838-536-6

Editorial

PUBLICACIONES Y EDICIONES SALAMANDRA

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Con esta desaparición, O’Farrell saca con maestría los trapos sucios de una familia medio irlandesa que vive en Londres en los años setenta, justo durante la ola de calor que asoló la ciudad en 1976. Una buena historia que nos hace reflexionar sobre los vínculos familiares y los secretos que guarda cada miembro de una familia. Los malos entendidos, los celos, los silencios… todo se va descubriendo poco a poco, irremediablemente, sin dejar a nadie intacto. Nadie está a salvo del pasado.
Maggie O’Farrell consigue intrigarnos y meternos en la historia de la familia Riordan con una pericia que ya puso en práctica con su primer libro publicado en España, “La extraña desaparición de Esme Lennox”, otra obra maestra, donde una joven descubre que tiene una tía abuela internada en un psiquiátrico que va a cerrar y que tiene que hacerse cargo de ella… ¿Por qué estaba internada?¿Por qué nadie le había contado de su existencia?¿Qué ha ocultado su familia todos estos años? 
Otra joya sobre el comportamiento humano.
«Después de poner de nuevo el pan en la rejilla para que se airee, Gretta toma una cucharada de mermelada, para poder seguir tirando, y luego otra. Echa un vistazo al reloj. Y cuarto ya. Robert debería estar de vuelta. Tal vez se ha encontrado con alguien y se han puesto a charlar. Quiere pedirle que la lleve en coche al mercado esa tarde, cuando las multitudes que se dirigen al estadio de fútbol ya se hayan dispersado. Necesita un par de cosas, harina, huevos… ¿Adónde podrían ir para escapar del calor? A lo mejor a tomar un té al sitio ese donde hacen unos bollos tan buenos. Podrían dar un paseo cogidos del brazo, tomar el aire. Hablar con gente. Es importante mantener a Robert ocupado: desde su jubilación, puede tornarse melancólico y taciturno si se queda mucho tiempo encerrado en casa. A Gretta le gusta organizar esas salidas.
    Atraviesa el salón, abre la puerta principal y sale al camino particular, soslayando el oxidado esqueleto de la bicicleta que utiliza Robert. Mira a la izquierda, mira a la derecha. El gato del vecino arquea el lomo y echa a andar con refinados pasos felinos por la tapia, hacia el lilo, donde procede a afilarse las uñas. La calle está desierta. No hay nadie. Un coche rojo maniobra más arriba. Una urraca gime y se lamenta en el cielo, traza un círculo con el ala apuntando hacia abajo. A lo lejos, un autobús renquea colina arriba, un chico avanza con una moto. En algún lugar, alguien enciende una radio. Gretta pone los brazos en jarras y llama a su marido una vez, dos veces, y la tapia del jardín le devuelve el sonido.»

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